Funny Pages

Robert es un chico que está a punto de acabar el instituto y tiene clarísimo lo que quiere hacer con su vida: ser dibujante de cómics underground. Pese a la oposición de sus padres, que le exhortan a que vaya a la universidad, Robert sigue en sus trece. Tras la muerte accidental de su excéntrico mentor, que realmente creía en sus posibilidades, Robert encuentra trabajo como transcriptor en un bufete de abogados y se muda al cuchitril más barato que puede encontrar: el sótano de un tipo de aspecto asqueroso, al lado del cuarto de calderas y compartiendo habitación con otro extraño individuo.

“Funny pages” es notable; quizá no sobresaliente, pero tampoco lo necesita

En el trabajo conocerá a Wallace, otro outsider, antiguo trabajador de la compañía de cómics Image con problemas mentales y un carácter iracundo e inestable. En él, Robert intentará encontrar a su nuevo maestro, pero la actitud de Wallace, esquiva al principio e inestable después, lo pondrá todo extremadamente difícil.

“Funny Pages” supone el debut en la dirección de Owen Kline, hijo de Kevin Kline y Phoebe Cates. El resultado final es notable; quizá no sobresaliente, pero tampoco lo necesita. “Funny pages” es una película sencilla, sincera y que destila amor al cómic y sus aficionados. Owen Kline no se complica demasiado y construye una película despojada de artificios innecesarios sostenida por una historia sencilla y por unos personajes tremendamente humanos en sus rarezas e imperfecciones. Toda la película tiene una atmósfera que parece directamente sacada de las viñetas de autores como Robert Crumb, Daniel Clowes, Peter Bagge o los hermanos Hernandez y, ejem, se menciona a Rob Liefeld.

Owen Kline sabe construir unos personajes extravagantes pero creíbles

“Funny pages” es desde luego, un debut prometedor. Se le puede augurar un buen futuro a Owen Kline como director. Responsable también del guion, sabe construir unos personajes extravagantes pero creíbles, que se desenvuelven como pueden en una cotidianeidad fea gris a la que se enfrentan a veces con humor y optimismo, a veces con rabia e ira. Es fácil pensar en Owen Kline dirigiendo en el futuro adaptaciones de los cómics que le han servido de inspiración, o en todo caso, creando más películas que atrapen su esencia, quizá más grandes y ambiciosas, pero siempre hechas desde el cariño.

Absolutamente recomendable.

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