Ver el anuncio de que un juego clásico de los que marcaron mi infancia va a volver a salir para una consola actual, adaptado o no, me ilusiona como al que más. Estos relanzamientos son, desde luego, algo natural, y también algo positivo a corto plazo. Hablaba la semana pasada de algunos de los desafíos a los que han tenido que enfrentarse los videojuegos para llegar a donde están y comentaba que había otros muchos que tendrían que afrontar en adelante. Bien, éste es uno de ellos.

El relanzamiento es un recurso insostenible a largo plazo. Hay grandes joyas cuyo valor es, además de jugable, ya histórico, y que no deben depender de que la compañía vuelva a sacar ese juego cada dos o tres generaciones. ¿Y cuando dentro de cien años alguien quiera jugar al primer Mega Man? ¿Y si quieren jugar a The Legend of Zelda: Ocarina of Time o Lufia II? ¿Y si, además, vamos aumentando la lista de juegos de manera acumulativa, generación tras generación? Resulta completamente insostenible.

Mamá, Papá, quiero jugar a ese juego del que tanto habláis

Pantalla de selección de fase del primer Mega Man.

No obstante, está claro que juegos como los mencionados, así como muchos otros, han de perdurar. Hace cuatrocientos años que se publicó El Quijote y nosotros podemos disfrutarlo al completo, sin ningún problema, y hasta traducido a infinidad de idiomas; y así con tantas y tantas novelas. ¿Cuál es la solución, entonces? Algo de lo que ya disponemos, en algunos ámbitos: las plataformas tipo Steam o Battle.net. Una cuenta virtual -que puede ser diferente para cada compañía- en la que uno pueda encontrar todos los juegos, por muchos años que tengan, comprarlos una vez y jugar cuando le apetezca, aunque sea tiempo después y en otra plataforma.

Todo esto se ve dificultado por algunas de las particularidades de los videojuegos, como que el software esté ligado a, y en ocasiones restringido por, un hardware en concreto, sobre todo en lo referente a consolas, algo que no ocurre en otros medios (como en la música con los CDs o en el cine con los DVDs, que se pueden utilizar en cualquier reproductor, independientemente de su fabricante). Esas particularidades no son en absoluto algo negativo, pero sí son en buena parte el motivo por el que los juegos de ordenador lo tienen más fácil en este sentido.

Por ejemplo, en su día compré StarCraft: Broodwar. De manera fortuita, el CD se rompió y lo perdí, pasando mucho tiempo sin poder jugar. Años después, Blizzard lanzó su nueva battle.net, en la cual fue suficiente que introdujera la clave para poder descargarme el juego tranquila y oficialmente cuando y dónde quisiera y en cualquier idioma. En su día también compré Banjo-Kazooie, pero ya no puedo jugarlo. Venía con fecha de caducidad; lo que tardase el hardware en quedarse obsoleto o en dejar de funcionar. De la misma manera, tampoco puedo jugar con inmediatez y medios actuales a grandes juegos que me perdí en su momento. Hablo haciéndolo de manera oficial, claro, no mediante emuladores que con demasiada frecuencia presentan alteraciones de los juegos o un rendimiento bastante pobre y sin garantías.

Mamá, Papá, quiero jugar a ese juego del que tanto habláis

Battle.net, antes y ahora.

Está claro que en los próximos años las consolas irán determinando su futuro. Por mi parte, espero que este tipo de plataformas vaya siendo más y más la norma para beneficio de todos, tanto de los usuarios como de las compañías. Y, a título personal, sólo puedo desear con ilusión, el tiempo dirá si también con demasiada confianza, que Nintendo presente una plataforma propia del estilo para su nueva NX.

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