Balas perdidas: una historia de género negro muy correcta¿Y a qué se debe ese estilo cinematográfico? Pues al guionista de esta historia: Walter Hill. Para aquel al que no le suene le diré que es un conocido cineasta y guionista. ¿Te suenan películas como “The Warriors”, “Límite: 48 horas” o “Danko: calor rojo”? Son suyas, tanto dirección como el guión. ¿Flipaste con la acción a cargo de la tripulación de la Sulaco en “Aliens”? La historia original y la producción fueron suyas. ¿Viste boxear a Wesley Snipes en “Invicto”? También es suya, dirección, guión y producción. ¿A que ya os suena más? En fin, con ese currículo sólo cabía esperar una historia bien hilada y argumentalmente correcta. ¿Es así? Vamos a verlo:
   
Tenemos un protagonista cuya vida no conocemos, duro como el pedernal, si bien tenemos una semblanza clara de sus acciones y actitudes (con las que podremos trabajar para hacernos una idea de su retrato vital a través de la poca información que tenemos), violencia y acción trepidantes, protagonistas consistentes, pocos diálogos, pero impactantes, policías corruptos, lucha de influencias entre bandas mafiosas, un botín muy tentador, y la mujer fatal. Todos los ingredientes de un hard boiled al uso para mostrarnos una historia potente. A ello le añadimos una atmósfera densa y palpable, un protagonista duro con un peculiar sentido del romanticismo, lo agitamos todo junto y ya tenemos un tributo al mejor género negro.
   

Balas perdidas: una historia de género negro muy correcta

¿Y qué podemos decir de la historia? Venga, vamos allá. ¡Pero no os voy a decir mucho!
   
1932. Arizona. Un coche (un Cadillac Aerodynamic coupé  que casi me engaña. ¡Casi creo que era un Rolls-Royce Phantom!) acelera a través del desierto hasta que se detiene en una pequeña estación de servicio. Se apea un chófer de aspecto taciturno y cara cruzada de cicatrices, Panama Kid.

Balas perdidas: una historia de género negro muy correctaNo hay mucho que hacer en una gasolinera: el chófer reposta el vehículo y, mientras, un hombre trajeado sale del coche: Roy Nash. Se mete en el bar próximo y pide un whisky. ¿Whisky? ¿En plena prohibición? ¡Impera la ley seca! Pero un billete de 20 cambia de manos y, mágicamente, el alcohol aparece. Mientras disfruta su trago, Roy le pide al camarero algo de información, puesto que quiere saber dónde está un tal Blondie Egan. El camarero finge no conocerlo, pero termina apareciendo. Un cruce de palabras, una pistola sale a relcir, y Nash termina con la escena al compás de una Thompson M1 A1 . La escena ha terminado: 13 páginas. En las cuatro siguientes, a modo de epílogo, Rose Malone, la joven que estaba en el bar, corre hacia el coche y pide que la lleven con ellos, puesto que quiere salir de ese basurero. ¡Primera escena y ya consigue el objetivo y la chica! ¡Un campeón, este Nash!
   
De esta primera acción saltamos a lo que ha desencadenado esta misión: nuestro protagonista estaba en la cárcel de Joliet, en Illinois (El Centro Correccional de Joliet fue una prisión en las afueras de la ciudad de Joliet, desde su creación en el año 1858 hasta su cierre en 2002. Como curiosidad, os diré que fue donde se rodó la primera temporada de “Prison Break”. Ojo a la minuciosa representación de las galerías .

Balas perdidas: una historia de género negro muy correcta

En fin, está en la cárcel, pero el gran padrino de la mafia de Chicago lo saca de allí para que le haga un trabajo: tres matones olvidaron compartir el botín de un robo, y Roy Nash es un buen pistolero que tiene reputación de hacer buenos trabajos… Y, para que acepte, hay un elemento especial: estos malandrines huyeron con Lena, la exnovia del protagonista. Obviamente, lo que impulsa al gángster a aceptar es este último factor.
   
