El pasado 5 de abril llegaba a librerías “La hora de las brujas”, una novela que me atrajo desde que supe que Roca Joven la publicaría en España. Novela debut del británico Nicholas Bowling, su portada ya pide a gritos que te la compres, y tras leer una sinopsis que promete brujería, conspiraciones históricas y una ambientación oscura, no pude resistirme a ella.

Así fue como llegué a un libro que sitúa al lector en la Inglaterra de 1578, una época convulsa de nuevos descubrimientos, avances científicos y confusión religiosa que provocaron que los cazadores de brujas campasen a sus anchas y que las hogueras se prendiesen por todo el continente.

En medio de todo esto se encuentra Alyce, una chica de 15 años que está atrapada en un psiquiátrico de Londres. Su madre ha ardido en la hoguera, y de ella ya solo le quedan sus conocimientos de brujería y una carta para John Dee, al que debe encontrar a toda costa en la gran ciudad.

La llegada de dos extraños enmascarados le permite escapar del psiquiátrico para perderse en las calles de Londres. Pero está lejos de escapar del peligro, porque los cazadores de brujas le siguen la pista. Mientras, dos reinas rivales se enfrentan para obtener (o mantener) el trono de Inglaterra.

Así comienza “La hora de las brujas”, que ya desde sus primeras páginas te deja claro que no es el young adult oscuro y crudo que te esperabas en un principio, sino un middle grade algo lúgubre con una trama clásica.

El libro sigue a Alyce, una joven que no conocía nada más que la cabaña donde vivía con su madre, hasta que se ve obligada a enfrentarse al mundo real y a escapar de los cazadores de brujas. Este es el momento que eligen sus poderes mágicos para manifestarse, unos poderes que tendrá que luchar para controlar.

Para cumplir con el último encargo de su madre, Alyce contará con la ayuda de Sollomon, un joven actor que, al igual que ella, guarda muchos secretos; y con la señora Thomson, una posadera de armas tomar que le da refugio a la chica.

La hora de las brujas” alterna los capítulos de la protagonista con los de Hopkins, un obstinado cazador de brujas que no cesará en su empeño de perseguir a su presa aunque le vaya la vida en ello… literalmente.

Así, la trama se reduce a una incesante persecución donde Hopkins la encuentra y Alyce se escapa, que vuelve la acción predecible y algo insulsa hasta el último cuarto de la novela, donde empieza a desvelarse quién es quién y por qué Alyce es tan importante. Es en esta parte donde la trama adquiere un ritmo más ágil y comienza la verdadera acción, que nos llevará a un desenlace no demasiado sorprendente pero aceptable.

En cuanto a los personajes de “La hora de las brujas”, tengo sentimientos encontrados. Por un lado no me trago a Alyce, la típica adolescente que en cuanto le ordenan permanecer en un sitio para que esté segura coge y hace exactamente lo contrario. Es una mezcla inconsistente de inmadurez y sabiduría, de bondad y egoísmo que a nivel personal no ha terminado de convencerme y que me resulta de lo más irritante.

Pero por otro tenemos a Solly, cuyas apariciones le roban el protagonismo a Alyce y cuyas constantes pullas con ella dan mucha chispa a una historia de la que puedo decir sin duda alguna que lo mejor es la relación entre ambos.

Después nos encontramos con personajes totalmente clichés como la señora Thomson (habrás visto a esa posadera en infinitas novelas de fantasía), su ayudante Martha o Raleigh, un sirviente de la reina Isabel; junto a otros tan carismáticos como Vitali.

Y luego tenemos a Hopkins, un antagonista con multitud de matices y una de las subtramas más interesantes de la novela que Bowling ignora sin piedad (al menos que la recupere en la segunda parte de la trilogía, claro). En cualquier caso, tenía mis esperanzas puestas en él y ha sido una decepción total.

Al igual que las dos reinas, María Estuardo e Isabel, cuya subtrama prometía conspiraciones e intrigas secretas y astutas que al final son de todo menos secretas y astutas. Sus personajes se exploran más bien poco y sus ambiciones son planas, demasiado simples para dos mujeres que quieren gobernar un país.

La ambientación, por su parte, está bien lograda, y el lector puede sentir ese Londres antiguo, sucio y supersticioso. La base histórica se limita solo al contexto temporal y a algunos personajes reales como las ya mencionadas reinas, sin hacer mención a ningún hecho histórico importante, en una historia donde predominan la ficción y la fantasía.

En cuanto al estilo del autor tampoco ha acabado de convencerme, pues aunque su prosa es bastante ágil, directa y fácil de seguir, también me ha resultado poco pulida en general. La traducción a español ha corrido a cargo de María Enguix Tercero.

La hora de las brujas” presenta una edición muy elegante en tapa dura, con una magnífica ilustración de portada diseñada por Erica Williams. La maquetación incluye tipografías diferenciadas para los personajes de Alyce y Hopkins (aunque la de este último se hace difícil de leer por momentos).

Nos encontramos, en definitiva, ante una historia típica de fantasía juvenil. “La hora de las brujas” es entretenido y se deja leer. Aunque su ritmo es un poco pausado al principio, mejora en el tercer cuarto del libro. Y su trama y personajes, a pesar de que pecan de arquetipos, proporcionan a su vez los suficientes alicientes como para seguir leyendo. En conjunto, estamos ante un middle grade bastante entretenido, que gustará a quienes disfruten de las historias juveniles algo oscuras, cargadas de magia y brujería y ambientadas en escenarios reales.

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