Decir que Stephen King (Maine, 1947) es un maestro resulta, a estas alturas, una enorme obviedad. Con más de cincuenta novelas a sus espaldas (62 para ser exactos), ha conseguido mantener y madurar su maestría a pesar de los años, sobrevivir a etapas menos brillantes y soportar cierto desdén por parte de público y crítica, que lo siguen viendo como un escritor de best sellers de baratillo. “Elevación” es un buen ejemplo de esa maestría y madurez, en pequeño formato. En apenas 170 páginas, King desarrolla una pequeña historia en Castle Rock (su pueblo ficticio favorito) que conecta a la perfección con nuestra sociedad actual. Y no para alabarla, claro.

El argumento.

El cuerpo de Scott Carey sufre un extraño fenómeno: pierde peso sin parar pero no se vuelve más delgado. Su báscula le dice que cada día es un poco más ligero, sin importar si lleva o no ropa o cómo de pesada sea esta.
Castle Rock es una ciudad pequeña en la que las noticias vuelan y Scott no quiere ser sometido a pruebas y experimentos, así que solo confía su secreto a su amigo el doctor Ellis.
Sin embargo, el misterio de su insólita enfermedad causará efectos inesperados en la convivencia de la pequeña ciudad y sacará a la luz lo mejor de la gente que le rodea.

La premisa, como casi siempre sucede con King, resulta muy atractiva. Scott Carey, norteamericano medio, pierde peso de manera constante sin que eso tenga repercusiones externas. Todo en él está igual, salvo que su peso disminuye, con una cadencia regular. La idea principal resulta conocida para lectores constantes. King publicó en 1984 “Maleficio” (“Thinner”) donde un exitoso y obeso abogado sufría una maldición gitana después de atropellar a una persona y salir indemne. La maldición le hacía adelgazar sin control, como castigo por ser tan cabrón. En “Elevación” no hay maldición ni nada parecido. Scott Carey se levanta un buen día y se da cuenta de la pérdida de peso en báscula. Sin más. La conexión entre “Maleficio” y “Elevación” es circunstancial, el desarrollo y la base son diferentes. Si “Maleficio” es una historia de oscuridad, “Elevación” es pura luz.

“Elevación” es una carta abierta, un reflejo de los problemas del individualismo, el egoísmo y la sociedad tan borreguil en la que tenemos que sobrevivir.

“Elevación” puede suponer una sorpresa para los poco iniciados en la literatura de Stephen King y que se acerquen buscando terror. En esta ocasión sale a relucir el King más social, íntimo y preocupado por el mundo. Tampoco es una faceta nueva: varios de sus relatos más conocidos y adaptados tienen un toque similar. Solo hay que recordar “Rita Hayworth y la redención de Shawshank” (o “Esperanza, primavera eterna”), “Alumno aventajado” (o “Verano de corrupción”) y “El cuerpo”, tres de los cuatro relatos que componían “Las cuatro estaciones” (1982) y que dieron lugar a las películas “Cadena perpetua” (1994), “Verano de corrupción” (1998) y “Cuenta conmigo” (1986). Tres historias que el público general quizás no adscriba al Stephen King tipo que vive en el pensamiento colectivo. El rey del terror tiene siempre una vertiente sentimental y social, de preocupación por la sociedad. Una preocupación que ancla su literatura y sus pensamientos a la vida real.

El contexto de la trama, adelgazamiento aparte y a pesar de ubicar la acción en el pueblo inventado de Castle Rock, no puede ser más actual. Actual y tocando temas clásicos, a la vez. El gran infierno de un pueblo pequeño, las posiciones sociales, la indiferencia, la discriminación por cuestiones de índole sexual… todo ello enmarcado en la crispada Norteamérica de Trump. “Elevación” pone en su foco a una sociedad cobarde, escondida detrás de la falsa aceptación de la mayoría, de lo que debe ser correcto. Pero tampoco deja atrás al falso buenismo, a sentirse una víctima constante, a vivir de espaldas al mundo siempre enfadados. Hay que perder ese peso que lastra, unirse con lazos sinceros y resistir. Resistir o elevarse, depende de cómo lo veamos. De manera más interpretativa quedan ideas en el texto sobre eutanasia y muerte digna.

En definitiva:

King consigue construir en 170 páginas una fábula maravillosa sobre algunos aspectos rotos de nuestra sociedad. Para ello hace uso de su enorme talento literario y narrativo pero, sobre todo, de su afilada visión del mundo en el que vivimos y sin caer en el exceso de almíbar o en una narración dulcificada. King está en sintonía con la sociedad actual, es consciente de sus virtudes y problemas y lo retrata a la perfección. Esa sintonía con el mundo es lo que hace su obra imprescindible para comprender la sociedad de las últimas décadas (¿recordáis “Rabia”, “Carrie”, “El fugitivo” o el inicio de “Mr. Mercedes”? Pues eso. Aciertos que a veces parecen premonitorios). “Elevación” es una carta abierta, un reflejo de los problemas del individualismo, el egoísmo y la sociedad tan borreguil en la que tenemos que sobrevivir. Y la respuesta de King es pura luz, utilizando una metáfora tan brillante como efectiva: hay que perder el peso de lo impuesto, de lo que sabemos que no es correcto, para ser mejores. Para elevarnos en conjunto. Y no puede haber mejor mensaje en tiempos tan oscuros.

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