Portada de "El rey" de Jennifer L. Armentrout, publicada por Titania.
Portada de "El rey" de Jennifer L. Armentrout, diseñada por Luis Tinoco. | Fuente: Ediciones Urano.
Portada de "El Rey" de Jennifer L. Armentrout, publicada por Titania.
Portada de «El rey» de Jennifer L. Armentrout, diseñada por Luis Tinoco. | Fuente: Ediciones Urano.

Tras los acontecimientos de El príncipe, tiene lugar El rey. Spin-off de Cazadora de hadas de Jennifer L. Armentrout, autora de otras sagas como De sangre y Cenizas, Mestiza y Elementos oscuros y publicado por Titania.

¿Quién iba a decir que la vida de Brighton Jussier podía volver a la normalidad? O, al menos, toda la que puede tener una persona que dedica las noches a una cacería sin fin. Después de que Caden fuera proclamado rey de la Corte de Verano, Bright decidió dejar cualquier relación con él como un episodio bien cerrado.

Se centró en su objetivo: perseverar en su búsqueda del antiguo que asesinó a su madre, sin importar lo mucho que Caden la incordie. Sin embargo, el destino y la venganza pueden enredarse de forma tóxica. ¿Tendrá Bright la fortaleza suficiente para sobrevivir a lo que le espera?

Es curioso como un libro tan pequeño puede acarrear entre sus letras tantas cosas, llevando al límite sus fortalezas. Armentrout aprovecha el cúmulo de situaciones críticas para sacar a relucir que la supervivencia no tiene una única forma de ser, sobre todo cuando hablamos de la mente, del espíritu. La retórica de que la resistencia está siempre alimentada por la esperanza, por más marchita que esté, aquí se retuerce y se desfigura.

Existen determinados elementos que recuerdan a títulos dramáticos como «Red River»: historias en las que el poder, la autoridad y el amor van por caminos diferentes que rara vez convergen. Armentrout podría haber ahondado más en esa división durante el desarrollo de la novela, aunque parece que ese trabajo le va a tocar a la tercera parte de la saga: La reina.

A efectos prácticas no lo necesita, no aún. Aprovecha todo el imaginario colectivo que existe respecto a miembros de la familia real relacionándose con quien «no deberían», poniendo en peligro su posición y el status quo de su nación. Armentrout deja todas esas ideas desligadas en el aire porque su objetivo aquí es la lucha de Bright. Sin embargo, le habría venido bien algo más de fondo, aunque fuera a través de los matices de los personajes.

Todo se centra en Bright, en la fortaleza de su mente más allá del cuerpo, en la destrucción del concepto de guerrera como esa mujer que se sale de la norma por poder romper ladrillos con la cabeza. Que, ojo, no es una crítica a esos personajes. Es el recuerdo de que hay más de una forma de mostrar fortaleza, igual que cualquier persona con un cuchillo en la mano y la voluntad de usarlo desde ser tomada como un peligro potencial.

El rey no es una historia de renacimiento ni de iluminación repentina. No es que la protagonista se transforme de repente, por magia potagia. En su lugar, Armentrout muestra a una protagonista inconforme con la derrota, a la que intentan destrozar una y otra vez, tanto a nivel físico como emocional y mental, y aún así se esfuerza por rearmarse sin descanso.

Carolina de León
Periodista, camarógrafa y escritora. Con muchas historias que ver, relatos que escribir y memorias que vivir.

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