Portada de "Una farsa sobre hielo" de Lynn Painter. | Fuente: Urano.
Portada de Una farsa sobre hielo de Lynn Painter.
Portada de «Una farsa sobre hielo» de Lynn Painter. | Fuente: Urano.

Una farsa sobre hielo ha sido una lectura mucho más tierna de lo que esperaba, porque detrás del fake dating, el hockey y todos los momentos divertidos que cabría esperar de una comedia romántica de Lynn Painter hay una historia sobre volver a encontrarse con alguien que fue importantísimo para ti y descubrir cuánto puede cambiar una persona con el paso de los años.

Dani y Alec fueron mejores amigos de pequeños, inseparables hasta que ocurrió algo que terminó alejándolos. Años después, Dani regresa al pueblo para vivir con su madre y su abuelo y se encuentra teniendo que empezar prácticamente desde cero. Y para ella eso no es precisamente sencillo. Su padre es coronel de la Fuerza Aérea y su vida ha estado condicionada por los cambios y por una situación familiar que hace que echar raíces y establecer relaciones duraderas resulte bastante complicado.

Por eso me ha gustado especialmente cómo se trata su llegada al instituto. Para Dani, empezar en un sitio nuevo no consiste simplemente en entrar por la puerta y buscar un grupo de amigos. Existe ese miedo constante a no encajar y a no saber hasta qué punto las personas que se acercan a ella lo hacen porque realmente quieren conocerla.

Y entonces aparece Zeus.

Una farsa sobre hielo: encontrar un lugar al que pertenecer

Lo divertido es que Dani no tiene ni idea de que Zeus, el chico convertido en una auténtica estrella del instituto y MVP de hockey, es en realidad Alec, su mejor amigo de la infancia. Y es bastante comprensible que ni siquiera se le pase por la cabeza: el Alec que ella recuerda era precisamente un desastre con los deportes. Ese contraste entre el niño que conoció y la persona en la que se ha convertido es uno de los detalles que más me han gustado.

A partir de ahí entra en juego la farsa y todo empieza a complicarse. Porque lo que en principio debería ser simplemente fingir una relación termina afectando a algo mucho más importante para Dani: su necesidad de encontrar un lugar al que pertenecer.

Esta ha sido probablemente mi parte favorita de Una farsa sobre hielo. Dani empieza a relacionarse con gente, a formar parte de un grupo y a experimentar esa sensación de integración que tanto necesitaba, pero al mismo tiempo aparece una inseguridad bastante dolorosa: ¿esas personas serían sus amigas si no estuviera fingiendo salir con Zeus? ¿Les cae bien Dani o les cae bien la novia del chico popular?

Ese miedo hace que el fake dating tenga mucho más sentido dentro de la historia y no sea únicamente una excusa para juntar románticamente a los protagonistas.

Y luego está Alec. Me ha gustado muchísimo ver cómo la relación actual entre ambos convive con todo lo que fueron de pequeños. No estamos ante dos desconocidos enamorándose, sino ante dos personas que compartieron una amistad importantísima y que ahora tienen que descubrir quién es el otro después de tantos años.

Lynn Painter mantiene además ese estilo ligero, lleno de diálogos, situaciones divertidas y tensión romántica que hace que las páginas vuelen. El hockey tiene bastante presencia, pero para mí el verdadero corazón de la novela está fuera del hielo.

Porque Una farsa sobre hielo habla de fingir una relación, sí, pero también de algo mucho más interesante: del miedo de Dani a que precisamente cuando por fin siente que está encontrando amigos, un lugar y alguien especial, todo pueda resultar tan falso como la relación que ella y Alec están representando.

Irati Egaña
Desde pequeña fui una ávida lectora, y tras mucho leer y escribir reseñas en mi blog, he conseguido acabar aquí de redactora.

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