tick tick... Boom!

«tick, tick… Boom!» es un biopic atípico, un musical semi-autobiográfico construido en torno al monólogo rock del mismo título que fue escrito por su propio protagonista: Jonathan Larson, autor teatral y creador del famosísimo musical “Rent”.  El film es, además, un homenaje a su figura y una historia sobre la creatividad, el miedo al fracaso y el implacable paso del tiempo.

El debut como director de cine de Lin-Manuel Miranda mezcla con acierto la recreación de la representación de Larson, con los momentos de su vida que va narrando y que fueron la inspiración de sus canciones. Nos cuenta su historia a la vez que le vemos vivirla. Andrew Garfield encarna al protagonista y ofrece una de las mejores interpretaciones de toda su carrera, por la que sin duda le lloverán nominaciones y, con suerte, premios, que en tal caso serán más que merecidos.

Conocemos a Jon en 1990 cuando, a sus 29 años, aún trabaja de camarero en Nueva York mientras escribe “Superbia”, que espera que sea el próximo gran musical americano y la obra que le dé la oportunidad de convertirse en algo más que un aspirante a compositor. Es una época de cambio y crisis en su vida. Jon se desespera pensando que va con retraso, preguntándose qué será de él si sus mejores esfuerzos no son suficiente y comparándose continuamente con sus ídolos, que alcanzaron el éxito siendo más jóvenes que él, con sus amigos y hasta con sus padres, que a su edad parecían tenerlo todo controlado. Es un momento de angustia, de incertidumbre. El cumpleaños de Jon se acerca y para él supone prácticamente una sentencia.

tick tick... boom!

Cuando somos niños, los cumpleaños son días que esperamos con ilusión. La tarta, los regalos, ese querer ser grande. Pasan los años y su significado se hace diferente, hay un sentimiento de anticipación, la nostalgia por el fin de la infancia se ve contrarrestada por la sensación de que nuestra vida está a punto de comenzar de verdad. Es a partir de entonces cuando el tiempo coge carrerilla y parece que se escapa. ¿De verdad hace cinco años de aquel viaje? ¿En serio ha pasado más de una década desde que entramos en la Universidad? Sí, es un cliché tan grande como cierto: el tiempo vuela. Y un día, casi por sorpresa, te das cuenta de que vas a cumplir 30.

Es una barrera invisible, totalmente aleatoria, pero que sin embargo nos acecha. De forma casi supersticiosa, como si la mañana de nuestro 30 cumpleaños fuésemos a despertar habiendo perdido toda nuestra juventud y las oportunidades que conlleva. Si no has triunfado antes de los 30, olvídate. Como dice la canción 30/90 (que no me canso de escuchar desde que vi la película), es ahora o Neverland. La ansiedad convierte la vida en una cuenta atrás hacia el fracaso, hacia la gran explosión que amenaza con reducir nuestros sueños a añicos. tick, tick… Boom!

Eufórica y emotiva, la película sirve también como retrato social de principios de los 90. Aborda la crisis del sida de forma cruda y directa, aunque en ocasiones se pase de teatral. Quizás suene a contradicción, siendo “tick, tick… Boom!” un musical, pero al tratarse de los momentos que recrean las vivencias de Jon, la dramatización puede resultar excesiva y chocante.

Es solo en este tramo del film cuando se intuye que Miranda es un director novel y que, probablemente, la pasión que le inspira el proyecto y que le hace idóneo para adaptar la obra al cine, es al mismo tiempo su mayor desventaja. Esa pasión a veces se desborda y los recursos narrativos no son tan efectivos como se pretende. Pero en todo lo demás, destacando en el aspecto de la creación artística, la película fluye y plasma con seguridad y de manera honesta la lucha por el reconocimiento, el miedo a venderse y conformarse y la crítica a un mundo que nos impulsa a ello.

tick tick... boom!

Jon se siente presionado y juzgado y, a la vez, juzga a quienes le rodean. Cuestiona la moralidad de renunciar a los sueños a cambio de una vida confortable en lo económico y critica el consumismo y la monetización del arte. Lo hace, sin embargo, desde una posición de privilegio, pues su talento y otros factores (como su orientación sexual) le permiten perseguir sus ambiciones de una manera que no es posible para todo el mundo. Se lamenta por lo que no tiene, obviando lo que sí y arriesgándose a perderlo. Le atormenta un futuro que se acerca demasiado rápido, pero se olvida de apreciar el presente.

Es contradictorio y profundamente real, como solo algo escrito desde la propia y sincera experiencia puede serlo. Adaptado por alguien que comprende plenamente esas experiencias e interpretado por un Andrew Garfield enérgico, exultante, encantador, divertido y totalmente en sintonía con el tono del film. Además, canta sorprendentemente bien.

Nada se le puede reprochar a “tick, tick… Boom!” en los apartados musical y actoral. Sus flaquezas, en comparación, tienen poca importancia. O, al menos, son fácilmente perdonables. Es una película tan imperfecta como llena de talento, que brilla en sus momentos de mayor simpleza, y un reflejo fiel de un alma creativa e inquieta.

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