Los fans de saben (sabemos) de su íntima relación con Mozambique. En aquel lejano país de habla portuguesa el insigne autor sueco pudo ejercer su libertad con una plenitud que no fue capaz de encontrar en otro sitio, ni personal ni creativa. Muchos eran los factores que, de una u otra forma, lo mantenían emocional y sentimentalmente unido a aquellas tierras: la sobrecogedora belleza de sus espacios, la inocente integridad y generosidad de sus gentes, el potencial de aquel país remoto… No en vano, Mankell fue durante varios años director del Teatro Nacional en Maputo, su capital, dónde pudo desarrollar su, por nosotros, bastante desconocida y poco reconocida faceta de dramaturgo.

De todo lo que marcó a fuego su relación con el país, posiblemente nada tuvo en él la decisiva influencia que sí tuvo Sofia, la joven mozambicana en cuya historia de vida están directa y declaradamente inspiradas las tres novelas que componen la Trilogía del fuego (Siruela, 2018). Tres novelas independientes en su creación, con más de un lustro de separación entre cada una de ellas, pero que siguen de forma cronológicamente secuenciada y consecutiva su vida desde su pronta infancia hasta su madurez adulta. De aquí que la editorial Siruela, con un excelente criterio, en nuestra opinión, haya decidido ofrecérnoslas juntas en un único tomo.

Con estas pocas indicaciones ya podemos deducir que se trata de una historia coherente con el género del bildungsroman, donde el aprendizaje vital de Sofia posee un rol fundamental en la trama y argumento principales. Pero no solo. Mankell quiso escribir aquí también una novela en tres actos de análisis sobre la realidad sociológica, económica y política de África; presentándonos los contrastes de un continente todavía a medio camino entre la religiosidad chamánica y la generosidad moral vital de sus gentes. En un texto escrito con un lenguaje directo y un estilo sencillo que será totalmente accesible y resultará atrayente tanto a un lector de novela juvenil como a un lector más adulto.

Trilogía del fuego Henning MankellComo punto de partida de esta serie de novelas, iniciada in medias res, está el momento en que Sofia, inocente respecto a los peligros del mundo adulto, ve cómo su pueblo es arrasado por unos ladrones sin escrúpulos armados hasta los dientes, y muchos de sus amigos y conocidos son también asesinados sin piedad. Una crueldad que seguirá poco después, cuando se sienta aparentemente a salvo, en un poblado destinado a refugiados de esa Guerra Civil invisible y silenciosa, y pise una mina antipersona. Muchas cosas cambiarán desde entonces para ella. Su vida se verá truncada en muchos aspectos. Los demás la mirarán de distinta manera. Y ella cargará con una culpa que romperá su inocencia y su corazón para siempre.

Mankell nos narra pormenorizada y analíticamente todo este proceso. Con una voz narradora omnisciente que no se resiste a sentirse testigo, metiendo baza con opiniones y descripciones que son de una potencia mayor a la de cualquier declaración ética o moral. Lo hace con relación a los dos personajes principales de la serie: Sofia (protagonista individual) y Mozambique (protagonista colectivo). Transformado así sus vicisitudes tanto en un análisis psicosocial como en una declaración admirada de fascinación.

A partir de aquí, los demás personajes secundarios servirán al narrador solo en la medida en que aporten a los principales un contexto mitificador a la historia de ambos protagonistas. María, la hermana de Sofía que murió por las heridas causadas por la mina que Sofia pisó, será un leitmotiv vital constante para ella, un motivo para luchar y progresar como forma de expiación. Lydia, su madre, sirve de representación de la mujer mozambiqueña y su lucha por salir adelante desde un contexto desestructurado falto de oportunidades y esperanzas. Incluso su padre, Hapakatanda, muerto años atrás, ejerce un rol motivador indudable a la hora de impulsar su vida.

A su alrededor, se percibe una sociedad desestructurada, arrasada por la miseria y la violencia. Pero este telón de fondo se completa, gracias a la fina pluma de Mankell para los detalles, con un fondo de bondad, casi de inocencia, que convierten a Mozambique en víctima de su destino. Y a sus gentes en poseedores de un fondo de hermosa fatalidad, acostumbrados a dejarse llevar por un destino imprevisible, donde lo malo casi siempre encuentra una justificación religiosa mezcla, a su vez, de sabiduría popular y experiencia.

La Trilogía de fuego (Siruela, 2018) está formada por “El secreto del fuego” (1995), “Jugar con fuego” (2001) y “La ira del fuego” (2007). Tres novelas independientes, aunque de recomendable lectura consecutiva. En ellas Mankell hace honor a su inmensa calidad como narrador aportando una mirada fascinada y fascinante a una realidad que le era ajena en lo sociocultural, pero en la que supo introducirse y darnos cuenta desde una perspectiva descriptiva, realista, precisa y respetuosa. Evitando caer en el fácil análisis foráneo de la soberbia colonial que, por desgracia, sí define el “Prólogo” de Gervasio Sánchez -cuya lectura desaconsejamos, por lo menos, hasta antes de haber leído la obra de Mankell. Sin duda, no hace justicia a una serie tan bella como simple de un Mankell para siempre en los anales de la narrativa contemporánea europea… y porqué no también de la literatura africana.

Henning Mankell
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