Portada de "La reina que fue y será" de Paula Lafferty.
Portada de "La reina que fue y será" de Paula Lafferty. | Fuente: Penguin Random House.
Portada de "La reina que fue y será" de Paula Lafferty.
Portada de «La reina que fue y será» de Paula Lafferty. | Fuente: Penguin Random House.

Un reino de leyenda, un viaje a través del tiempo y la tarea imposible de resolver un maleficio inmortal. La reina que fue y será es la primera novela de Paula Lafferty y toda una apuesta por el encanto y el peligro de las leyendas artúricas y la fantasía. La novela, publicada por Montena, cuenta con el trabajo artístico de Chaim Holtjer, Niall Grant y Natalie Chen.

Lo único que quiere Vera es pasar desapercibida. Tras la trágica muerte de su novio, intenta hundirse en las tareas metódicas del hotel de sus padres. Una apurada estrategia para ignorar su propio dolor. Sin embargo, cuando Merlín toca su puerta y se la lleva con él al mítico Camelot, todo su mundo se distorsiona en forma de maldición.

Un hechizo está drenando la magia del reino y el único camino a la salvación está en los recuerdos de la vida pasada de Vera, cuando fue la reina Ginebra. Aunque para eso primero necesita tener acceso a ellos.

Vera tendrá que enfrentarse al estoicismo gélido de Arturo, la presión constante de Merlín, la animadversión del reino y a una historia hilada a partir de la traición, el poder y el desamor.

Con esta premisa, Lafferty nos lleva junto a Vera, una mujer que trata de sobreponerse a un episodio traumático y a una vida que, aunque tranquila, también ha sido muy solitaria. Viajar a un tiempo y reino desconocidos puede parecer la solución rápida para librarse del duelo. No obstante, no tarda en darse cuenta de lo equivocada que está.

La reina que fue y será es una novela rica e intensa, tanto por sus personajes como por la contundencia con la que se mueve la historia.

Vera está confundida y perdida, con la memoria a medias y viajando más de mil años al pasado. No es de extrañar que no sea una narradora demasiado fiable, ni para sí misma ni para el lector. Pero es que el resto de personajes tampoco ponen de su parte. Guiados por el juego político y el peso crucial de los secretos, la responsabilidad y el drama emocional, todos los personajes son un amalgama de decisiones inoportunas, planes trucados y sentimientos complejos dejados en el interlineado.

Es gracias a esa misma complejidad que es es bastante fácil cogerle cariño a la mayoría de ellos. Incluso los que aparecen de manera distante, como el propio Merlín, adquieren un peso sustancial e inevitable más allá de su papel en la trama.

Con todo, destacan los casos de Vera y Arturo. La transformación y desarrollo de Vera son procesos progresivos, pero eficaces. Sus inseguridades, su percepción y su dolor son tan sólidos como su valentía y su empatía. Aún con miedo, avanza. Aún con dicha, se cuestiona.

Arturo, en cambio, es mucho más drástico a la hora de cambiar. Lafferty juega mucho con su temple, así como la capacidad de mantenerse imperturbable incluso en las peores circunstancias, volviéndole emocionalmente inaccesible. Es tan encantador como esquivo y tan empático como inescrutable.

Cada vez que los dos aparecen en escena, la energía dramática se contrae en el efímero espacio entre cada palabra, corriendo el riesgo de que todo explote. Volvería a leer el libro de nuevo solo para ver todos los detalles que se me escaparon con la primera lectura, pero que la autora plantó ahí desde el inicio. El nuevo sentido que adquiere todo, cada diálogo y cada acción, cuando reconoces todos los hilos que hay detrás.

Lafferty aprovecha la ambigüedad histórica y el sentimiento de leyenda para establecer patrones con la magia y el desarrollo social de la época, desde los grandes gestos hasta los actos cotidianos. Además, juega constantemente con las expresiones y el vocabulario, especialmente en los diálogos, de manera interesante y divertida.

La novela parece autoconclusiva. Según la lees, se siente autoconclusiva. Pero no te dejes engañar, se avecina una secuela y la autora cierra esta primera parte despertando un deseo voraz por saber qué ocurrirá a continuación.

La reina que fue y será es una fantasía intensa, de sentimientos enredados y personajes intrincados. Una mezcla que se asienta bajo las costillas y no te suelta hasta llegar a la última página.

Carolina de León
Directora de la sección de literatura. Periodista, camarógrafa y escritora. Con muchas historias que ver, relatos que escribir y memorias que vivir.

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