Portada de "La reina" de Jennifer L. Armentrout, publicada por Titania.
Portada de "La reina" de Jennifer L. Armentrout, diseñada por Luis Tinoco. | Fuente: Ediciones Urano.
Portada de "La reina" de Jennifer L. Armentrout, publicada por Titania.
Portada de «La reina» de Jennifer L. Armentrout, diseñada por Luis Tinoco. | Fuente: Ediciones Urano.

Tras los acontecimientos de El rey, las expectativas puestas en esta última parte de la trilogía eran bastante altas. Y, en este caso, esa anticipación no fue para bien. La reina se convierte rápidamente en una historia diluida se pierde en sí misma.

Es como ver un medicamento diluirse tanto que ya no es más que mera homeopatía.

La reina cierra el spin-off de Cazadora de mariposas escrito por Jennifer L. Armentrout. Bajo la publicación del sello Titania, ha contado con la traducción de Tamara Arteaga y Yuliss M. Priego, y el diseño de cubierta de Luis Tinoco.

Después de haber pasado meses encerrada y torturada —tanto mental como físicamente— por el antiguo Aric, Brighton tomó el último aplomo de sus fuerzas y logró asesinarle. Completando así su tan buscada venganza. No esperaba sobrevivir, pero Caden la encontró cuando estaba en las últimas.

Ahora tiene que hacerse de nuevo con su vida, superando el trauma agobiante que es la presencia de Aric en su mente, el peso de hacer lo correcto y la responsabilidad de un embarazado secreto e inesperado.

La mayor virtud del libro se encuentra en la forma de reflejar y tratar el estrés postraumático. Tras la tortura que tuvo que vivir Bright durante meses, verla enfrentarse a las secuelas, al terror y a los ataques de pánico es esclarecedor.

Los traumas no desaparecen por sí solos. A veces no lo hacen nunca. Pero Bright se esfuerza y lucha. Siempre. Incluso si hay días malos, los supera con ayuda y esfuerzo. Con la mente centrada en los días mediocres y los alegres, en cada pequeño detalle que la aleje del pozo en el que Aric intentó engullirla.

Sin embargo, ahí se queda todo. Con la muerte de Aric, toda la trama relacionada con el conflicto de las cortes se convierte en polvo y la crisis se resuelve de forma abrupta y prácticamente irrisoria. Y la cuestión del papel de Bright en relación con la Corte de Verano acaba en ninguna parte.

Durante mi reseña de El rey, escribí que en ese momento no habían ahondado tanto en las tensiones políticas, los problemas enquistados y los enfrentamientos que podían surgir mediante la existencia de Caden y Bright. Que, teniendo en cuenta las circunstancias, eran cuestiones que podían señalarse con mayor profundidad más adelante.

Después de todo, en ese momento no era algo estrictamente necesario puesto que la mente de Bright estaba, definitivamente, en otro lugar.

Pero aquí, en La reina, sí era necesario. La trama de acción desaparece, dando espacio a una narrativa más palaciega. Algo que al final se queda en nada. Apenas se roza la dicotomía con las cortes ni cuál podría ser el papel de Bright más allá de ser una guerrera.

Los personajes, incluso los protagonistas, pierden peso y carácter, dando una impresión aún más vaga.

En general, no es que la trilogía esté compuesta por libros muy largos, precisamente. Si los juntamos todos, como mucho llegaría al computo de páginas de De sangre y cenizas. Pero aún en su brevedad, cada libro tenía su propio encanto.

No obstante, La Reina no encuentra su lugar, su magia particular. Es el hechizo mágico que se escacharra con las últimas palabras mágicas.

Carolina de León
Periodista, camarógrafa y escritora. Con muchas historias que ver, relatos que escribir y memorias que vivir.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.