Ocho historias de fantasmas contemporáneas en las que el misterio de lo paranormal impregna otros tantos lugares del patrimonio histórico inglés.

 

En la ciudad en la que vivo están concluyendo las obras de transformación de un antiguo edificio en lo que será pronto un centro cultural y museístico. El edificio en cuestión fue originalmente un gran convento que, tras la desamortización de bienes eclesiásticos, pasó luego a acomodar una importante fábrica de tabacos.
Estaba hace unos días tomando un café por la zona cuando escuché una conversación, entre habitantes de toda la vida de ese barrio, acerca del fantasma de una monja que supuestamente recorre el edificio.

Que hay lugares fértiles para las historias de fantasmas es algo que todos sabemos, y que los ingleses saben explotar mejor.
La obra Ocho fantasmas ingleses, publicada recientemente por Ediciones Siruela, recopila ocho historias de fantasmas. Cada una de ellas ha sido escrita por un autor británico contemporáneo, que eligió para ambientarla un edificio perteneciente al English Heritage —institución pública encargada de proteger y dar a conocer el patrimonio histórico inglés—, pudiendo permanecer en él tras el horario de visita habitual.
Cuenta con traducción del inglés y comentarios de Esther Cruz Santaella.

El libro comienza con una amena introducción a la evolución de las ghost stories británicas, que aterrorizan desde hace siglos a los lectores que se acercan a ellas. Se titula Entre estas cuatro paredes. De cómo los castillos, abadías y casas de Inglaterra inspiraron las historias de fantasmas, y la firma Andrew Martin.

 

«No es muy acertado hablar de “fantasmas” en este caso: no hay sábanas blancas ni damas grises ¡No es que a medianoche salga del panel un monje con capucha, vamos! Más bien es… una sensación, si me apura. Una sensación de desolación, de abandono…, el miedo a provocar en otros secretamente repugnancia y lástima, incluso en la propia familia. ¿Acaso no hemos sentido todos ese miedo en mitad de la noche?»

 

Los relatos breves que constituyen el núcleo de la antología son los siguientes:

– Huyen de mí quienes antes me buscaban, de Sarah Perry, ambientado en la mansión de Audley End.
El último caso del señor Lanyard, de A. M. Hurley, que transcurre en el castillo de Carlisle.
– El búnker, de Mark Haddon, que tiene lugar en un búnker de la Guerra Fría situado en York.
– Premonición, de Kamila Shamsie, con  el castillo de Kenilworth como escenario.
Nunca más salió, de Stuart Evers, que transcurre entre las murallas del castillo de Dover.
– El Muro, de Kate Clanchy, una historia a la sombra del muro de Adriano.
Fuerte como la muerte, de Jeanette Winterson, de nuevo ambientada en un castillo, el de Pendennis.
La señora Charbury en Eltham, de Max Porter, con el palacio de Eltham como marco.

Remata el libro un Diccionario geográfico de sitios encantados del English Heritage, en el que se recoge una selección de lugares encantados gestionados por esa institución, ordenados geográficamente y acompañados de un somero relato de los hechos misterioros o sobrenaturales que en ellos han ocurrido.

 

«La muchacha miró el salón principal. Vio tres cadáveres carcomiéndose hasta los huesos. A un hombre con una herida en el pecho, sangrando sobre una mujer con las venas de las muñecas cortadas, a un niño con el cordón umbilical enrollado al cuello y una rata en la mano. Sonrió»

 

Los relatos me han parecido buenos, además de breves (luego dos veces…).
Muy diversos en tono y forma, resultan actuales pese a que entronquen con lugares e historias del pasado. Los hay más duros y más ligeros, pero alejados siempre del puro horror sobrenatural o la violencia explícita. Y, aunque en ellos el lugar resulte determinante, no lo es hasta el punto de eclipsar la historia y arrebatar el protagonismos a los personajes.
Su lectura, sumamente fácil y amena, se me antoja perfecta para estas noches del invierno que comienza.

¿Qué cuál es mi favorito? Pues creo que eligiría Nunca más salió, el más redondo a mi modo de ver. Aunque la historia del niño que remata El último caso del señor Lanyard será seguramente algo que permanecerá por mucho tiempo en mi memoria.

Qué buena forma de promocionar el patrimonio histórico de un país. A ver si en el nuestro alguien toma nota.

Bien editado en tapa blanda por Siruela, con una sobria y bonita  ilustración de cubierta y páginas de tamaño de fuente generoso, el libro resulta comodísimo de leer y muy fácil de transportar.

 

English Heritage se ocupa de más de cuatrocientos edificios históricos, monumentos y lugares. Desde sitios prehistóricos de fama mundial hasta grandes castillos medievales. Desde fortalezas romanas hasta un búnker de la Guerra Fría. A través de ellos, da vida a la historia de Inglaterra para más de diez millones de visitantes cada año.

La coleción de lugares, de relevancia internacional, que se encarga de proteger abarca seis milenios, yendo desde el pasado remoto hasta la actualidad. E incluye palacios, casas, castillos, abadías, ruinas industriales, fortalezas romanas e incluso pueblos medievales desiertos.

Cuidar estos lugares y sus colecciones en beneficio de presentes y futuras generaciones es la piedra angular de toda su labor, con un programa de conservación de alto nivel, a una escala sin precedentes, que además permite al público ser testigo del proceso a medida que avanza.

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