Portada de "El prisionero de la planta 15" de Salvador Perpiñá. | Fuente: Editorial HarperCollins Ibérica.
Portada de "El prisionero de la planta 15" de Salvador Perpiñá. | Fuente: Editorial HarperCollins Ibérica.
Portada de "El prisionero de la planta 15" de Salvador Perpiñá. | Fuente: Editorial HarperCollins Ibérica.
Portada de «El prisionero de la planta 15» de Salvador Perpiñá. | Fuente: Editorial HarperCollins Ibérica.

Hay thrillers que te atrapan por la cantidad de giros que tienen y otros que lo hacen porque consiguen meterte de lleno en su historia. En mi caso, El prisionero de la planta 15 ha sido de estos últimos. Salvador Perpiñá nos traslada al Madrid de 1966 para presentarnos una investigación que empieza con la desaparición de una joven, pero que poco a poco acaba convirtiéndose en algo mucho más complejo. Novela publicada en marzo por HarperCollins Ibérica.

Nuestro protagonista es Víctor Cano, un antiguo investigador privado que arrastra un pasado complicado. Excombatiente, con una fuerte dependencia a la morfina y prácticamente recluido en un apartamento del Edificio España, es un personaje que desde el principio despierta curiosidad. No estamos ante el típico detective que lo controla todo, sino ante alguien lleno de heridas, inseguridades y contradicciones. Y precisamente ahí creo que está uno de los grandes aciertos de la novela.

Todo cambia cuando recibe el encargo de encontrar a Dolores Rivera, una joven perteneciente a una familia acomodada que ha desaparecido sin dejar rastro. A partir de ahí comienza una investigación que va descubriendo secretos, mentiras y personajes que esconden mucho más de lo que parecen. Me ha gustado mucho cómo el autor dosifica la información. No intenta sorprender constantemente con giros imposibles, sino que va dejando pequeñas pistas para que el lector vaya construyendo sus propias teorías.

Si tuviera que destacar algo por encima del resto sería, sin duda, la ambientación. Se nota que hay un gran trabajo detrás para recrear el Madrid de los años sesenta. Es muy fácil imaginar sus calles, el ambiente de la época y esa sensación de vivir en una sociedad donde las apariencias tenían muchísimo peso. Todo resulta muy visual y consigue que te sientas dentro de la historia desde las primeras páginas.

Y, por supuesto, hay que hablar del Edificio España. Más que un escenario, acaba siendo casi un personaje más. Sus interminables pasillos, sus ascensores, sus cientos de puertas y esa sensación constante de estar atrapado hacen que tenga una presencia enorme durante toda la novela. Me ha gustado muchísimo cómo el edificio termina reflejando también el estado emocional de Víctor. Ambos parecen estar llenos de rincones oscuros y de secretos que esperan salir a la luz.

Otro aspecto que me ha convencido ha sido la construcción de los personajes. Víctor es el eje principal de la historia, pero los secundarios también tienen bastante peso y ayudan a que el misterio funcione. Nadie parece mostrar todas sus cartas desde el principio y eso hace que sea muy fácil desconfiar de cualquiera. Además, la relación que se va creando entre algunos personajes aporta dinamismo a una trama que apuesta más por el suspense psicológico que por la acción constante.

En cuanto al ritmo, creo que es importante saber qué tipo de thriller vamos a encontrar. No es una novela frenética donde ocurren cosas cada pocas páginas. Aquí la investigación avanza poco a poco, dejando espacio para conocer mejor a los personajes, entender sus motivaciones y empaparnos de la atmósfera que rodea toda la historia. Personalmente, no se me ha hecho pesada porque creo que ese ritmo le sienta muy bien, aunque es cierto que quien busque una lectura llena de acción quizá necesite un poco de paciencia.

El libro va mucho más allá del propio caso policial. Habla del peso del pasado, de la culpa, de la identidad y de cómo nuestras decisiones pueden perseguirnos durante años. Son temas que aparecen de forma bastante natural y que terminan aportando una profundidad extra a la historia sin quitar protagonismo al misterio principal.

La forma de escribir de Salvador Perpiñá también juega a favor de la novela. Tiene una prosa muy visual y cuidada, pero sin resultar recargada. Se nota su experiencia como guionista en la forma de plantear algunas escenas, ya que es muy sencillo imaginarlas mientras lees. Además, consigue mantener la intriga prácticamente hasta el final, haciendo que siempre quieras leer un capítulo más para descubrir qué está ocurriendo realmente.

El desenlace me ha parecido coherente con todo lo que se va construyendo durante la novela. Es de esos finales que atan los cabos importantes y que hacen que algunas piezas encajen cuando miras atrás. Quizá no busque el giro más impactante posible, pero sí ofrece una resolución que tiene sentido dentro de la historia y de la evolución de los personajes.

En definitiva, El prisionero de la planta 15 es un thriller que destaca por su ambientación, por la construcción de sus personajes y por una investigación que se toma su tiempo para desarrollarse. Es una novela que invita a disfrutar del camino, de los pequeños detalles y de una atmósfera que termina envolviendo al lector por completo.

Si os gustan las historias de suspense con un toque de novela negra, protagonistas imperfectos y una ambientación que tiene tanto peso como el propio misterio, creo que esta puede ser una lectura muy recomendable. No busca impresionar a base de giros constantes, sino construir una historia sólida que va creciendo poco a poco hasta llegar a un final que deja buen sabor de boca.

Virginia Perez
Amante de los libros desde hace muchos años, disfruto perderme entre historias y descubrir nuevos autores. Leer es mi refugio y mi forma favorita de conocer el mundo.

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