Portada de "Devoción salvaje" de Rebecca Ross.
Portada de "Devoción salvaje" de Rebecca Ross. | Fuente: Ediciones Urano.
Portada de "Devoción salvaje" de Rebecca Ross.
Portada de «Devoción salvaje» de Rebecca Ross. | Fuente: Ediciones Urano.

¿Pueden juzgarse a los dioses, con sus esperanzas y juegos inmortales, con la misma brújula moral que a los mortales? Quizás no, pero mientras lo caminos de ambos se crucen, es imposible que no surja el conflicto y que, con él, germine el cambio imparable. Devoción salvaje de Rebecca Ross abre las puertas a un mundo con una mitología tan compleja como sus personajes, así como una trama a la que no le falta ni un solo hilo.

En medio del telar infinito del Destino y la Muerte, ¿cuál puede ser el papel de una heraldo divina a la que nadie le dedica más de una mirada y un encargo trivial? Matilda no tiene tiempo de hacerse esa pregunta, no cuando tiene que velar por su supervivencia en las cortes divinas a cada segundo que pasa.

Pero el mundo, desde la tierra de los vivos, la bruma de los sueños y el más allá, está cambiando. Y Matilda se ha vuelto una pieza clave, un destino que parece enmarcado en las propias estrellas. El mismo que la enreda con un imposible, un mortal. Vincent.

Quizás sea porque provengo de un contexto social con un profundo anclaje en el cristianismo católico, pero el concepto de creer me lleva a pensar en aceptar o no la existencia de la deidad. Pero Ross aquí desvía esta idea en otra dirección. Y es que en un lugar en que dioses Celestiales e Infraterrenales campan a sus anchas ante la mirada de los propios mortales, el significado de creer cambia.

Los mortales no ponen en duda la existencia de los dioses. Sus acciones tienen repercusiones directas para los mortales, incluso cuando no se cruzan cara a cara. Cosa que pasa con más frecuencia de lo que puede parecer en un primer momento.

Lo que ponen en duda, en cambio, es que les deban algo, como pleitesía o sumisión, por el mero hecho de ser eternos. De tener icor dorado y ser infinitamente más poderosos. Al menos, a nivel individual. Para ellos, creer en un dios no implica meramente asumir su existencia, sino dedicarle sus plegarias, energía e incluso vida.

Este debate entre lo divino y lo humano es precisamente uno de los motivos por los que ambos protagonistas pueden conocerse y conectar en igualdad de condiciones, lo que permite que todo lo que sustenta su conexión tenga una base sólida y un desarrollo cargado de matices.

Ross juega a diferentes niveles en esta historia donde, a su vez, todo está conectado y se retroalimenta. La cantidad de lore que hay meramente para hablar de las dos cortes divinas, el reino mortal, el plano de los sueños y el más allá da para escribir varios libros.

Los relatos de los diferentes dioses se entrelazan con eventos históricos que trascienden más allá de los protagonistas y de la trama principal. Todo este trabajo contextual no solo da credibilidad y lógica al universo, también enriquece y otorga múltiples facetas a los personajes.

Es una novela muy sensorial que se mete de lleno en los claroscuros de los mitos desde la mirada de alguien que los vive en primera persona y los sufre al no tener el poder suficiente. En el caso de Matilda, por ser una diosa menor que lucha por sobrevivir en un entorno volátil. En el de Vincent, por ser un mortal con una pesada responsabilidad a sus espaldas.

La autora ha creado un universo intrigante, complejo en sus normas y conexiones, así como cargado de secretos y promesas.

La traducción es un punto a tener en cuenta. Es fluida y pulida, equilibra muy bien las emociones de la historia, el lore y toda la carga sensorial, una adaptación nada sencilla. La traductora responsable, Leire García-pascual Cuartango, ha ha demostrado en otras ocasiones su talento basado en una sensibilidad llena de matices. Como fue el caso de El juego de los deseos, Larga vida al mal o El asesinato del señor Wickham.

Devoción salvaje es una novela con una sensibilidad fascinante, una fantasía indómita y una pluma que da gusto leer. Una de mis lecturas favoritas del año.

Carolina de León
Directora de la sección de literatura. Periodista, camarógrafa y escritora. Con muchas historias que ver, relatos que escribir y memorias que vivir.

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