En una pieza de investigación científica detectivesca que abarca siglos, los investigadores han descubierto finalmente el origen de nova presenciada por astrónomos reales koreanos el 11 de marzo de 1437.

La nova, una explosión termonuclear gigante, permaneció como un punto brillante entre dos estrellas de la constelación Wei -parte de Escorpio- durante 14 días antes de desvanecerse.

Utilizando rayos X, luz ultravioleta e imágenes fotográficas desde 1923, el equipo trazó el camino a su origen a lo que ahora es una débil estrella en Escorpio, según informan hoy en la revista Nature.

Las imágenes mostraban una concha expansiva de hidrógeno, eyectado por la explosión. Al contrario de lo que sucede en una supernova, en la que las estrellas explotan de forma aterradora, una nova clásica está formada por eventos más pequeños en los que el gas de una estrella es capturado por la otra estrella que forma el sistema binario, y lo acumula hasta que erupciona en una gigantesca explosión termonuclear.

Se cree que las novas clásicas tienen lugar en ciclos de varios miles de años, por lo que son difícilmente rastreables por los astrónomos, cuyos registros rara vez se extienden más allá de los 100 años.

Sin embargo, los datos disponibles demuestran que esta vez la nova produjo al menos tres erupciones más pequeñas de lo habitual -conocidas como novas enanas- varios años después de que se tomasen las primeras fotografías. Ambos tipos de explosión son parte del mismo proceso de 100.000 años de duración. El principal autor del estudio es el astrónomo Michael Shara, del American Museum of Natural History en Nueva York.

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