Como un reloj de arena cuya parte central no para de ensancharse, el tiempo pasa a una velocidad que a veces puede parecer vertiginosa. Si hace menos de 100 años estábamos como especie cavilando sobre el enorme avance que los primeros ordenadores podían suponer para la humanidad, ahora los utilizamos para las tareas más cotidianas. Durante esa cantidad de tiempo hemos pasado en el mundo occidental de vivir en sistemas políticos autocráticos a sistemas supuestamente democráticos. El tiempo pasa a cada grano de arena del reloj que cae. Y, sin embargo, algunas cosas no cambian.

Eso es algo que me hace recordar Wars of Succession. El título de AGEod se juega igual que prácticamente todos sus títulos anteriores. Ahí siguen sus interfaces zafias y obtusas, su motor obsoleto y sus inexistentes tutoriales. Siguen ahí también su enorme precisión histórica y detallados escenarios.

Las ubicaciones han cambiado, ya no son por ejemplo los territorios norteamericanos. Dejamos estos para movernos por la gran Europa, dónde tomaremos el papel de diferentes facciones que lucharon en las grandes guerras de sucesión de principios de siglo XVIII para obtener el control del imperio español. Pero paremos un segundo, o mejor dicho una parte infinitesimal de grano de arena. ¿Qué es exactamente Wars of Succession?

Wars of Succesion es un juego de estrategia por turnos que, como los anteriores títulos del mismo estudio, nos pone en diferentes escenarios históricos de guerras que definieron la historia de la humanidad tal y como la conocemos. En este caso, como ya he indicado anteriormente, los escenarios cubren ciertos conflictos ocurridos antes y durante las guerras de sucesión a la corona del imperio español. Nuestro objetivo será obtener la victoria, ya sea mermando la moral del bando contrario o tomando y manteniendo diferentes posiciones estratégicas vitales en el escenario en cuestión.

Para ello contamos con una cantidad extensa, tanto en tipos como en tamaño, de tropas correspondientes a la facción en particular que hayamos elegido; así como diferentes comandantes que lideran estos ejércitos, todas figuras históricas reales, por supuesto.

Podremos también mejorar nuestras ciudades con diferentes estructuras para prepararnos mejor ante la inminente guerra y contamos también con la posibilidad de reclutar más tropas para suplir los ejércitos con los que empecemos. Eso sí, como juego histórico ambas cosas ocurren muy lentamente y por tanto deberemos evitar hacer movimientos en falso, pues bastantes de ellos nos llevarán con seguridad a la derrota, elemento importante de Wars Of Succession. El juego no hace ninguna concesión en cuestiones históricas y por tanto los bandos no estarán completamente compensados en ninguno de los escenarios. Si a esto se le une además el largo tiempo que cuesta mover a nuestros ejércitos, realizar nuevas construcciones y entrenar a nuevas tropas, nos encontramos ante un título increíblemente difícil para los no iniciados en la particular serie de AGEod. E incluso para aquellos con cierta experiencia en otros títulos del estilo como Hearts of Iron.

Y si no eres alguien que haya jugado antes a alguno de estos títulos, no puedo sino colocarme un viejo sombrero de Scotland Yard, coger una señal de Stop en la mano y redirigirte mientras no paro de repetir: «¡Aléjese! Aquí no hay nada que ver». Y créeme cuando te digo que no lo hago por elitismo ni por un arcaico sentido de «mantener la pureza» de uno de mis géneros favoritos. No, lo hago porque Wars Of Succession no va a enseñarte. No le interesa y es un mal título por ello. Hasta el punto de que no puedo evitar llevarme las manos a mi metafórico sombrero, horrorizado por cómo AGEod puede hacer algo así.

El tutorial, si puede calificarse como tal, es un escenario que cubre algo menos de terreno que los demás y que no resulta tan complejo, pero no te explica nada. El juego ni siquiera indica a los posibles nuevos jugadores que eso es el tutorial. Simplemente te golpea en la cara con su horrenda y terrible interfaz y demanda que la aprendas como un viejo maestro de escuela del siglo pasado, que te arrea con una pesada regla empañada en sangre porque no has conjugado correctamente cierto verbo en latín.

La interfaz no es lo único obsoleto. Los gráficos, aunque ciertamente trabajados, resultan algo anodinos y carentes de vida y personalidad; las batallas completamente automatizadas, sin posibilidad de ninguna elección estratégica compleja; y los movimientos repentinos, carentes de gracia de los estandartes dan la sensación de estar jugando a un título de hace una década.

Pero esto resulta natural cuando comprendemos que AGEod sigue utilizando el mismo motor que en sus primeros trabajos. Y esto le da otros problemas mucho más apremiantes, como por ejemplo la inestabilidad del juego. Tan solo una vez conseguí jugarlo durante una hora seguida sin que este me tirase al escritorio. Mi equipo portátil, que no tiene problemas con el muy demandante The Witcher 3 en ultra, encontraba difícil mover este juego en momentos. Y el lag al moverse por el mapa y los diferentes submenús de la interfaz era tal que no he podido llegar a centrarme totalmente en lo que estaba haciendo.

Por muchos valores positivos que tenga (realismo histórico, simulaciones de situaciones complejas y grandes terrenos) no se puede olvidar que, como en cualquier pieza de software y producto comercial, este tiene que ser usable. La experiencia de usuario debe ser uno de los pilares fundamentales de tu juego. Si tengo que esperar cantidades exageradas de tiempo a que las batallas se resuelvan debido a los masivos cálculos que debes realizar, quizás deberías publicarlos como herramientas de línea de comandos y no como un juego.

Y aunque es cierto que tal nivel de complejidad de estas simulaciones resulta impresionante, este no es nada si no se da feedback al jugador de lo que ha ocurrido y el por qué. Tanto esfuerzo cae por tanto en saco roto… Junto al resto de mis ganas de jugar a este título de nuevo.

Como conclusión, Wars of Succession es un título trabajado, cuyos autores se han cerciorado de la precisión histórica de este conflicto y que sin embargo se queda en agua de borrajas debido a su naturaleza como juego. No queda sino plantearnos si durante el camino en el desarrollo de estos juegos no se han olvidado de lo que de verdad importa. O quizás es algo mío y soy yo quien no puede ver más allá de los problemas de experiencia de usuario y técnicos. Sea como fuere, no puedo recomendar a nadie comprar un juego cuyos problemas técnicos son tan grandes. Así pues, muévanse, aquí no hay nada que ver.

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