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Sillmarem: Gambito de Dama, de Gabriel Guerrero Gómez |
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Guerrero salda con nota muy positiva su estreno. Ya tenemos un apellido más que incluir a la pujante lista española actual de la ciencia ficción. |
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El pasado 4 de diciembre, Fantasymundo anunciaba la recepción de un ejemplar promocional, previo a su publicación definitiva prevista para 2007, de la que se anticipa como la saga Sillmarem, firmado por Gabriel Guerrero Gómez y editado por Transversal (en su línea de Ciencia Ficción), sello editorial creado en 2002 por Equipo Sirius. Recordemos que esta editorial se caracteriza por publicar autores españoles o hispanohablantes, demostrando así la calidad y talla de las creaciones nacionales, capaces de traspasar nuestras fronteras. Prueba de ello es el amplio catálogo que acumula la editorial y las interesantes novedades que anuncia para este año.
Finalmente, nos han remitido el ejemplar definitivo que ya está en todas vuestras librerías habituales. Se ha conseguido un producto final de buena factura, como nos tienen habituados, con cómodas solapas que nos ayudan a manejar mejor en nuestras manos este voluminoso libro y no despuntar los bordes.
Bien, antes de adentrarnos en la historia que se nos ofrece, repasemos algunos detalles.
La editorial, en su línea de ciencia ficción, no olvida la space opera, y para ello nos está ofreciendo obras tales, que a su manera cada una, no se deben olvidar: “Mundos en la Eternidad”, de J.M. Aguilera y Javier Redal, y “El tercer nombre del Emperador”, de Víctor Conde. Para este último significaba su primera novela y, ahí donde le ven, con su segunda novela quedó finalista del premio Minotauro de 2004.
Transversal, de nuevo, cuenta con los servicios del reconocido ilustrador Manuel Calderón, bajo el sello Calderon Studio, para elaborar una representativa portada, donde se nos presenta la visión de un Homofel y unos títulos capitalinos sobreimpresionados en una porción de espacio sideral, que nos hace anticipar el entorno en el que nos vamos a mover. Asimismo, el interior cuenta con extras muy vistosos y que nos ayudarán a sumergirnos en este nuevo universo, diseñados y maquetados por David Ruiz.
Otro aspecto que llama la atención es cómo ha sido titulada esta primera entrega: “Libro I. Gambito de Dama”. Esta expresión, en su argot, describe una apertura de ajedrez que propicia multitud de variantes, aunque un gambito, por sí solo, significa ofrecer en sacrificio una pieza para conseguir una posición favorable. Los ajedrecistas seguro que nos hablarían mucho al respecto, pero aquí queda claro la proposición que se nos hace: nos adentramos en una trama que promete ser similar al de una partida de ajedrez. Lo veremos.
Por último, ¿quién es Gabriel Guerrero Gómez? Por lo que he logrado averiguar foreando, y se nos anticipa en un breve currículum vítae, es un autor que se estrena con esta novela, elaborada a lo largo de diez años (paradas incluidas). Nacido en 1971, muchas son sus influencias, aunque declara quedarse con los clásicos foráneos: Frank Herbert, Isaac Asimov, Robert A. Heinlein, Philip K. Dick, Arthur C. Clarke, J.R.R. Tolkien, Ayn Rand y Morris West, entre otros, y en esta novela eso se percibe, deteniéndome en ello más tarde.
Con estas premisas, se abren, pues, unas sugerentes 500 páginas, que si bien están siendo promocionadas con una breve sinopsis que se anticipó en Fantasymundo, ese texto más parece un mini prólogo a todo lo que ha de acontecer. El libro está acotado en 72 cómodos capítulos, todos bautizados con un nombre ligado a su trama, una sugerente ilustración y una pequeña máxima o reflexión que se apunta como creada por alguno de los personajes, en especial del Conde. Casi todas versan en torno al género humano, pesando un expresivo pesimismo por cuán despiadado y cruel puede llegar a ser el hombre llevado por pasiones tales como el poder o el dinero. Sólo la meditada observancia, el silencio bien administrado y la virtud de ser comedido en todo, son algunos de los consejos que se ofrecen en contrapartida por los maestros.
Este libro I de Sillmarem es una novela de aventuras de ciencia ficción, lo que en el género se denomina como una <<space opera>>. Que, entonces, nadie se engañe ante su contenido, ni le pida otra cosa. Esto es, prima la acción sobre cualquier otra premisa (y hay mucha; tal y como se describe habitualmente en los videojuegos, aquí hay para 12 horas de lectura y entretenimiento), y este subgénero puede permitirse más licencias que otros. Aquí, esta space opera, como se está percibiendo en los últimos tiempos, se fusiona con múltiples elementos de fantasía, otra de las patas de la mesa que conforman el Fantástico. Las herramientas con las que contaba el autor eran múltiples y variadas, pero él se centra en manejar un par de ellas (un enfrentamiento bélico de magnitudes cósmicas y la velada posibilidad de conseguir la inmortalidad como arma definitiva), aunque nos salpique la narración con múltiples guiños a muchas referencias y elementos de la ciencia ficción. Esto hace que el autor apueste por un nicho de lectores muy concreto, ya que se ha inclinado por un corte conservador, dados otros títulos con los que va a convivir en el panorama actual. Extendiendo los años dorados que acumula nuestra literatura, se mezcla lo clásico con las tendencias que se apuntan desde mediados de los noventa, con una excelente presentación de personajes que de por sí demandarán muevas historias.
