
Hay libros que, desde las primeras páginas, sabes que te van a hacer pasar un buen rato. No es país para solteros ha sido exactamente eso para mí. Llevaba tiempo queriendo leer a Felicia Kingsley porque no dejaba de ver recomendaciones de sus novelas y, después de terminar esta historia, entiendo perfectamente por qué tiene tantos lectores. Ha sido una lectura muy divertida, muy fácil de disfrutar y de esas que consiguen sacarte una sonrisa casi sin darte cuenta.
Novela publicada por Newton Compton Editores y una traducción magnífica de parte de María Lobo.
La historia nos lleva hasta Belvedere in Chianti, un pequeño pueblo de la Toscana donde todo el mundo se conoce y en el que cualquier novedad se convierte en tema de conversación en cuestión de minutos. Allí conocemos a Elisa, una mujer que trabaja en los viñedos familiares y que llevaba una vida bastante tranquila hasta que Charles Bingley y Michael D’Arcy hacen acto de presencia. A partir de ese momento, el pueblo entero parece ponerse de acuerdo para buscarles pareja, aunque Elisa tiene claro que hay cosas mucho más importantes de las que preocuparse…, o eso intenta convencerse.
Desde el principio me gustó mucho la dinámica entre Elisa y Michael. No estamos ante un romance que nace de un día para otro, sino ante una historia que viene marcada por un pasado en común. Cosas que quedaron sin resolver y sentimientos que nunca llegaron a desaparecer del todo. Eso hace que todo se sienta mucho más natural y que quieras seguir leyendo para descubrir qué ocurrió realmente entre ellos. ¿Esta vez serán capaces de hacer las cosas de otra manera?
Otro punto que me ha gustado mucho es que la historia esté contada desde el punto de vista de ambos protagonistas. Me encanta cuando una novela romántica apuesta por las dos voces porque creo que ayuda muchísimo a entender cómo vive cada uno la historia. En este caso funciona muy bien porque no solo conocemos mejor a Elisa. También entendemos a Michael, sus dudas, sus decisiones y todo lo que siente a lo largo de la novela. Eso hace que sea muy fácil conectar con los dos.
Tengo que destacar algo por encima del romance: el propio pueblo. Me encantan las historias ambientadas en pueblos pequeños porque siempre tienen ese ambiente tan acogedor en el que todos se conocen. Todos opinan de la vida de los demás y cualquier secreto dura muy poco. Belvedere tiene exactamente esa esencia. Los vecinos, los cotilleos, las tradiciones y todas esas pequeñas escenas del día a día consiguen que el pueblo tenga tanta personalidad que termine convirtiéndose en un personaje más de la historia.
Me ha gustado mucho el humor. Hay situaciones realmente divertidas, diálogos muy naturales y personajes secundarios que aportan muchísimo. Son de esos que hacen que el libro tenga todavía más vida y que consiguen que algunas escenas sean incluso mejores de lo que ya eran.
Aunque el romance sea el eje principal, Kingsley también aprovecha para hablar de otros temas. De las expectativas que muchas veces los demás ponen sobre nosotros. Lo difícil que puede ser volver a empezar. Las decisiones que tomamos por miedo o por orgullo y de cómo, a veces, necesitamos alejarnos para entender qué es lo que realmente queremos. Todo ello sin perder nunca ese tono ligero que hace que la lectura sea tan entretenida.
Otro detalle que me ha parecido muy curioso, los guiños a Orgullo y prejuicio como una constante. Los nombres de Charles Bingley y Michael D’Arcy dejan bastante claro que Felicia Kingsley ha querido rendir homenaje a la novela de Jane Austen. A lo largo de la historia hay varias referencias que seguro disfrutarán quienes conozcan el clásico. No hace falta haberlo leído para disfrutar de esta novela, pero si lo habéis hecho creo que esos pequeños detalles tienen un encanto especial.
En cuanto al ritmo, es uno de esos libros que se leen prácticamente solos. Aunque tiene bastantes páginas, en ningún momento se me hizo pesado. Siempre estaba pasando algo que hacía que quisiera seguir leyendo un capítulo más. Cuando me di cuenta, llevaba horas completamente metida en la historia.
Y, por supuesto, sabía desde antes de empezar que la novela tiene una adaptación en Prime Video, pero soy de las que prefieren leer primero el libro y dejar la película para después. Me gusta llegar a la adaptación con la historia ya en la cabeza, imaginarme primero a los personajes y los escenarios y, luego, comparar cómo los han llevado a la pantalla. Ahora que he terminado la novela, tengo muchísimas ganas de verla y descubrir si consigue transmitir el mismo encanto que tiene el libro.
En definitiva, No es país para solteros ha sido una lectura que he disfrutado muchísimo. Tiene un romance que se cuece poco a poco, personajes con mucha personalidad, un montón de momentos divertidos y un pueblo del que es imposible no enamorarse. Es una de esas historias que te hacen desconectar, que consiguen que te encariñes de los personajes y que, cuando llegas a la última página, te dejan con esa sensación de que todavía te habrías quedado un rato más en Belvedere.
Si os gustan las comedias románticas con segundas oportunidades, pueblos pequeños llenos de vida, personajes que evolucionan y un toque muy acogedor, creo que No es país para solteros es una apuesta segura. Yo, desde luego, ya estoy deseando sentarme a ver su adaptación y comprobar si consigue hacerme sentir lo mismo que me ha hecho sentir el libro.

























