Los amantes del rol occidental están de enhorabuena. Tras una larga época de escasez y poca calidad, los RPGs de corte occidental están viviendo un renacer dorado del género con una gran cantidad de títulos que rebosan una calidad magistral. El aclamado Divinity: Original Sin 2 es uno de los ejemplos claros de este nuevo amanecer, un RPG que nos dejó a todos con la boca abierta y que brilló tanto que se convirtió en uno de los juegos del año.

Siguiendo esta estela luminosa, Pillars of Eternity 2: Deadfire nos llegó el pasado mes de mayo a todos los jugadores de PC. Desde el anuncio del proyecto, financiado por la comunidad a través de la plataforma Fig, la expectación ante la secuela de uno de los sucesores espirituales más fieles de Baldur’s Gate 2 fue gigantesca. Y motivos no le faltaban: el título original desprendía calidad por todos sus apartados y sus padres, Obsidian (KOTOR II, NeverWinter Nights 2, Fallout: New Vegas…) siempre habían sido asociados con obras maestras. Así que era de esperar que los fans del género se gastasen todos sus ahorros en el desarrollo de esta secuela.

Tras dos años de creación y las alabanzas de toda la crítica del sector, hemos podido probarlo. ¿Ha cumplido con las expectativas? Mi respuesta no puede ser otra que un rotundo sí. Ha alcanzado las esperanzas depositadas en él y las ha superado con creces.

Pillars of Eternity 2: Deadfire retoma la historia en dónde la dejó el original. Cinco años han pasado desde que nos sentamos en el trono de Caed Nua, el mundo de Eora ha continuado con su desarrollo y con su período de paz y, nosotros, el Vigilante, disfrutamos de un merecido descanso. Este tiempo de reposo llega a su fin cuando Eothas, el Dios de la Luz y del Renacimiento, se despierta en lo más profundo de nuestra fortaleza y destroza todo lo que encuentra a su paso.

Tras este violento despertar, nuestro protagonista cae en una especie de limbo y es contactado por una entidad divina para que persiga a Eothas y ponga punto y final a su existencia. Así empieza un periplo por todo el archipiélago de Deadfire, que nos trasladará a paisajes tropicales de ensueño, poblaciones y mazmorra diseñadas para nuestro deleite visual y a todo tipo de escenarios que podamos imaginar en una aventura en la que todas nuestras acciones cuentan y definen el rumbo del universo concebido por Obsidian.

El peso de nuestras decisiones, algo muy importante en un RPG, se ha abordado de una manera excepcional. Todas las conversaciones tienen múltiples maneras de afrontarlas y esto le da un verdadero sentimiento de exclusividad a nuestra partida, ya que en todo momento estamos tomando una dirección única que difícilmente puede ser replicada por otro jugador. El nivel de personalización del camino a seguir por Deadfire es tan grande que muchas veces recuerda a uno de estos libros para niños con múltiples finales. Y lo mejor de todo es que cada decisión tiene consecuencias únicas. Cosa muy loable y que hace ver el mimo que los creadores han puesto en la creación de esta obra magna de los RPG.

Y no solo de cantidad de posibilidades vive una historia. Los diálogos y el argumento están también muy bien escritos. Los escritores Carrie Patel y Josh Sawyer han hecho una magnífica labor escribiendo el juego y esto se traduce en una aventura narrativamente impecable, llena de subtramas grises y misterios que hacen que nos enganche hasta el final.

Los escenarios, como hemos dicho antes, destacan mucho visualmente. Son lienzos de pintura trasladados al mundo 3D. Técnicamente no podemos decir que compita de tú a tú contra los pesos pesados de esta generación, pero el arte visual hace que en el apartado gráfico gane muchos puntos y esté a la altura de lo que se puede esperar de un RPG isométrico de nueva generación.

Mención especial a los efectos visuales de las magias y ataques especiales en los combates, los cuales son bastante resultones. Se mezclan a la perfección con los escenarios y no tienen ese efecto de superposición del que pecan a veces este tipo de juegos. Un defecto que suele restarle realismo a lo que se ve en pantalla y que queda, desde mi punto de vista, muy artificial. Pillars of Eternity 2: Deadfire no sufre de esto.

Los modelados de los personajes quizás sean de lo más destacable en este apartado. Están compuestos por miles de polígonos que representan de una manera muy fiel los artworks de Kaz Aruga, que son todos ellos un goce para la vista y que rompen con la simpleza visual de los escenarios (técnicamente hablando, porque artísticamente tanto personajes como paisajes tocan un techo muy alto). En resumidas cuentas, podríamos decir que en el plano más técnico sus gráficos no destacan, no son lo mejor de la generación, pero sí que son de lo mejor que ha habido en su género y si los mezclamos con su increíble diseño visual, el resultado es abrumador.

