Portada de "Un verano para morir" de P. C. Roscoe. | Fuente: Editorial Shh.
Portada de "Un verano para morir" de P. C. Roscoe. | Fuente: Editorial Shh.
Portada de "Un verano para morir" de P. C. Roscoe. | Fuente: Editorial Shh.
Portada de «Un verano para morir» de P. C. Roscoe. | Fuente: Editorial Shh.

Un verano para morir  de P. C. Roscoe es un thriller publicado por Shh!, que pertenece al grupo editorial Edelvives y está traducido por María Alonso Seisdedos.

Cuando vi la sinopsis de Un verano para morir, pensé que tenía todos los ingredientes para convertirse en una de esas lecturas que te mantienen pegada a las páginas. Una isla privada en el Caribe, familias adineradas, secretos, romances, amistades complicadas y un misterio que promete poner todo patas arriba. Sobre el papel sonaba muy bien, pero la realidad es que ha sido una lectura que no ha terminado de convencerme.

La historia nos lleva a Mokani, una exclusiva isla privada donde pasan el verano algunas de las familias más ricas e influyentes. Allí conocemos a Avery, que invita a Nora, una compañera de universidad, a pasar unas vacaciones con su grupo de amigos. Lo que debería ser un verano perfecto pronto empieza a llenarse de tensiones, secretos y conflictos que afectan a todos los personajes.

La novela está contada desde tres puntos de vista: Avery, Hugo y Leo. Avery es la protagonista y quien sirve como hilo conductor de la historia. Hugo es su exnovio, incapaz de aceptar la ruptura y responsable de algunos de los momentos más incómodos del libro debido a sus comportamientos tóxicos. Por último, Leo, hijo del chef de la isla, aporta una perspectiva diferente dentro de un entorno dominado por el dinero y los privilegios.

Uno de los aspectos que más me gustó fue precisamente esa diferencia entre personajes. La autora intenta mostrar cómo funciona ese mundo de apariencias, poder y riqueza. También introduce temas como las relaciones tóxicas, las diferencias de clase o las amistades construidas sobre secretos y mentiras. Son elementos interesantes y que podrían haber dado mucho juego.

El problema es que, en mi opinión, la novela se queda demasiado en la superficie. A medida que avanzaba la lectura tenía la sensación de que se planteaban muchos conflictos, pero ninguno terminaba de desarrollarse lo suficiente. Hay secretos, sí. Hay drama, también. Pero me faltó profundidad para conectar realmente con todo lo que estaba ocurriendo.

Además, aunque el libro se vende como un thriller juvenil, el suspense no ha sido uno de sus puntos fuertes para mí. La mayor parte de la historia gira alrededor de las relaciones entre los personajes, los romances y los conflictos personales. No me parece algo negativo en sí mismo, pero sí creo que las expectativas pueden jugar una mala pasada si esperas una trama de misterio más potente.

De hecho, una de las cosas que más he echado en falta ha sido precisamente más trama. Durante gran parte de la lectura sentí que la historia avanzaba lentamente y que daba vueltas sobre los mismos problemas sin llegar a ofrecer algo realmente sorprendente. Había momentos en los que esperaba que ocurriera algo que cambiara por completo el rumbo de la novela, pero ese momento nunca llegó.

Tampoco me funcionó especialmente el gran giro final. En un thriller, uno de los aspectos que más disfruto es esa sensación de sorpresa cuando descubres algo que no habías visto venir. En este caso, el desenlace me resultó bastante previsible y no consiguió impactarme. Cuando llegué al final, más que sorprenderme, tuve la sensación de que la historia había seguido el camino que esperaba desde hacía bastante tiempo.

Eso sí, no todo ha sido negativo. Es una lectura rápida, los capítulos son cortos y la ambientación está bastante conseguida. Mokani transmite perfectamente esa imagen de paraíso tropical donde todo parece perfecto, aunque poco a poco vayan apareciendo las grietas. También creo que quienes disfruten especialmente de los romances juveniles, los triángulos amorosos y los dramas entre grupos de amigos probablemente conectarán más con la historia que yo.

Me he quedado con la sensación de que el libro tenía potencial para ofrecer mucho más de lo que finalmente ofrece. La idea era buena, el escenario también y algunos de los temas que aborda resultan interesantes, pero me faltó profundidad y desarrollo. Aunque lo que más me faltó fue ese giro capaz de hacer que cerrara el libro pensando, “vale, esto no me lo esperaba”.

Un verano para morir ha sido una lectura entretenida a ratos, pero que no ha logrado sorprenderme ni dejarme una huella especial. Una historia que apunta a mucho más de lo que finalmente termina siendo. En mi caso, se ha quedado lejos de cumplir las expectativas que me había creado.

Virginia Perez
Amante de los libros desde hace muchos años, disfruto perderme entre historias y descubrir nuevos autores. Leer es mi refugio y mi forma favorita de conocer el mundo.

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