
Ciudad roja es la última novela de Marie Lu publicada por Umbriel. Cuenta con la traducción de Miguel Trujillo Fernández.
La alquimia es la magia con la que transformar unos objetos en otros. Un poder dominado únicamente por sindicatos criminales a lo largo del mundo. En Ciudad del Ángel, Grand Central y Lumines mantienen una frágil paz en su lucha por controlar la ciudad a través de la venta de «arena». Una droga creada con alquimia que consigue que quién la tome potencie sus virtudes.
Ari, siendo un niño, es separado de su familia y enviado a Ciudad del Ángel. Por las mañanas acude a una escuela normal, pero por las tardes estudia alquimia como aprendiz de Lumines.
Sam es una adolescente cuando su madre sufre un accidente, entonces se presenta ante Diamond Taylor, jefa de Grand Central. A cambio de su ayuda le pide a Sam que se una a sus filas y se convierta en alquimista.
Ari y Sam se conocen en la escuela pero no saben que cada uno de ellos pertenece a sindicatos enemigos. Al crecer cada uno hace su vida y pierden el contacto. Años después vuelven a encontrarse desde lados opuestos del conflicto.
Ciudad roja es una fantasía urbana ambientada en nuestro mundo con algunos sutiles cambios. Combinando las clásicas historias de mafia con la magia Marie Lu nos trae un libro sobre la ambición, luchas de poder, ajustes de cuentas y venganza.
Sam y Ari son las dos caras de la misma moneda. Ella es prácticamente invisible para todos. Nadie se fija en ella, la ven pero enseguida se olvidan de que ha estado allí. Algo muy beneficioso a la hora de cumplir algún encargo. Por otro lado, él es todo lo contrario. Carismático y atractivo. Todo el mundo quiere estar cerca de él. Con su alquimia es capaz de cambiar la química del cuerpo humano. De esta forma logra que la gente confíe ciegamente.
La relación de los dos evoluciona desde que se conocen siendo niños hasta el final del libro, ya adultos. Son amigos, luego rivales y después algo. Cero unidades de conexión entre los dos.
Cuando están en la escuela su amistad se limita a pasarse notas pero no se cuentan nada trascendental. Aún así se supone que están enamorados pero pasan años sin intentar ponerse en contacto. Sin embargo, cuando vuelven a encontrarse ¿me tengo que creer que no se han olvidado y que darían su vida el uno por el otro?. Pues lo siento pero no.
Me hubiera gustado que ya de adultos hubiesen tenido un poco más de interacción para poder explicar sus decisiones finales. Es que literal se ven dos veces. Además teniendo en cuenta que no es un libro autoconclusivo, Lu podría haberse extendido un poco más en desarrollarlos.
No me han hecho sentir nada. Indiferencia total. Los personajes de Ciudad roja en general son planos. Todos igual de grises. Todos igual de insulsos.
Algo que sí me ha gustado y mucho es el sistema mágico. La alquimia. Un poder con el que trasmutar unos objetos en otros, incluso los cuerpos humanos. Tocar a una persona y alterar sus hormonas para hacerle sentir lo que desees. Por si fuera poco, estos poderes se amplifican al utilizar la «arena».
No obstante, esta magia tiene un alto precio. Con cada trasmutación deben sacrificar parte de su alma, hasta que ésta queda totalmente corrompida.
Las escenas de lucha son geniales. Rápidas y brutales. Me han recordado a Matrix. Estos mafiosos van desarmados. ¿Por que cargar con un arma cunado puedes tocar una pared y convertir un ladrillo en una pistola?
Sin dudar, estas escenas y la alquimia son lo mejor de Ciudad roja. Una lectura que tristemente no ha sido para mí.

























