¡Ah, el viejo truco del título! Como los bises en un concierto. “Infierno” es el final de la trilogía vampírica de Carlos Sisí, iniciada con “Rojo” y seguida por “Fundación”, así que si pongo en el título algo como “Fundido a rojo”, doy sensación de final y señalo la narración cinematográfica de la serie… o algo como “This is the end”, la canción de los Doors, también funcionaría y hago un guiño a un personaje principal que se parece a Jim Morrison…

Decisiones.
Todo se basa en decisiones.

“Infierno” es el último viaje en el mundo de Rojo, un camino lleno de curvas hacia un final. Y en sus capítulos, cientos de decisiones. Elecciones que ponen a prueba a Sisí como narrador y creador, intentando rematar una trilogía que llega a las librerías año y medio desde el lanzamiento de “Rojo”. Mil quinientas páginas donde la historia se mantiene viva, mutando, cambiando.
Hasta aquí.
Su final.
El final del camino, del descenso al infierno del título. Y ahora, la gran (e inevitable pregunta): ¿ha merecido la pena?

Hablar de sinopsis, de argumento, en la tercera y última entrega de una saga, resulta complicado. Sin entrar en detalles, para evitar destripes, “Infierno” nos lleva de vuelta a un mundo paralizado por unos seres, similares a lo que entendemos como vampiros, que han desmontado nuestro sistema humano y social. Los humanos se intentan aferrar a una esperanza, con intentos de reconstruir una sociedad, un orden, algo que aporte una pizca de luz. Los vampiros, capitaneados por los Mogs de Tusla Edron, intentan finalizar sus planes, extender una oscura tormenta eterna.

El descenso al infierno.

“Infierno” sigue el hilo conductor de “Fundación”, pero no significa que se centre única y exclusivamente en ello. Si algo ha puesto de manifiesto la saga es la habilidad de Carlos Sisí como creador: Rojo, además de una historia de un grupo principal de humanos frente a las criaturas de Elexia y sus maquinaciones, es un vistazo a un mundo que cambia de manera radical, que ve como sus cimientos se sacuden y agrietan. Ahí es donde Sisí pone a funcionar sus habilidades, demostrando aterradoras y devastadoras facetas de ese mundo, un cristal que resiste, agrietado, al impacto que lo termine por romper del todo.
El inicio de “Infierno” es un buen ejemplo. Sisí apuesta por un arranque especial, después del tremendo final de “Fundación”. La aparición de dos personajes nuevos, como son Sappy y Neil, hace que afrontes “Infierno” con las miras abiertas. Nunca deja de crear nuevos ambientes, nuevos vistazos a un mundo cada vez más hostil y terrorífico. Iniciar un tercer y final volumen con dos personajes nuevos tan bien formados es un toque de clase y atención, dando una indicación clara de por dónde van a ir los tiros.

Que nadie se preocupe, tranquilos y tranquilas, fieles lectoras y lectores: los personajes protagonistas están ahí, aportando tanta alegría como sufrimiento por sus peripecias. Los personajes de Rojo han terminado por adquirir una interesante personalidad propia: son sólidos, llenos de matices, con visiones particulares y complementarias del conflicto.

Al igual que en las entregas anteriores, “Infierno” se estructura en capítulos que hacen avanzar la trama y los pequeños (o no tanto) interludios, en forma de relatos cortos, terroríficos disparos a bocajarro, que amplían el mundo. Hay algunos especialmente crudos, otros que recuerdan a viejos cómics de terror, a elementos de obras de Clive Barker, Lovecraft o el King más desatado… Variedad y mala leche.

“Infierno” es el final que la saga Rojo pedía. Y todo gracias a la valentía y oficio de su autor, capaz de arriesgar e innovar, aún cuando los cauces normales (si es que existe tal cosa) igual pedían que la historia virase por otros derroteros. Entonces no sería Rojo y no vendría de la mano de Carlos Sisí.


