El pentavirato

La nueva serie de Mike Myers es el síntoma perfecto de la espiral decadente en la que empieza a instalarse Netflix. Imaginad a un humorista pasado de moda, con ideas inconexas al que se le da una ingente cantidad de presupuesto y toda la libertad creativa para que haga con su despropósito lo que quiera: ‘El pentavirato’ (Netflix, 2022) es el resultado de todo eso. Una estupidez épica.

Nada en esta serie funciona: los chistes huelen a cerrado, la manía de Myers de ponerse a interpretar numerosos papeles fuerza el tono hacia una sobreactuación ridícula, acompañada además por unos maquillajes y unas caracterizaciones no pocas veces fallidas, alentando así al resto del reparto a intentar acompañarlo en su suicidio (creativo e interpretativo) hacia la nada. Porque esta serie es, por lo menos en sus dos primeros tercios, eso: nada.

Ver ‘El pentavirato’ es perder tres horas de su vida que nunca recuperará

A partir del quinto episodio (son seis), la serie parece darse cuenta del error porque, en un giro imprevisible e injustificable de la trama, comienza a lanzar moralina tecnófoba (de paso que critica las fake news, condena la tecnología), antiracista y feminista con una simpleza que sonrojaría a cualquiera. Más que nada porque todos estos mensajes son, simplemente, un parche urgente para intentar darle (disimuladamente) un propósito a un proyecto errático y sin rumbo.

Pero Mike Myers no consigue engañar a nadie. Se le ven las costuras a este pastiche sin sentido (con referencias o copias descaradísimas, además de autoparodias constantes). Y las inestimables contribuciones de Jeremy Irons, Rob Lowe o la propia Netflix a intentar despistarnos tampoco le hacen favor alguno.

No la aconsejamos ni como carne de maratón

‘El pentavirato’ se ve una producción cara -carísima-, pero desperdiciadamente inútil porque tras ella no hay nada más que humo. Ni un solo mensaje coherente, ni un solo propósito con sentido, ni una sola decisión que no resulte improvisada o, simplemente, cutre. Y lo peor de todo: el humor de esta miniserie está tan pasada de moda que sonroja a cualquiera.

Son seis capítulos de media hora, en teoría carne de maratón, pero ni aún así la aconsejaríamos. Ver esta serie es perder tres horas de su vida que nunca recuperará. Motivo suficiente para invertir este tiempo precioso en otra cosa.

Nota: 3/10

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Filólogo, politólogo y proyecto de psicólogo. Crítico literario. Lector empedernido. Mourinhista de la vida.

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