Hay obras que solo pueden existir dentro del cómic. Hay veces que es por su forma de narrar la historia, otras por el uso que hacen del dibujo y otras por la forma de estructurar el contenido en las viñetas pero, en cualquier caso, son obras que dependen por completo del medio para funcionar. Los Vengadores y la trampa de la veracidad es exactamente ese tipo de obra, y el hecho de que haya llegado a España de la mano de Panini dentro del sello Marvel Arts —una colección pensada precisamente para este tipo de propuestas más personales y alejadas de la continuidad— dice mucho de lo que uno se va a encontrar dentro.
Chip Kidd y Michael Cho dentro y fuera del papel
El punto de partida de La trampa de la veracidad es muy directo: tras un primer enfrentamiento con Loki, los Vengadores descubren que son personajes de cómic y que su vida siempre ha estado bajo el control de los guionistas. Hasta ahí, el concepto podría resolverse de muchas formas distintas, pero lo que hace que este tomo sea especial es la decisión de Chip Kidd y Michael Cho de no quedarse en la superficie de esa premisa incluyendo una idea muy interesante: si los personajes existen dentro de un cómic, tarde o temprano van a toparse con quienes lo están creando. Y así es como los propios Kidd y Cho acaban convirtiéndose en personajes de su propia historia, con todo lo que eso supone tanto para la historia como para los propios autores.
Chip Kidd es, ante todo, diseñador gráfico —responsable de algunas de las portadas más reconocibles de las últimas décadas— y esa experiencia se nota en cómo está construido el guion y cómo se va desarrollando con el paso de las páginas. Además, como podéis imaginar, la historia cuenta con referencias meta repartidas a lo largo de todo el tomo, y la verdad es que ha sabido mantener la frescura en todas ellas hasta el final.

Entre el drama y la risa
<p»>El tono de La trampa de la veracidad es uno de sus grandes aciertos y, al mismo tiempo, el elemento que mejor define para quién está pensado este cómic. Kidd no opta ni por el humor puro ni por el drama existencial, sino por un punto intermedio que combina momentos divertidos —ver a Iron Man o a Thor enfrentarse a la idea de que sus decisiones las toma alguien sentado frente a un ordenador tiene más chicha de la que puede parecer en un primer momento— con otros en los que la historia frena para hacer hincapié en el hecho de qué puede ocurrir con un personaje cuando nadie lo está leyendo.
Ese equilibrio no es fácil de mantener y hay momentos en los que la balanza se inclina más hacia un lado que hacia el otro pero, en general, nos ha gustado el equilibrio.
El apartado gráfico de Michael Cho
Las ilustraciones de Michael Cho son el otro gran punto fuerte del tomo. Cho es un dibujante con un estilo muy reconocible por sus líneas muy claras y su uso del color, y en este tomo está claro que ha querido explayarse para jugar con su estilo y crear diferencias muy marcadas dependiendo de las situaciones que está narrando la obra en cada momento. De hecho, hay momentos en los que el trazo cambia para subrayar un giro narrativo y otros en los que la propia página se convierte en parte de lo que están contando, convirtiendo el propio tomo en parte de lo que están contando, no solo en el soporte en el que lo disfrutamos.

¿Qué opinamos de Los Vengadores y la trampa de la veracidad?
Los Vengadores y la trampa de la veracidad no es un cómic para todo el mundo, y eso no es una crítica. Es una obra pensada para lectores con bagaje suficiente como para disfrutar de lo que hace cuando rompe algunas de las normas establecidas del medio y con la propia idea de la autoría detrás de una obra o unos personajes famosos. Quien llegue aquí buscando una historia de superhéroes al uso va a encontrarse con algo muy distinto. Quien llegue dispuesto a seguirle el juego a Kidd y Cho, con uno de los tomos más originales y estimulantes que ha publicado Panini en lo que llevamos de año, lo disfrutará de verdad.
