Se nos presenta un vasto universo poblado por hombres y demás subseres, fruto de un planeta germen llamado Terra-Mater, que nos clarifica desde un principio el origen de estos seres humanos, aunque se nos antoja perdido en la lejanía de los tiempos. La forma de fragmentar los muchos mundos se realiza, entre otros, mediante denominaciones tales como Sistemas Fronterizos, Interfederación, Alianza de los Siete Señores y el inevitable Imperio, a cuya cabeza se coloca un Imperator de voraz hambre de conquista más allá de sus territorios. Y éste será el lev motiv de la historia, la maquinación por parte del Imperator, Viktor Raventtloft I, y su sobrino, el Conde Alexander Von Hassler Raventtloft, de un plan que los erija sobre todo el orbe (aunque cada uno de ellos sueñe con hacerlo en solitario).
Gabriel Guerrero nos sumerge desde la primera página en una de las que van a ser tres historias que correrán paralelas hasta converger en el tercio final del libro.
Primero, en la arena de un circo de gladiadores, vemos cómo ofrecen al Conde poder hacerse con una raza creada de forma artificial, los Homofel, que aúnan las cualidades potenciadas de hombres y felinos. Aprovecho, ahora, para el inciso de apuntar que Gabriel salpica el texto con abundantes vocablos inventados mezcla de dos términos; también usa otros con abundantes raíces griegas o bien utiliza a menudo palabras compuestas unidas mediante guiones. Bien, como decía, descubrimos un ejército potencial en manos de un hombre que persigue en última instancia elaborar un elixir prodigioso destilado del Vignis, mineral milagroso en el que todo el sistema fundamenta su energía. Es decir, Gabriel nos presenta una muy similar melange, la especia del Dune de Herbert que tanto ha inspirado a nuestro autor, y de la que tantas cosas dependen de manera vital en ambas novelas.
La segunda subtrama nos presenta a Valdyn, el príncipe heredero del mítico planeta Sillmarem, que cumple sus últimos años de formación en una Academia ubicada en un planeta lejos de su tierra. Este joven y su grupo de compañeros, cadetes e hijos de grandes dignatarios de otros tantos planetas como él, van a planear una aventura juvenil que está relatada, precisamente, en ese tono, como si fuera para un público muy objetivo. A lo largo del desarrollo de esta historia podemos ver hacia dónde apunta el autor y que en algunos pasajes parece quedarse en eso, una aventura post-adolescente. Junto al príncipe Valdyn, destaca un personaje femenino, Sarah Seberg, quien ganará en protagonismo según avancen las páginas.
La tercera historia la protagoniza Rebecca, emparentada familiarmente con Valdyn. Ha de asumir una importantísima misión: portar la información necesaria que permita a los “buenos” anticiparse a los planes del pérfido Conde. Ésta se embarca en un viaje plagado de peligros y amenazas a los que tendrá que hacer frente con sus fieles compañeros y con aquellos que conocerá en su periplo. Saltando por entre varios planetas, se cruzará con razas ancestrales poseedoras de poderes y ritos propios y se aliará con quienes la ayudan a salir milagrosamente de situaciones mortales.
Y, poco más, porque si sigo cuento el desenlace y ya está todo descubierto. ¿Qué quiero decir con esto? Que Gabriel, buen aficionado, ha cogido el “Manual” y ha seleccionado ingredientes con los que elaborar su receta propia: identidades ocultas, lazos familiares y amistades fraternas, influencia de tutores-maestros, inmortalidad obtenida gracias a milagrosos elixires, poderes potenciados, razas mutadas, escudos heráldicos que describen familias de ancestrales linajes, batallas y combates cuerpo a cuerpo,... y ha insuflado su talento imaginativo mediante una narración, correcta, rica y fluida. Casi de manera académica, ha creado una historia, la ha desarrollado y la ha cerrado sin errores aparentes. Y a la hora de escribirla, lo mismo. No se ha arriesgado y ha querido que lo escrito estuviera bien (despacito y buena letra). Todas las frases parecen haber sido revisadas, aquilatadas y adornadas con buena caligrafía, semántica y adjetivación. En un estilo muy formal y con multitud de giros que nos suenan a todos los que leemos este tipo de novelas (sobretodo las traducidas), no desentona en ningún momento y todo ese derroche de acción, en cuyo epicentro se nos quiere colocar, consigue que las 500 páginas pasen sin aburrirnos o sacarnos del destino hacia el que se nos conduce. A mí, siendo la primera novela del autor, me parece más que suficiente para quitarme el sombrero y elogiar el mucho trabajo que destila la obra. El olor, zumbido y fragor de las batallas es transmitido con mano diestra y segura. Sin embargo, estoy seguro de que pasado este examen de estreno, Gabriel dará más, administrará mejor sus recursos y nos ofrecerá una prosa con más peso, más densa y con más sabor. Esto es como aquel padre exigente que le pedía mucho más a su hijo cuando traía buenas notas a casa, sabedor de que podía alcanzarlo.