Como cualquier buen creador, Carlos Sisí es un receptor de referencias, de distinto tipo, que asimila conceptos e ideas y las plasma en sus obras, enriqueciendo y aportando contenido. En esta ocasión hay algunas claras y directas como “La cosa” y “Vampiros” de John Carpenter, unos guiños de “Pulp fiction”, “Mad max”, “Matrix” y un ambiente general que cada vez me recordaba más a terrenos pisados por Tolkien o por la serie “Falling Skies”, incluso viendo como cierto personaje sufre un proceso parecido por el que pasaba John Pope (Colin Cunningham) en la serie o el aparente optimismo de la serie ante situaciones imposibles.

Viaje versus destino.

“Infierno” no desentona con los dos títulos anteriores, pero si que genera cierta ansiedad en su lectura. El ritmo es constante y, como lector, no puedes hacer otra cosa que pensar en lo poco que te queda de libro y en cómo va Carlos a deshacer el entuerto. Y ahí nos encontramos, de bruces, con el lío: el final.
Como decía al principio: ¿ha merecido la pena? La respuesta tiene, como mínimo, dos vertientes: si prefieres el viaje al final o si solo te interesa el final. La respuesta, en ambos casos, es un si rotundo, pero con sus matices.

Si sois de los que preferís el viaje al destino, la respuesta ya la tendrías clara. La saga Rojo, en general, e “Infierno”, por tanto, son auténticas demostraciones de creatividad, narración y tensión. La variedad de situaciones, el terror, la acción, los giros y unos personajes excelentes y diversos hacen del viaje, del descenso al averno, una terrorífica delicia. Sisí exprime su mejor narrativa (“Infierno” contiene varias de las mejores definiciones de vampiro y heroísmo que se puedan leer), junto con el manejo de varios conceptos e ideas francamente interesantes. Quizás demasiados conceptos y eso hace que algunas veces parezca que “Infierno” necesite algunos cientos de páginas más (o algún libro más…) para terminar de explotar las posibilidades que abre, entre visiones internacionales, lore vampírico y ahondar en algunos personajes. Ojalá el futuro nos traiga más, en cualquier tipo de forma y concepto, quién sabe…

Por el contrario, puedes haberte acercado a “Infierno” inquieto y ansioso por su final, para valorar la saga desde ese último punto. Aquí, Carlos Sisí se ha marcado un órdago. Puede que no sea del gusto de algunos pero la valentía de este final hace brillar aún más el conjunto. En la entrevista que tan amablemente nos concedió hace unas semanas, Sisí decía que había tenido que consultar a Minotauro para llevar a cabo ese final. Imaginaos. Y lo peor es que lo teníamos delante durante todo este tiempo, casi desde el arranque de “Rojo”. Y no lo habíamos visto.

En definitiva.

“Infierno” es el final que la saga Rojo pedía. Y todo gracias a la valentía y oficio de su autor, capaz de arriesgar e innovar, aún cuando los cauces normales (si es que existe tal cosa) igual pedían que la historia virase por otros derroteros. Pero eso no sería Rojo, en ese caso podría ser una de las muchas historias que ya conocemos y manejamos. Rojo juega a otro juego, a mirar en el interior de una situación que cambia nuestro mundo y nos devuelve una mirada hostil.
“Infierno” es un excelente tercer arco, con algunos capítulos terroríficos e impactantes
(cierta imagen con alcantarillas es muy poderosa) y con un final que se mantendrá en tu cabeza durante bastante tiempo. Si que se echa en falta espacio para desarrollar más algún concepto o un puñado de páginas más para tal o cual personaje o situación pero resulta muy difícil enfocar la salida del mundo de Rojo, ni aunque “Infierno” tuviese el doble de extensión.
Entre lo mejor (que es mucho) que se puede decir de “Infierno” es que se trata de una novela valiente, de un autor osado en un momento de forma excelente. Y eso, esa valentía, en estos tiempos de corta/pega y de medias tintas, es decir mucho.

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