Superman: paz en la Tierra. Un esfuerzo del superhéroe por la justicia socialVamos a hablar de Superman. Los lectores que mejor me conocen puede que resulten extrañados, ya que saben que el hombre de acero no figura entre mis favoritos. Ya sabéis, el rollo ese de superhéroe inmaculado y omnipotente del que posteriormente surgieron el resto tomándolo como modelo. Así que cuando una historia de Superman juega con alguno de sus defectos, llama inmediatamente mi atención.
   
En fin, vamos a situarnos: allá por 1999, DC lanzó una serie limitada de cinco cómics en las que buscaba explorar los aspectos más introspectivos de sendos miembros de esta mitología particular con los que todos hemos crecido: Batman , Superman, Wonder Woman, Shazam y el elenco de la Edad de plata de la Liga de la justicia. El guionista, Paul Dini, ha estado hilando excelentes argumentos con estos personajes durante las últimas dos décadas y ha ganado prestigiosos premios con los cómics y los episodios escritos para la serie animada de Batman, la de Superman, también en La Liga de la Justicia y, más recientemente, en “Batman: The brave and the Bold” en Cartoon Network. Su estilo siempre ha sido entretenido, fresco e impresionante. No falla.
   
Y, bueno… no puedo pensar en adjetivos suficientes para describir lo bueno que es Alex Ross, el pintor de cómics, es el ejemplo de autor que utilizo para sacudir a aquellos que opinan que el cómic no es un arte, así como a aquellos que “ya no leen cómics”. Ya sabéis: “Pero… ¿Has visto esto?”. Basta con tirar de “Kingdom Come” o de “Tío Sam” para que abran los ojos como platos a causa de su hiperrealista estilo que convence al espectador más recalcitrante gracias a la realista representación de la iconografía clásica del personaje. Es una actitud que me recuerda a mí mismo cuando tomé contacto con gigantes de la talla de Neal Adams o Jim Lee –salvando las diferencias de estilo, por supuesto-.
   
En fin, vamos a comenzar comentando la portada de este tomo en cartoné de 72 páginas: no tenemos un Superman en acción, salvando a un vehículo de estrellarse contra las rocas o deteniendo un rayo con el pecho; sino que tenemos su rostro cabizbajo, mirando en actitud compasiva a la especie que ocupa su mundo adoptivo. Reconocemos rasgos de Frank Kasy, un artista amigo y compañero de Alex Ross, que veremos en los extras como uno de los modelos que toma para reproducir a Superman, pero también reconoceremos rasgos de Christopher Reeves. Un golpe maestro a la nostalgia de los lectores, porque para muchos fue nuestro primer Superman “real”, el que entró en nuestras vidas a través del cine y la televisión.
   

Superman: paz en la Tierra. Un esfuerzo del superhéroe por la justicia social

La historia comienza con un recuerdo en color sepia de un joven Clark Kent en los campos de una humilde granja de Kansas en la que Jonathan Kent, su padre adoptivo, le enseña a plantar las semillas de tal manera que cada una de ellas pueda crecer con su propio espacio. Ya anticipa que “no brotarían todas las semillas, pero quería dar a cada una de ellas la oportunidad de crecer.” Una bonita parábola que se aplica igualmente a las personas: “algunas florecían enseguida, mientras que otras necesitaban algunos cuidados más.”
   
Superman: paz en la Tierra. Un esfuerzo del superhéroe por la justicia socialDe ahí saltamos a un cielo vacío que se llena poco a poco con la imagen de Superman volando al tiempo que carga con un enorme árbol de Navidad. Es tradición que Superman lleve el monumental abeto que adorna Metrópolis y que decora en un abrir y cerrar de ojos merced a su supervelocidad. Pero, al retirarse, descubre la súplica de alguien que lo necesita… El trabajo de Superman no acaba ni siquiera en Navidad. Esta vez se trata de una chica joven que agoniza por el hambre, y la lleva a un lugar seguro en el que cuidarán de ella, pero el médico del centro de acogida le dice que es una pena que no se pueda atender a todas las personas que padecen hambre. Superman reflexiona sobre ello y toma una decisión: luchar contra el hambre gracias a sus superpoderes.
   
