No sé si os pasa a vosotros igual, pero yo guardo como recuerdo de la infancia una sensación de asombro y maravilla hacia dos elementos: el circo y los parques de atracciones. Los colores, los sonidos, los olores,… ¿Cómo no van a captar la atención de unos ojos que están descubriendo todo a su paso? Pues bien, algo debe quedar de aquello, porque a día de hoy no me duele en prendas confesar que me gusta pasear por un parque temático, bien disfrutando de manera cómplice de la puesta en escena en planDisney, bien poniendo a prueba mi esqueleto a las fuerzas centrífugas en las atracciones y montañas rusas del Parque Warner. Ese carácter lúdico que queda en nuestros cerebros, según dicen los antropólogos y psicólogos, me ha influido para sentirme atrapado irremisiblemente por el argumento que nos propone ZEINUMB. Parque de atracciones.

Ediciones el Transbordador va consolidando un catálogo que persigue la calidad, como premisa de sus promotores, y ahora pega el salto al espectro juvenil en un formato de edición pensado exprofeso. Impreso en PodiPrint (Antequera, Málaga), la portada ha corrido a cargo del ilustrador Pablo Ballesteros Álvarez. Él ha sido el encargado de recoger el alma del libro: un colorido parque de atracciones inspirado en la ciencia ficción clásica de mediados del siglo XX. Unas enormes arañas marcianas amenazan a un niño que se protege escondido y armado con una pistola de rayos láser junto a un oso de peluche interactivo. Tranquilos, las arañas son animatronics que recrean con gran fidelidad el efecto que se pretende en los visitantes.

El responsable de la criatura es el sevillano José María Carrasco Soriano (Pepe Carrasco), a quien le gusta definirse como imaginauta. Es autor de la trilogía del Capitán Nadie, Superhéroe por sorpresa y Guselmo. Participa en talleres de escritura y se involucra en diversos proyectos de fomento de la lectura como El Placer de Leer de la Diputación de Sevilla o el Circuito de Autores Juveniles del Centro Andaluz de las Letras.

Abramos el cuerpo del libro; capítulos cortos y una edición estética en la impresión acorde al contenido nos trasladarán a un tiempo actual. Aquí, Jeremías asiste a los últimos detalles de la venta de una finca familiar, El Molino. Jeremías Crespo acaba de finalizar un máster de postgrado en Ingeniería Industrial de Juguetes. Su proyecto final, un Bastón de burbujas de colores metalizados, ha obtenido una calificación sobresaliente. Pero, lo que más le apetece ahora es irse junto a Ricardo, su amigo desde hace años, a disfrutar del regreso de los Defensores Estelares, la última entrega cinematográfica de la Trilogía de Zeinumb, creada por el muchimillonario Bob Zacker. La primera entrega la habían visto con tan sólo 13 años y ahora siguen siendo más fans si cabe de esta saga. Por lo tanto, compran dos billetes de autobús y marchan al citado estreno. Sin embargo, en la carretera ocurre un accidente en el que se ven involucrados nuestros protagonistas. Una vez en el hospital, les comunican que un escape radioactivo y de sustancias altamente contaminantes pone en riesgo sus vidas. No obstante, se les ofrece un tratamiento experimental que puede salvarles. Ello implica estar hibernados en torno a tres años; finalmente serán trece.

Imaginad el despertar. Pues tras asimilar su nueva realidad, lo que más les fascina es descubrir que su saga de películas favorita se ha transformado en un inmenso parque de atracciones. Como durante estos años de sueño se ha acumulado en sus cuentas bancarias el equivalente a una asignación periódica, cuentan con el capital necesario para comprar sendas entradas y sumergirse en su mundo soñado convertido en pseudorealidad gracias a la tecnología, los animatronics y la visión del creador de este universo. Es aquí cuando empieza la aventura, divertida y alocada, de Zeinumb.

