Uno de los sonidos más reconocibles de la historia del cine nació, literalmente, dentro de una cabina de proyección.
Si cerráis los ojos y pensáis en Star Wars, es muy probable que lo primero que os venga a la cabeza sea el sonido de un sable láser encendiéndose. Es uno de esos efectos que forman parte del ADN de cualquier fan de la saga, pero lo que no todo el mundo sabe es que ese sonido tan futurista nació de un proyector de cine antiguo y una televisión estropeada.
Un proyeccionista con muy buen oído
Cuando George Lucas empezó a preparar Una nueva esperanza en 1976, se encontró con el problema de que ninguna biblioteca de sonido del mundo tenía nada parecido a una espada de luz. Para resolverlo fichó a Ben Burtt, un joven diseñador de sonido que por aquel entonces todavía era estudiante de posgrado en la USC y que trabajaba como proyeccionista en la universidad.
En la cabina de proyección donde Burtt pasaba las horas había unos proyectores Simplex muy antiguos cuyos motores, al quedarse al ralentí, emitían un zumbido grave que cambiaba lentamente de tono. Dos motores funcionando a la vez, además, armonizaban entre sí creando un sonido casi hipnótico y, después de escucharlo, Burtt tuvo claro que así era como debía sonar un sable láser.
El accidente que completó la fórmula
La vibración del motor del proyector por sí solo se quedaba corto ya que faltaba ese componente eléctrico que todos asociamos hoy al arma de los Jedi. Y esa segunda mitad del sonido llegó por puro accidente: un día, mientras Burtt cruzaba una habitación con un micrófono en la mano, pasó junto a un televisor encendido con el volumen bajado. El micrófono captó la interferencia electromagnética del tubo de la televisión y generó un zumbido eléctrico que era justo lo que le faltaba a la mezcla.
Burtt combinó ambas grabaciones prácticamente al cincuenta por ciento y de esa unión nació el tono base de todos los sables láser de la galaxia.

¿Y el movimiento del sable?
El último problema que tenía que resolver era el sonido del movimiento de los sables, ya que los personajes los blanden y chocan unos contra otros, así que el sonido tenía que moverse con ellos. La solución de Burtt fue tan artesanal como el resto del proceso: reprodujo el zumbido por un altavoz y movió un micrófono por delante a distintas velocidades, generando un efecto Doppler natural (el mismo que escuchamos cuando nos pasa un coche a toda velocidad) y sincronizó esas grabaciones con los movimientos de los actores en pantalla.
Burtt acabaría creando también la voz de R2-D2, la respiración de Darth Vader o el rugido de Chewbacca, y con los años se convertiría en una leyenda del diseño sonoro. Pero todo empezó con un proyector viejo y una televisión que no funcionaba del todo bien.























