Le Carré, tan perspicaz como siempre y más combativo políticamente que nunca, ofrece a sus lectores una buena historia de espionaje de rabiosa actualidad.

 

Cuando, hace no demasiado tiempo, reseñábamos en Fantasymundo la novela de John le Carré El legado de los espías, lo hacíamos con un marcado tono de despedida. Se trataba del libro con el que el viejo maestro se despedía de personaje más icónico de su obra. Decía adios al agente Smiley y a sus compañeros del Circus en el mundo del espionaje. Además, todo apuntaba a que Le Carré, nacido en 1931, ponía con él punto final a su carrera literaria.

No ha sido así, y la Editorial Planeta ha publicado recientemente su nueva novela. Lleva por título Un hombre decente y cuenta con traducción del inglés a cargo de Benito Gómez Ibáñez.

Narrada en primera persona, encontramos en sus páginas un Le Carré tan perspicaz como siempre y más combativo políticamente que nunca.
La acción sucede en el presente —aunque, como siempre ocurre con la obra del autor británico, se trate de un presente al que llegan los ecos del pasado— y el escritor toma partido en el panorama político actual.

El protagonista de esta novela es Nat, un agente veterano de los servicios secretos británicos. A sus cuarenta y siete años, acumula ya un cuarto de siglo de trayectoria profesional en el mundo del espionaje. Pero sus tiempos de agente, con tapadera diplomática, en el Este de Europa han terminado.
De regreso a Londres, le espera una incierta reconversión en lo profesional y un replanteamiento en lo personal.

 

«Pero soy agente sobre el terreno, no burócrata ni trabajador social. Por marginado que pueda estar, también soy el verdadero autor de la Operación Stardust. ¿Quién interrogó a Serguei de forma decisiva y se olió el tinglado? ¿Quien lo trajo a Londres, quien hizo la prohibida peregrinación hasta Arcady, entregando así la primera prueba concluyente de que aquello no era un juego de las sillas normal y corriente, sino una importante operación de los servicios secretos rusos construida en torno a una fuente británica, potencial o activa, de gran valor y dirigida personalmente por la reina de los ilegales del Centro de Moscú?»

 

Lo que sus superiores han decidido es destinarlo a una oficina situada en el propio Londres. Seguirá ocupándose de asuntos de la Europa del Este, pero ahora desde la rutina de un escritorio de la capital británica. Un puesto de retaguardia con un equipo de segunda fila. O no.

Y es que los vientos gélidos llegados de Rusia siguen barriendo las calles londinenses tras el fin de la Guerra Fría.
Puede que la Unión Soviética haya desaparecido, pero Vladimir Putin, un antiguo agente del KGB, manda en el Kremlin.
Quizá Ucrania ya no forme parte de un Estado con capital en Moscú, pero no se ha librado del abrazo del oso ruso.
Tal vez los espías de antaño son ahora poderosos hombres de negocios, pero eso no mengua su amenaza.

Le Carré despliega a los personajes en las páginas de la novela como piezas sobre un tablero de ajedrez. Son personajes complejos, de carne y hueso. Seres moldeados por el mundo de secretos y espionaje en que se mueven. Pero, al mismo tiempo, normales hasta lo anodino en sus vidas cotidianas. Un tipo de personas que no resultará extraño a quien haya leído otras obras de este autor.

Tampoco le resultarán extrañas esas nieblas morales, con tantas tonalidades de gris, en las que se mueven. Sus ambiguos códigos de amistad, honor, lealtad, patriotismo… son marca de la casa.

 

«Es difícil explicar a los no adeptos a la santidad de los documentos codificados. Los códigos mismos, cambiados con frecuencia sobre la marcha para confundir al enemigo, se tratan con el mismo secretismo que el contenido. En el léxico de Bryn, que un miembro de los adoctrinados hable de un código en presencia de los no iniciados sería pecado mortal. Y he ahí que, precisamente yo, pregunto al icónico jefe del Departamento Rusia “¿Qué coño es Jericó?”»

 

Todo ello está narrado con el estilo característico del autor. Directo, austero, afilado, eficaz. Con un ritmo que arranca un tanto perezosamente y va tomando velocidad a medida que avanzan las páginas, hasta llegar a un desenlace quizá hasta un tanto brusco.

Una reseña de esta novela no puede terminar sin hacer referencia a su aspecto más controvertido: su abierto posicionamiento político. Combate lo que podríamos denominar populismo ultraconservador.
A través, sobre todo, del personaje de Ed, pero también de otros, Le Carré expone a los lectores su postura sobre la actualidad política británica e internacional. Y a nadie que haya leído alguna entrevista reciente a este autor le extrañará su crítica al Brexit, al presidente Boris Johnson, a la política de Donald Trump…

Sin duda, eso puede resultar políticamente incómodo para una parte de sus lectores británicos y norteamericanos. Para otros lectores, entre los que me encuentro, supone solo una cierta distracción, un poco panfletaria, de la trama de la novela. No aporta mucho al conjunto, pero tampoco eclipsa el buen hacer del viejo maestro. Un maestro que, al final de su carrera, con ochenta y ocho años y enfermo de cáncer, bien puede permitirse el lujo de decir claro lo que piensa.

Bien editado en tapa dura por Planeta, con una buena y sobria ilustración de sobrecubierta y páginas con un tamaño de fuente muy generoso, físicamente el libro resulta perfecto en cuanto a manejo y lectura.

 

Joh le Carré (1931) el seudónimo utilizado por el escritor y diplomático británico David John Moore Cornwell para firmar su obra de ficción. Nacido en Dorset, Inglaterra, estudió en las universidades de Berna y Oxford. Luego impartió clases en Eton y sirvió brevemente en el servicio de inteligencia británico durante la Guerra Fría.

Su experiencia en agencias del servicio secreto del espionaje británico como el MI5 o el MI6, le permitió escribir novelas de espionaje de una complejidad y realismo no vistas con anterioridad a su obra. El notable éxito internacional obtenido por su tercera novela, El espía que surgió del frío, le permitió abandonar el servicio secreto para dedicarse por entero a la literatura. Los últimos cincuenta años ha vivido de su pluma, dividiendo su tiempo entre Londres y Cornwall.

Creador de uno de los personajes literarios más famosos de las décadas finales del siglo XX, el agente Smiley, las obras de Le Carré han sido traducidas a más de veinte idiomas y vendido millones de ejemplares. Novelas como El topo, La chica del tambor, La gente de Smiley, La casa Rusia, El sastre de Panamá o El jardinero fiel han sido llevadas al cine, siendo las adaptaciones de sus libros a medios audiovisuales como el cine y la televisión responsables en buena medida de la gran popularidad de su obra y del auge del género de espionaje.

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