Un estudiante japonés de ingeniería eléctrica perteneciente a la Universidad Nacional de Yokohama acostumbraba a disfrutar junto a sus compañeros de Wizardry, una saga de juegos de rol de relevancia en la década de los 80. Fue entonces cuando se dejó seducir por el universo entorno al videojuego y emprendió la aventura que sería fundar Squaresoft junto con Masafumi Miyamoto, quien desde aquel instante sería su socio. El comienzo de la empresa sucedía en septiembre de 1983.

Tras la creación de títulos ajenos al éxito, la compañía se precipitaba al vacío ante deudas, fracasos comerciales y la sombra de la quiebra. Con apenas 25 años, quien respondía al nombre de Hironobu Sakaguchi materializó la que sería su «fantasía final». Su intención era fusionar la magia de la narrativa cinematográfica con los elementos interactivos propios de los videojuegos.

No gocé de la fortuna de saborear la entrega original, pero sí que he sostenido entre mis manos el remake Final Fantasy: Dawn of Souls. Aún recuerdo con emoción el increíble escenario que se desplegaba ante mí tras dejar a mi espalda Cornelia. Esa misma sensación se repetía al abandonar Svalna. Un mundo hostil a la par que inexplorado.

The Alliance Alive nos sitúa en una de las células de la resistencia frente a los demonios que han doblegado el planeta, habiéndolo dividido mediante corrientes oscuras. Los humanos se encuentran divididos a la merced de un cielo que cesó de lucir su característico color azul. En su comienzo, la historia es introducida con demasiada brusquedad y desplaza al jugador fuera de su sintonía. Tras el prólogo, uno de los protagonistas que nos acompañará a lo largo del viaje sufre un fatal accidente; sin embargo, apenas se ha establecido un vínculo emocional entre este y nosotros, ocurriendo el hecho sin especial relevancia. Respecto al hilo narrativo, el factor más merecedor de alabanza es la presentación de personajes, llegando a ejecutar giros sobre el eje cronológico para conectar los destinos de los distintos héroes.

En el intento de alcanzar sus objetivos y el final del camino tendrán que superar multitud de enfrentamientos. No se dará pie a un combate a menos que entremos en contacto con un enemigo, que normalmente arremeterá contra nosotros si entramos en su campo visual. The Alliance Alive combina el clásico combate por turnos junto con un posicionamiento estratégico. La mecánica de la formación está sustancialmente desaprovechada mientras hacemos uso de equipos pequeños, más concretamente, con dúos.

A pesar de ello, enriquece las batallas colocando otro factor en el tablero de juego a tener en cuenta. El sistema de habilidades sigue el extendido método de inversión de puntos en adquisición de mejoras. Si algo destaca en este apartado es la libertad que brinda, pudiendo especializar a cada personaje en el tipo de arma o estilo de pelea que más efectivo considere cada uno; lo que significa que el mismo personaje es capaz de sostener una lanza como el mismísimo Odín con su mítica Gungnir en la versión que tú has desarrollado, mientras que en la mía blande espadas como si se tratara de Excalibur en manos del rey Arturo. No menos importante es el cómo acontece la adquisición de nuevos movimientos, produciéndose el evento de manera aleatoria al empuñar y emplear un tipo específico de arma. Además, la incorporación de una cámara rápida agiliza gratamente los combates rutinarios.

En cuanto a supervivencia, cada vez que uno de nuestros congéneres caiga en combate, perderá temporalmente una cantidad parcial de sus puntos de vida; lo que supone que cada derrota a nivel personal atraerá el fracaso a nivel grupal. El diseño seleccionado te obliga a mantenerte alerta y proceder con cautela. El inconveniente radica en la gestión de los hostales destinados a la recuperación del grupo (uno de los elementos que inspiró el anteriormente mencionado Final Fantasy). Son los establecidos en la ciudad los que exigen un pago a cambio de sus servicios, siendo esta la parte comprensible; mientras que por otro lado se despliegan las torres de gremio, erguidas para ofrecernos su ayuda en el fragor de la batalla. Nos las cruzaremos en mitad del mapa y nos permitirán descansar de forma gratuita, además de reponer nuestro inventario mediante la tienda. El problema reside en que esta disposición nos despreocupa como organizadores de una expedición y nos redime de elaborar correctamente la preparación previa. Es un salvavidas cuya presencia genera demasiada comodidad.

Ahora bien, ¿cómo se adapta el apartado técnico al conjunto? Las cinemáticas aportan dinamismo al progreso narrativo, de igual modo que funcionan como punto diferenciador entre los distintos capítulos. No obstante, las bandas negras empleadas en mostrar las conversaciones restan una cantidad considerable de espacio visual que disminuye el disfrute de las escenas.

La presencia de personajes secundarios distribuidos por las múltiples localizaciones otorga riqueza crónica al relato, aunque la interacción con los susodichos pierde interés al no ofrecer más que un par de líneas de guion predeterminadas. En el polo opuesto se disponen los integrantes de la rebelión, sometidos a nuestro control, que desde el primer instante desprenderán carisma y encanto. Mas no será lo único causante de fascinación a nuestros sentidos; la banda sonora creada por Masashi Hamauzu, conocido por su trabajo para Square Enix, describe melódicamente con elegancia las situaciones y sensaciones acaecidas.

Así es dable llegar a la conclusión de que The Alliance Alive se erige como un juego que excava hasta confeccionar una cavidad en la que quedarse con nosotros; más palpable aun es su presencia si tenemos en cuenta que, incluyendo este, la lista de títulos lanzados al mercado en 2018 para Nintendo 3DS tan solo abarca 55 juegos (según datos proporcionados por Vandal). Si bien cabe la posibilidad de que la inexistencia de su versión física en Europa decepcione a algunos, muchos deberían experimentar la dicha de vivir las aventuras que The Alliance Alive encierra.

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