Hace unos meses, Obsidian nos dio una alegría a todos los fans de los RPGs con su fantástico Pillars of Eternity 2: Deadfire (nuestro análisis), un gran título que nos hizo recordar la época dorada de los videojuegos de rol occidentales y que se colocaba como uno de los pilares actuales del género.

Con un maravilloso diseño de niveles, sus inteligentes diálogos y su jugabilidad old school, el juego se convirtió en uno de los referentes de la generación y en unos de los mejores RPGs de todos los tiempos. El juego era tan bueno que te dejaba con ganas de más y de tirar el ancla y adentrar a tu tripulación en el vasto mundo del que oías hablar pero que no visitabas.

Pues bien, si pensábamos que todo acababa y empezaba navegando por el archipiélago de Deadfire, estábamos equivocados. El estudio detrás de Fallout: New Vegas ha lanzado recientemente una pequeña expansión para esta secuela de Pillars of Eternity que nos aleja de su imaginario caribe y nos traslada a unas tierras que no han visto el sol en mucho tiempo.

Este DLC, que recibe el sobrenombre de Beast of Winter, supone un aire fresco para la ambientación del juego. Pasamos de visitar playas y ciudades que podrían estar concebidas por Gabriel García Márquez a visitar páramos y paisajes nevados inspirados en el norte de Juego de Tronos o en el Ragnarok de la mitología vikinga. En este nuevo escenario, encontramos una historia propia (con principio y final independiente de la historia principal del juego base) y varias misiones secundarias.

La premisa que sirve de excusa para que dejemos el mar a un lado es un dragón, el cual está destruyendo todo a su paso y desatando el caos en las tierras nevadas. Nosotros, como el Vigilante, tenemos la misión de traer la paz y el orden, y por eso no dudamos en ir a parar el dragón y descubrir sus verdaderas motivaciones.

El lore del juego se ve bastante ampliado con esta expansión y, también, conocemos nuevos personajes (con la posibilidad de añadir un nuevo multiclase al grupo) que enriquecen todo el entramado de dioses que hay detrás del universo creado por Obsidian.

Cabe destacar, que si bien esta historia principal parte de una premisa muy potente e interesante, que nos atrapa nada más empezar, su duración es un poco escasa y muchas de las líneas argumentales que abre no acaban de ser cerradas de la manera más elegante. Presenciamos muchos comienzos que tienen un gran potencial, pero que son manchados con finales abruptos.

Aún así, la historia está muy bien escrita y, en general, es muy buena. Tiene muchas escenas que están a la altura (o incluso superan) el título original y que nos dejan con la boca abierta. También contamos con múltiples decisiones que nos salvarán o nos podrán en más de un aprieto, cosa característica de los juegos de rol y que Obsidian todavía se esfuerza en mantener.

Lamentablemente, el DLC es muy corto (apenas dura unas horas) y no aporta ninguna mecánica jugable nueva ni cambia significativamente el juego base. Podría ser una misión secundaria grande de Pillars of Eternity 2: Deadfire y nadie lo habría notado. En este aspecto, esperábamos más de la desarrolladora y de las expansiones de calidad a las que nos tiene acostumbrados.

Aún así, al precio al que está vale la pena y está incluida en el pase de temporada, cuyas otras dos expansiones restantes prometen retocar y perfeccionar las bases jugables que estableció el título. Ya veremos en qué quedan.

 

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