Parece una misión digna para el último hijo de Krypton, así que se pone manos a la obra buscando la aprobación tanto del Congreso estadounidense como de la ONU. La idea es que él se encargará de repartir el excedente alimentario entre la población más necesitada eliminando corruptos intermediarios y garantizando, así, su llegada a los destinatarios finales para evitar que los que se aprovechan de ello continúen haciéndolo.

Este toque de realidad es uno de los rasgos de identidad de Paul Dini, que aporta ese punto de dureza realista en el terreno fantástico del superhéroe. Lo que sigue es un desgarrador viaje de Superman para conseguir llevar a cabo sus buenas intenciones en oposición al superpoder de la iniquidad, egoísmo, codicia y estupidez humana. Usando palabras más amables, Superman lucha la misma guerra que el resto de nosotros, y es igualmente golpeado por ella.
   
¿A qué me refiero? A que Superman falla miserablemente: un niño de un país balcánico le pregunta si regresará para ayudarles al día siguiente, y el superhéroe no tiene respuesta para ello viéndose obligado a apartar la mirada.

Superman: paz en la Tierra. Un esfuerzo del superhéroe por la justicia social

Un dictador de un país asiático amenaza con matar a sus propios ciudadanos si Superman no le permite guardar y distribuir la comida por sí mismo, cosa a la que el superhéroe se niega para evitar su robo o uso como arma política, lo que origina un altercado. En algunos países parece que la población ha sido adoctrinada por los medios en contra de la acción de Superman y lo reciben de manera iracunda insultándole y lanzándole piedras. O, incluso, es atacado con misiles armados con cabezas químicas que envenenan el grano y lo reducen a polvo.
   
Es un mundo duro, desgarrador. Vemos a Superman desesperado, triste, frustrado en su misión. Golpeado por la más dura realidad, la realidad que no ha sabido o no ha querido ver. Atenazado por el amor por esos semejantes a los que no puede ayudar a pesar de su enorme poder. No puede actuar más allá a causa del inconmensurable poder de la ignorancia humana y el interés egoísta.
   
Pero hablamos de Superman. Jamás se rendirá a menos que algo acabe con él definitivamente. Se replantea el problema y se da cuenta de que su alcance jamás será superado por la acción de un “súper”. Las personas habrán de aprender a resolverlo por ellos mismos, y así veremos a Clark Kent partiendo desde cero enseñando a un grupo de niños aquellas rectas lecciones que aprendió de su padre en un campo de Smallville, Kansas.

Superman: paz en la Tierra. Un esfuerzo del superhéroe por la justicia social

Es una secuencia bella que hace que la historia termine como empieza: es importante darle a cada plantita la oportunidad de crecer, y eso es en ocasiones todo lo que alguien como Superman puede hacer: volver a ser el hijo humano de un humilde granjero al que llamaba “pa”. Toda una declaración de principios en una sola página.
   
Con respecto al tomo, simplemente indicaremos que mantiene el formato de “cuento ilustrado” que veíamos en el tomo de “Batman: guerra contra el crimen” y que es la seña de identidad de esta colección. Además, en esta historia al estilo “Cuento de Navidad” encaja perfectamente.
   
Además, tendremos un jugoso extra: seis páginas en las que, además de una pequeña declaración sobre el origen del proyecto firmada por el propio Alex Ross, tendremos bocetos, ilustraciones, fotos y composiciones de páginas apropiadamente comentadas y que nos descubrirán algunos secretos sobre la concepción de este bellísimo álbum de ECC.
   
Así que, amigos lectores, independientemente de las cuestiones de tipo técnico y de mi admiración por los elaborados dibujos de Alex Ross, os resumo este tomo con tres simples palabras: una historia bella.

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