Lo que se podría añadir ahora son matices complementarios tales como la acertada inclusión de decenas y decenas de personajes, que no es que ahoguen a los principales, sino que son utilizados para ayudar a llevar en volandas las escenas. Éstas, una tras otra, se suceden a un ritmo que, si bien permite paladear también los escenarios, al final vemos que se rompe y determinadas situaciones las arregla el autor de manera más celérica que al principio. Sin embargo, repito, se consigue recrear perfectamente en nuestra imaginación todo lo que Gabriel nos propone. Y es esto lo que se lleva toda la artillería, porque los personajes protagonistas, a excepción del Conde (como ocurre muchas veces, sus oscuros propósitos nos atraen cautivadores), a veces son (o sienten) de manera muy similar, sin diferencias, o son previsibles a cómo la situación les exige. De ahí que apuntaba que el libro claramente apuesta por la acción y las aventuras, y ahora añado que lo hace de manera blanca y muy clásica. Los protagonistas y sus pensamientos no acaban de calarnos hondo, y es como si nos quedáramos a medio camino, pero esto no es malo. Así está prefijado. Por eso advertía que nadie se llame a engaño respecto a lo que ofrece.
Pero, lo de clásico no es ya sólo por el formalismo a la hora de escribir de Guerrero, sino por la estética que ha elegido; de la literatura toma prestado mucho al Dune antes citado. Sillmarem aparece como un planeta árbitro, ahora y siempre, de las contiendas de sus vecinos circundantes y defensor de la vida; en la narración llega a vincularse al pueblo de las islas con los atlantes de la Terra-Mater. Su casa real, al más puro estilo Atreides, es todo un espejo donde se reflejan justicia y sabiduría, que no se arruga ante el Imperio. Grecia está presente por doquier, en lenguaje, nombres y civilización, impregnándolo todo. Ésta civilización se solapa con influencias romanas (la madre de todos los imperios) y con los ecos del tardío Imperio Austrohúngaro. Parecen, también, verse retazos del mejor Naboo que se describió de mejor manera en las versiones noveladas de la conocida precuela de Star Wars. Pasan ante nuestros ojos antítesis tales como torneos medievales y planetas de civilizaciones con supertecnología. Gabriel Guerrero, a la hora de decidir por dónde inclinarse, elige mayor peso para los tintes de fantasía. Y consigue como resultado, un universo nuevo en su conjunto, coherente, multicolor y con infinidad de posibilidades para desarrollarse en el futuro (tarea en la que se encuentra el autor, según ha manifestado). Su gusto por los parajes naturales y las relaciones entre los aristocráticos protagonistas tienen un regusto tolkeniano, y a cómo fue llevado a la pantalla por Jackson. De hecho, la práctica totalidad del libro transcurre en las superficies de los planetas.
Al sentido de la maravilla contribuye Guerrero con una imaginación que esconde, en ocasiones, su opinión al respecto de algunos temas, poniéndola en boca de los personajes principales. Quizá se entrevea una reflexión por parte de Gabriel cuando nos presenta a unos Homofels que, distintos a todos los demás, reclaman un hueco para ellos. Cuántos, sintiéndose distintos, buscan día a día encontrar su espacio.
Concluyendo, Guerrero salda con nota muy positiva su estreno. Ya tenemos un apellido más que incluir a la pujante lista española actual; muchos tendrían que quitarse las orejeras y ver que el género, el mercado, los escritores y los lectores se verán proporcionalmente beneficiados con todos estos nombres y una mayor producción. Esta novela, no es que sea para lectores del siglo XXI, sino que lo será también para los del XXV y para los del XXX, como lo es para nosotros la Iliada o la Odisea.
Tras la lectura, queda la impresión de haber asistido a una historia sencilla y de haber encontrado, sin embargo, un profuso relato lleno de mil detalles. Ahora, Gabriel Guerrero, viene el terrible ejercicio de saber administrar lo acumulado y retar a la imaginación para crear una nueva historia que merezca ser contada.
Ya tienes un fan y muchos más se apuntarán, seguro; espero tu desarrollo, suéltate, ensaya con nuevas escrituras (nuestros clásicos de todos los géneros son excelentes profesores) y mójate en tus especulaciones. Tienes buen bagaje, las maneras excelentes, y un público que siempre está ávido de descubrir nuevas aventuras.
(R) Jaime Santamaría de la Torre, enero de 2007.
http://www.escenafinal.com
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