El alma del libro es sin duda el Parque Temático. Aquí es recreado con auténtico lujo de detalles. Su estética retro de la ciencia ficción de los años cincuenta del siglo XX empapará al lector, sintiéndose identificado con los protagonistas y visitantes al citado Parque. Todos buscan lo mismo, enfundarse un chaleco y coger un arma con el que poder disparar a todas las amenazas que puedan surgir durante la visita. Y es que en medio de las tiendas, restaurantes y calles puede aparecer en cualquier momento un ejército de arañas marcianas o unos temibles escorpiones que le disparen a uno y perder puntos por ello. Esa es la esencia y sustento del parque. Si pierdes puntos, pierdes vida y vuelta a pagar una entrada de acceso. No es de extrañar que haya páginas en internet especializadas en mostrar planos, trucos y proponer estrategias a los jugadores/visitantes.

Entre libremente y por su propia voluntad.

Pero, no es oro todo lo que reluce. Encontraremos en mitad de este escenario de cartón piedra a Lito (Carlos), un niño de ocho años con Zul, su oso interactivo de peluche con comandos grabados de juguete. Este niño huérfano deambula por el parque sobreviendo como puede, obteniedo puntos gracias a sus certeros disparos para poder comer algo y durmiendo escondido donde puede. Pronto hará una amiga, Pirueta (Marta) que resulta ser la hermana de Ricardo, la cual está realizando una tesis sobre el parque.

El texto está lleno de giros propios de nuestro lenguaje y referencias a nuestra cultura. Eso pasa cuando lees un autor español y más a José María Carrasco, de quien descubres pasados unos capítulos que tiene una manera de escribir muy personal, hasta algo retro, diría yo. Es descriptivo en todo; lugares, situaciones,… rellena sus frases de adjetivos e intenta denodadamente que nuestros ojos vean lo mismo que hay en su mente. Lo cierto es que durante la lectura he concluido que el libro es accesible a todos los públicos. Eso es porque se trata de una historia blanca (no esperéis un Westworld) ambientada en un futuro próximo que es plenamente reconocible; el tono de la lectura es cromático hasta decir basta, y los personajes son cotidianos, aunque también haya uno que ejerce de malo que amenazará el sueño de todos.

Prueba de esos elementos reconocibles que os decía antes es que Zeinumb Park está en Madrid. Cuando viajas hasta allí tienes la sensación de estar viajando hasta uno que hay en la actualidad. El personaje de ficción, Baldam Zraster, interpretado en el libro por el actor Dean Ryan y todos los milimétricos detalles que nos proporciona el autor sirven para crear una perfecta analogía con nuestro presente real, donde por ejemplo ya se está construyendo el Parque donde recrear la popular saga de George Lucas. Es decir, su sueño hecho realidad sin mencionar todo lo que hay detrás de los parques Disney, pioneros en las áreas temáticas y el uso de animatronics para que no corra ni una gota de sangre.

Pero este libro también tendrá un lado oscuro. Encontraremos un mercado negro de puntos con cotización y todo en plan bitcoins. Veremos que la vida de los empleados es tan miserable como los puestos de trabajo no cualificados de la vida real. Y asistiremos a la lucha por hacerse con el control del parque. Es aquí donde Pepe Carrasco quiere mostrar a modo de crítica el verdadero precio que se esconde detrás de la entrada que los visitantes adquieren ajenos (voluntariamente) a todo esto.

La historia tiene de todo, incluyendo un giro en la trama. Me quedo con los protagonistas viviendo como en Las Vegas cuando te toca el premio grande. Me gusta el planeta Trama, los ataques marcianos, la torre de Centrópolis, las centaurotugas gliesianas. El público más joven disfrutará como si estuviera allí empuñando una de las pistolas láser. Los diálogos son sencillos y cercanos, permitiéndote la empatía con los personajes. Es muy fácil hacer amigos allí y entre todos buscar soluciones a los problemas que les acecharán.

Concluyendo, estáis ante una aventura divertida, cercana, una historia para disfrutar si tienes alma de niño y no has perdido la capacidad de soñar despierto. Este Parque es un superlativo homenaje a la CiFi, a la amistad que comparte los mismos gustos y es una historia con un poco de moralina y crítica encubierta en medio de tanto trasiego. Una historia para toda la familia como lo es un día en el Parque de Atracciones. ¿Quién no ha vivido uno así?

Recordad: No se visita Zeinumb, ¡se vive!

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