
Con El juego de los deseos como precedente, Meg Shaffer nos trae una historia de una sinceridad entrañable y un amor honesto por lo que nos hace humanos, incluso y más allá de cualquier fantasía. La historia perdida es una novela de fantasía publicada por Stefano Books con la traducción de Marta Nieto Muñoz.
Como todos los cuentos, hay que empezar con…, érase una vez dos niños perdidos en un bosque. Pese a que todo el mundo buscó hasta debajo de las piedras, nadie pudo encontrar rastro alguno de ellos. Hasta que, a los seis meses, reaparecieron. Sin explicaciones, sin recuerdos, sin nada. Solo volvieron.
Quince años después, Rafe sigue sin recordar lo que vivió durante esos meses. Vive recluido en su cabaña, cual ermitaño, entre pintura, madera y flechas. Mientras tanto, Jeremy ha dedicado su vida a buscar a personas desaparecidas.
Con la muerte de su madre adoptiva, Emilie Wendell lo ha perdido todo. Hasta que descubre la existencia de una hermana gracias a un estudio genético. Y Jeremy, con sus extrañas habilidades, parece ser el único capaz de ayudarle a encontrarla. Para ello, Jeremy, Rafe y Emilie tendrán que adentrarse en el mismo bosque en el que ambos se perdieron de niños, el último rastro que su hermana dejó antes de desaparecer.
La historia perdida: ¿qué es lo que necesitas para encontrarte?
Perdido y desaparecido, magia e imaginación. Términos que podrían ser sinónimos entre sí, pero con cuyos matices Shaffer juega constantemente. Los relatos en los que uno o más niños se pierden y acaban en un mundo de fantasía no escasean. Ahí tenemos a los niños perdidos, los hermanos Pevensie, Hansel y Gretel, Alicia, Dorothy y a un buen puñado de protagonistas de cuentos de hadas. Pero, ¿qué ocurre cuando ya eres un adulto? ¿Las puertas de ese mundo de fantasía seguirán abiertas para ti?
Cuando son niños los que viajan a un mundo de fantasía es más fácil tomarlo como algo literal, como si fuera una puerta destinada a ellos. Al tener a tres adultos como protagonistas, la frontera entre imaginación, fantasía y realidad se diluye. Me pregunto si ese es el motivo por el que los niños no podían volver a Nunca Jamás como adultos. La fantasía dejó de ser algo literal y el camino hacia la segunda estrella a la derecha, aunque seguía allí, dejó de ser visible para sus ojos. Se olvidaron de cómo volar por el peso de la realidad.
Shaffer nos pone por delante la historia de unos críos que estuvieron perdidos, pero ya no. De una niña que nunca estuvo perdida, hasta que lo perdió todo. Y crecieron, pero siguieron sin encontrarse hasta que una cruzada imposible y una puerta mágica se toparon en sus caminos. La historia perdida no se toma muy en serio a sí misma en cuanto a fantasía, no más que lo que se espera de un cuento de hadas. Y es parte de uno de sus mayores encantos. Crea un entorno amable, una tragicomedia a veces, en la que conceptos como la familia, la identidad y la necesidad florecen.
La pérdida y estar perdido son dos duelos diferentes, pero a veces van de la mano, o uno desemboca en el otro. Shaffer explora los caminos que surgen en base a esos dos conceptos a partir de memorias y cuentos de hadas. También mediante vínculos y hechizos. Entremezcla todo y, aún así, todo queda muy claro. El fondo, la moraleja o como prefieras llamarlo, cala hondo gracias a unos personajes que se descubren a sí mismos mientras sueñan, se pierden y se encuentran. Marca la diferencia entre el deseo y la necesidad y, entre medias, una vía para alcanzar la felicidad.
Shaffer y el poder de los vínculos
Al igual que en su novela anterior, Shaffer pone el foco en la familia, la encontrada, la elegida y las mil formas erráticas que hay de llegar a ella. Tu familia puede ser tu madre biológica, tu madre adoptiva, un cuervo rojo, una rata, tu amigo de toda la vida, una hermana a la que nunca conociste por las circunstancias o un compañero de viajes cuyas experiencias en común forman un lazo irreemplazable. Bien dicen que cada familia es única, y es trabajo de cada uno dar con ella y cuidarla.
De la misma forma, la autora explora el perdón como una decisión personal, no obligatoria. Sanar es el camino que todos deberían seguir para verse a sí mismos, pero eso no quiere decir que tenga que pasar por otorgar un perdón obligatorio. Perdonar es un acto que afecta a la felicidad en base a lo que las experiencias y procesos de cada uno requieran.
El desarrollo de la trama romántica, con sus juegos de memoria, movidas temporales y demás, es conmovedor y mágico. Pese a lo intrincado de todo, hay una simplicidad muy bonita.
—Enamorados —respondió, con toda la sencillez del mundo—. Aunque cueste creerlo. Y quizás no te lo creas —Lo agarró por la parte de atrás del cuello y tiró para plantarle otro beso, esta vez sin ninguna excusa, sin ningún enemigo al acecho. Un beso porque sí.
La historia perdida de Meg Shaffer.
La novela está plagada de pequeños diálogos y momentos que (re)construyen relaciones que se creían perdidas, viejas amistades que se convierten en nuevas, unos lazos familiares que mutan, se rompen o se solidifican con el tiempo. Y un amor que sobrevive a todo.
La historia perdida es una novela honesta y empática que, aunque no se toma muy en serio a sí misma a la hora de pedir deseos a las estrellas, tiene el corazón bien enraizado y una voluntad de hierro.

























