La nueva adaptación del clásico de Manuel de Pedrolo entra por los ojos pero se deja muchas cosas por el camino.
Hay libros que marcan a una generación y, Mecanoscrito del segundo origen (Mecanoscrit del segon origen, 1974), de Manuel de Pedrolo, es uno de ellos: el título más leído de la literatura catalana, lectura de instituto para generaciones enteras y una de las obras más importantes de la ciencia ficción escrita en este país. Una historia que ya había llegado antes al cómic (en 1984, con J.M. Guerra e Isidre Monés), a la televisión en 1985 y al cine en 2015, y que ahora, coincidiendo con su 50º aniversario, vuelve a las viñetas de la mano de Martín Pardo y Planeta Cómic.
Con este material de partida y con un dibujante con décadas de experiencia, teníamos muchas ganas de leer esta novela gráfica. ¿El resultado? Pues, lo cierto es que agridulce porque estamos ante un cómic precioso de ver, pero que se queda corto a la hora de trasladar todo lo que hace grande a la novela.

Alba, Dídac y el fin del mundo
Para quien llegue de nuevas, la premisa nos presenta a Alba, de 14 años, y Dídac, de 9, en el momento en el que se convierten en los únicos supervivientes de un ataque alienígena que arrasa la Tierra en cuestión de horas. A partir de ahí, la historia nos narra una trama de supervivencia en la que ambos tendrán que aprender a valerse por sí mismos, intentar preservar libros, tecnología y máquinas para intentar restablecer la civilización y, con el tiempo, plantearse si realmente la humanidad se merece un segundo origen.
La adaptación respeta esta estructura, los grandes puntos de la novela están aquí, y quien conozca la obra original no se va a sentir traicionado, pero el problema está en que se deja muchísimas cosas por el camino.
Visualmente perfecto
Empecemos por lo mejor de Mecanoscrito del segundo origen, porque el dibujo de Martín Pardo es, sin discusión, el gran motivo para acercarse a este cómic. El autor barcelonés ha optado por una línea de corte realista que le sienta de maravilla a la historia, y se nota muchísimo su experiencia en el storyboard: la narración es muy visual, casi de película, con viñetas con grandes planos y un uso de la elipsis que funciona bastante bien para ir lanzándonos de un punto a otro de la historia.
De hecho, una de las decisiones más valientes de la adaptación es eliminar casi por completo las cajas de narración, que solo aparecen en tres o cuatro momentos muy puntuales de la trama. Pardo intenta que sus imágenes cuenten la historia sin necesidad de demasiados diálogos, y en ese sentido las viñetas muestran la desolación de las ciudades arrasadas, el día a día de dos adolescentes que intentan rehacer sus vidas, los silencios… Ese lenguaje visual es lo que más nos ha gustado de toda la obra porque, además, la edición de Planeta Cómic, en cartoné y a color a lo largo de sus 112 páginas luce estupendamente en la estantería, pero no consigue trasladar lo mucho que cuenta la novela a lo largo de sus páginas.

El precio de la adaptación
Esta misma apuesta por la narración visual ha impedido que la historia se detenga a profundizar en los aspectos más importantes de la novela. Comprimir una novela tan densa en poco más de un centenar de páginas obliga a elegir, y Pardo ha elegido avanzar constantemente. El cómic salta de escena en escena sin detenerse, pero por el camino se pierden las capas que hacen especial al original: la evolución interior de Alba, el peso de las decisiones que toman los protagonistas, las reflexiones sobre la civilización que quieren reconstruir… Todo eso se deja intuir, pero en ningún momento se llega a desarrollar. De hecho, hay un momento en el que Alba tiene que acabar con la vida de unos hombres violentos, y la obra no dedica más de dos viñetas a mostrar qué siente la protagonista después de acabar con las primeras personas que ha visto con vida.
El resultado es que, aunque quien no haya leído la novela puede seguir la trama sin problemas, tendrá la sensación de haber visto un resumen bien montado de una película mucho más grande, compleja y mejor desarrollada. Y quien venga del libro echará de menos, precisamente, todo lo que no se puede dibujar: la voz de Pedrolo, su autor original.
¿Qué tiene la novela que la hace tan especial respecto a esta adaptación?
La novela de Pedrolo es especial por su estilo humanista. Desde el primer momento vemos como Alba y Dídac se empeñan en reunir y salvar una biblioteca, en preservar el conocimiento de una raza humana que está al borde de la extinción y, con eso, convertía la cultura y el conocimiento en los protagonistas de la historia. A eso se suma que el libro se publicó por primera vez en 1974 y tenía a una protagonista adolescente fuerte y una relación interracial junto a momentos en los que se hablaba de religión y feminismo una década antes de que Margaret Atwood escribiese El cuento de la criada.
Todo eso está en la novela. En el cómic, desaparece la reflexión y la profundidad de las ideas y queda como una puerta de entrada estupenda a la obra, ideal para el público juvenil o para leerlo en el instituto.
Conclusiones de la reseña de Mecanoscrito del segundo origen
Mecanoscrito del segundo origen es un cómic visualmente muy atractivo, con un Martín Pardo que ha sabido plasmar algunos de los momentos más interesantes de la novela, pero como adaptación condensa tanto la novela original que sacrifica la profundidad y las tramas que la convirtieron en un clásico. Un buen aperitivo; el plato fuerte sigue siendo el libro.






