Para ello, contará con una nueva identidad, a él se le dará por fallecido y tendrá que desplazarse hasta Los Ángeles, donde tendrá que rendir cuentas ante la mafia local y lidiar con la policía. El objetivo es claro: un sangriento ajuste de cuentas que Nash acepta a cambio de su libertad y la posibilidad de conseguir también la de la mujer de sus sueños a través del ajuste de sus propias cuentas.
   
Balas perdidas: una historia de género negro muy correctaObviamente, nada sale como estaba previsto, y el resto de la aventura transcurrirá entre amenazas, disparos y pulsos continuos entre las mafias de las costas este y oeste, con elementos medianamente corruptos de la policía por medio, porque… ¿Realmente el detective Valentine es corrupto, o simplemente tiene un sentido del honor algo deforme? ¿Cómo terminará esto? Os invito a descubrirlo. Vamos ahora a analizar la obra desde un punto de vista meramente formal.
   
Este tono en cartoné de 128 páginas se caracteriza, principalmente, por lo acertado de la paleta de colores utilizada, que nos muestra un efecto de pátina y tonos sepia que nos muestra un aspecto muy bien envejecido que nos transporta a aquellos peligrosos años 30 del siglo pasado, a la par que refuerza el aspecto cinematográfico de la historia. Es muy destacable la documentación en cuanto a escenarios y vehículos. A la perfecta representación del Cadillac antes mencionado, podemos ver un Ford B -el vehículo de Valentine-, varios Ford T , una vista privilegiada del Monument Valley , en la frontera de Utah con Arizona, o la vista de la South Hill Street, entre Westfifth y West , las armas, en las que a la Thompson M1 A1 sumamos el eterno Colt 1911  o la que –creo- es un revolver Smith and Wesson .45  M1917 . Lo malo es que en lo que a panoplia de armas se refiere, resulta un poco repetitivo… ¿Todo el mundo tiene acceso a un Colt 1911?
   
Balas perdidas: una historia de género negro muy correcta Con respecto a la historia, en cuanto al guión de Walter Hill, aunque en esencia correcto no resulta nada innovador. Se nota que sabe manejar muy bien los ritmos narrativos, los planos y el hilado de la historia. Hasta ahí, es técnicamente correcto. El punto oscuro es que no nos presenta nada nuevo. Sí, como hemos dicho al principio, es una historia de género negro muy correcta, pero demasiado básica, así como con un uso excesivo de los estereotipos típicos en este tipo de historia. Personajes arquetípicos, sin sorpresas en su comportamiento –salvo el de Valentine, para qué decir otra cosa- . Pero, curiosamente, no resultan planos. Están vivos, resultan expresivos. Un punto para el guionista.
  
Con respecto al dibujo de Jef, resulta correcto. Me gusta la gestualidad de los personajes, los fríos ojos azules de asesino de Roy Nash… Pero tiene aún algunos problemas con la perspectiva. Sin embargo, hace un buen uso de los planos, aunque en ocasiones no le queden lo suficientemente dinámicos. En algunas viñetas se nota cierto hieratismo, pero estoy convencido de que irá mejorando en otros títulos.
   
¡No nos olvidemos de la banda sonora! Que la tiene, aunque solo una canción: “Singin’ the blues” en versión de Frankie Trumbauer and his Orchestra.
   
Balas perdidas: una historia de género negro muy correctaEl final, en cambio, podrá sorprendeos a muchos. Las seis últimas páginas nos revelarán más sobre los personajes que todas las precedentes. ¡Descubridlas!
   
¡Ah! Y no nos olvidemos de un jugoso extra: una entrevista con Walter Hill que nos descubrirá varios detalles sobre la creación de la obra.
   
En fin, si eres un amante incondicional del género, y buscas una historia sencilla bien narrada con ritmo, dinero, mujeres, policías corruptos, humo de cigarros, polis corruptos, armas, mafia, gente en el fondo del lago con un peso en los pies y deudas de honor, éste es tu cómic. También te gustará si quieres irte introduciendo en el apasionante mundo de la novela negra. Ahora bien, si eres un lector exigente, es posible que una historia tan sencilla te termine cansando. Pero, insisto, técnicamente hablando es de lo más correcto.
   
Un tributo sencillo y digno al más tradicional género negro.

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