Rafael Alberti

Este año, no sé por qué, pasan por mi mano numerosos libros de -o sobre- Rafael Alberti (El Puerto de Santa María, 1902-1999). Lejos ya de cualquier efeméride o celebración sobre su figura, y sin que medie un interés especial, parece algo más que casualidad que, al menos una vez al mes, venga a mí un ejemplar de su poesía. Esta vez me ha tocado, ahí es nada, recibir el primer ejemplo lírico de su exilio italiano: ‘Roma, peligro para caminantes’ (Cátedra, 2021).

Originalmente publicado este poemario en el México de 1968, tuvo una segunda edición, ya española aunque mutilada, en 1974. Esta de 2021, ahí es nada, respeta la original, la amplía con nuevos textos (borradores de los poemas, un estudio introductorio y un apéndice con borradores y aparato crítico; todo a cargo de Luigi Giuliani) y nos la presenta, como es costumbre de Cátedra, al alcance de todos los lectores. Oportunidad imperdible dónde las haya.

A tal ocasión contribuye el que estemos, con estos poemas, ante uno de los Alberti más heterogéneos, dinámicos, vitalistas y ricos de su obra. Lo cogemos en un momento de su vida dónde la Argentina derechizada e intolerante lo ha “invitado” a marcharse. Italia lo recibe, discreta, en su ciudad eterna. Y él, experimentado en exilios y mudanzas, llega con su casa a cuestas hasta el 20 de Via di Monserrato. Allí se asienta de inicio y conoce, abierto de brazos y ligero de pies, a una ciudad de la que destaca, en un primer momento, a sus gatos, su basura y sus meados.

‘Roma, peligro para caminantes’ es un poemario hermoso, con un léxico rico y unas imágenes muy heterogéneas

Lejos de ver esto como algo negativo o decadente, Alberti se aproxima a estos rasgos con la perspectiva receptiva que le hace mirar a aquella urbe como una ciudad viva y humana. En sus poemas se percibe el contraste, vívido en extremo, entre la Roma de las postales y los turistas, pulcra y santa, y la Roma real y material tan claramente percibida por este flâneur exiliado. De ahí su gusto por las personalidades religiosas (curas, monjas y cardenales), los edificios históricos o las hermosas fuentes como símbolos a los que desacralizar de las más variopintas e insistentes maneras.

Es así como el poeta malagueño nos intenta presentar “otra Roma”, una ciudad distinta a la oficial, más imperfecta, más concreta, más próxima a la realidad que conocemos de otras tantas urbes; y a la vez tan distinta de la Roma de la “imaginería” oficial.

Poemario dinámico

Portada de Roma, peligro para caminantesNo obstante, este es también un poemario dinámico. Publicado originalmente en 1968, se comenzó a confeccionar prácticamente desde el momento en que Alberti llegó a Italia en 1963. Esto hace que, en el devenir de sus poemas, también percibamos el cambio en el espacio-tiempo de la voz lírica.

El flâneur de los primeros poemas va reduciendo la intensidad de sus trayectos. De recorrerse Roma de punta a punta pasa a, prácticamente, enclaustrarse entre los límites del barrio de Trastévere; de ser un intenso caminante, pasa a ser un cansado y envejecido poeta cuyos paseos son tan dolorosos como infrecuentes; de vívido admirador de la imperfección Romana, pasa a ser un angustioso sufridor de sus rotundos silencios y de sus densas oscuridades; de una voz poética divertida, dinámica y vitalista, pasa a ser la de un hombre achacoso con miedo a los exteriores, a la enfermedad y a la muerte.

La transición es perceptible y suave. El poeta hace un ejercicio de progresión que lo lleva más a vivir en el pasado que en el presente, a recordar a otras figuras de su vida romana (la última y más tardía de las cuatro partes del libro, “Poemas con nombre (escritos en Roma)”, así nos lo atestigua), o a sustituir el tono humorístico y las referencias eróticas iniciales por los dolores de las articulaciones (“Artrosis”) y los encuentros fantasmagóricos (“Tres nocturnos romanos con Don Ramón del Valle-Inclán”).

Gran manejo de distintos tipos de versos y composiciones

La riqueza de Alberti también está presente a través de su manejo de distintos y variados tipos tanto de versos como de composiciones. En este poemario tenemos sonetos, sonetos caudatos, poemas claramente influenciados por métricas y/o temas populares, referencias líricas a otros poemas o libros anteriores suyos o de otros autores (especialmente italianos) o inspiraciones basadas en sus propios proyectos o en las obras de otros (“La lozana andaluza” de Francisco Delicado o la obra satírica de Francisco de Quevedo están muy presentes), entre otros trazos muy interesantes.

‘Roma, peligro para caminantes’ (Cátedra, 2021) es un poemario hermoso, con un léxico rico, unas imágenes muy heterogéneas y que, precisamente por este antedicho dinamismo espacio-temporal de la voz poética, nos garantiza una lectura experiencial vívida en extremo; como era también Alberti.

Una edición por debajo de los estándares habituales en Cátedra

La pena es que la edición crítica se queda muy por debajo de lo acostumbrado en Cátedra. El trabajo de Luigi Giuliani es terriblemente escueto y descaradamente mojigato: el análisis formal es corto y concretísimo, el comentario paratextual se reduce casi a una breve biografía de cada una de las personas dedicatarias y, llamativamente, muchos de los rasgos que hemos apuntado aquí -y otros muchos- no se exploran con la profundidad y la osadía que en una edición de esta exigencia (a la altura de la colección en la que se publica) era de esperar. Los aspectos político-ideológicos (antifascistas) de un exiliado, los moral-religiosos de una voz poética que distingue claramente lo santo de lo profano y lo divino de lo humano, o los aspectos más claramente sexuales, se obvian o se pasan de puntillas.

Por suerte, la obra de Rafael Alberti alberga la calidad suficiente para trascender estos problemas de edición y, por sí sola, poseer un valor intrínseco más que a la altura para estar en la colección “letras hispánicas” de Cátedra y ser gozada por todos los lectores.

Yo, por mi parte, espero impaciente el conocer cuál será el próximo ejemplar del malagueño que el destino me traiga a las manos. Hagan sus apuestas.

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Filólogo, politólogo y proyecto de psicólogo. Crítico literario. Lector empedernido. Mourinhista de la vida.

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