El aspecto sonoro también está más o menos a este nivel. El doblaje es impecable, tanto en la calidad de los actores de doblaje como en la cantidad. Miles de líneas han sido dobladas para que el juego cobre vida en nuestros altavoces o auriculares y la verdad es que les ha quedado un trabajo digno de una película de Hollywood. Mención especial a mi favorita, la mujer que es un busto parlante, cuya voz está genialmente recreada.

La banda sonora es, bajo mi punto de oída, lo que le resta puntos a este apartado. Pasa sin pena ni gloria. Los temas son muy genéricos y están bien para acompañar, pero no nos sorprenderemos tatareando ninguno tras pasar horas jugando al título ni podemos decir que tenga alguno que sea épico o memorable. Cumple, pero sin más. Podría haber dado mucho más de sí en una aventura y en un universo que tiene moldes para componer una cantidad de temas y de músicas excepcionales.

Pero si hay algo memorable o épico en el juego esa es su jugabilidad. Un apartado que ha sido pulido hasta el mínimo detalle y que es perfecto. No tiene ningún punto flaco ni débil que criticar. Es un RPG clásico hasta la cepa con miles de posibilidades a la hora de desarrollar un personaje o a la hora de afrontar los combates.

Esta complejidad ya se hace notar durante los primeros compases del juego, en el que un completo y refinado editor de personajes nos servirá como herramienta para crear a nuestro alter ego. Podemos elegir raza, subraza, clase, subclase, atributos, habilidades… Hay miles de apartados en la creación de nuestro avatar y todos ellos tienen peso en la jugabilidad y en la historia de Deadfire.

Cabe destacar la posibilidad de elegir multiclase, cosa que nos hará combinar dos clases pagando con la impotencia de poder desarrollar al máximo el potencial de estas. Las combinaciones son infinitas y únicas. Así que hay escoger sabiamente y adaptar las capacidades de nuestro personaje principal a nuestro estilo de juego.

Si valoramos la jugabilidad en sí, esta es bastante clásica. Por un lado tenemos la parte de exploración del escenario o de las ciudades, donde podemos encontrar cofres, saquear casas, hablar con NPCs para empezar misiones secundarias, etc… Y por otro lado tenemos los combates, donde reside la verdadera esencia de un RPG si obviamos el aspecto conversacional de los descendientes de Dragones y Mazmorras.

Los combates intentan traer los clásicos juegos de rol de tablero al mundo de los videojuegos. Tenemos diferentes atributos en cada combate (un tipo de ataque rompe un tipo específico de defensa, el fuego gana al agua, etc.), pero independientemente del estado de nuestro equipo, el ordenador lanza un dado interno e invisible que determinará el bonus de nuestro ataque o de nuestra defensa, haciendo que el azar juegue un papel importante en nuestras hazañas al igual que lo tiene en el mundo real.

¿Cómo es el retrato de la dama de la fortuna para Obsidian? Por ejemplo, yo soy un espadachín que tiene ataque 50 con armas de corte y 8 de perforación y el enemigo tiene 50 de defensa de penetración y 8 de armadura corte. El vector resultante de estas fuerzas opuestas sería 0 (50 – 50 + (+ 8 – 8) = 0) , pero si el dado ha sacado un 80, nuestro daño total pasaría a ser de +80 (0 + 80 = +80). En cambio, si somos un arquero con ataque 50 con armas de corte y 8 de perforación y el enemigo tiene 47 de defensa y 6 de armadura de corte nuestro daño sobre él sería +85 (50 – 47 + (8 – 6) + 80) = 85) .Pero esto es solo un ejemplo, porque hay miles de variables y atributos a tener en cuenta que hacen que los combates sean complejos, desafiantes y divertidos.

Nuestra aventura por el archipiélago de Deadfire nos llevará unas 30 horas si solamente completamos la historia principal, pero esta duración general puede subir a las cientos de horas con la cantidad descomunal de misiones secundarias y contenido que trae el título base (digo base, porque llegarán expansiones, eso tenedlo por seguro). Una duración que hará que pasemos meses inmersos en la aventura del Vigilante hasta que sintamos la necesidad de pasar a otro juego.

En conclusión, Pillars of Eternity 2: Deadfire tiene todo lo que se le puede pedir a un juego de rol, es un sucesor más que digno del atemporal Baldur’s Gate 2 y, de hecho, el salto cualitativo entre la primera entrega y la segunda se puede comparar también al que hubo en la popular saga de BioWare. Superando con creces al original y con una jugabilidad rica y profunda, el nuevo RPG de Obsidian se convierte en uno de los mejores juegos de rol de todos los tiempos y en un referente que influirá sobre todos los estudios del sector. Si sois roleros, no os lo podéis perder.

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