Portada de "Una vez en diciembre" de Marta Santés.
Portada de "Una vez en diciembre" de Marta Santés. | Fuente: Ediciones Urano.
Portada de "Una vez en diciembre" de Marta Santés.
Portada de «Una vez en diciembre» de Marta Santés. | Fuente: Ediciones Urano.

Una vez en diciembre es una novela cuyo cariño traspasa las páginas y cala en el lector. La obra de Marta Santés cuenta con un diseño de cubierta de Luis Tinoco y la publicación de Titania.

Anastasia Romanov no es más que una niña cuando se da de bruces con una realidad que le despierta verdadero terror: puede ver fantasmas. Lo mantiene en secreto, por miedo a que la tomen por loca o a que los espíritus le hagan daño. Su temor no cambia hasta que conoce a Dimitri, un muchacho que acaba de ingresar a palacio como pinche de cocina.

Entre escondites secretos, libros y cartas, Dimitri se convierte en la puerta a un mundo nuevo de emociones y sensaciones, una amistad sólida tan fuerte que es parte de sí misma, y un amor prohibido que capaz de transformarlo todo.

La dinastía de los Romanov cae durante la Guerra Civil Rusa y, aún con el paso de los años, Dimitri no es capaz de superar la pérdida por la muerte de Anastasia. Sin embargo, los rumores de que la pequeña de los Romanov vive se dispara por todo el país y Dimitri solo encuentra una solución: buscar a la mejor médium.

Una vez en diciembre se sustenta en la ambientación, el abanico emocional y el desarrollo de los personajes —desde el punto de vista individual hasta el colectivo—. Esos son los puntos fuertes de la novela y con los que Santés cuenta una historia evocadora y de una gran riqueza emocional.

Además, como detalle extra, está llena de referencias a la película de animación dirigida por Don Bluth, Anastasia (1997). Es más, se titula igual que la canción más mítica de su banda sonora. Aún así, la novela funciona de forma independiente. Quien no haya visto la película se perderá alguna referencia, espolvoreada aquí o allá, pero no trama ni contenido.

Una vez en diciembre: la leyenda de Anastasia

Las múltiples leyendas en torno a la figura de Anastasia Romanov han sido foco y motivo de muchas obras de ficción y cada una retrata su vida de forma distinta. En su caso, en lugar de viajar directamente a la etapa que marca la huida a Francia, Santés opta por remontarse a la infancia de la Gran Duquesa.

Nos muestra un periodo en el que aún se mantenía ajena de la realidad del exterior, protegida por la barrera que erigieron sus padres a su alrededor. Es así como Santés logra crear un espacio alejado del miedo creciente del exterior, sustentado por la mala gestión del zar y el gobierno, la hambruna y la guerra.

Dentro de la burbuja que supone el Palacio de Alejandro, nos sumimos en el estado de pánico actual de Anastasia, una niña que ve, escucha y percibe lo que nadie más puede. Y es justo ahí cuando aparece Dimitri, el nuevo pinche de cocina que salva la vida y el alma de Anastasia en más de un sentido.

Durante estos acontecimientos, Santés procede a crear unas relaciones sólidas entre los hermanos Romanov donde, aún si no siempre hay entendimiento, sí hay comprensión. Y muchísimo amor. El zar y la zarina, aunque evocan sentimientos de respecto y afecto en sus hijos, están constantemente en un segundo o tercer plano. A su vez, la animadversión contra el padre Grigori Rasputín no aparece como un sentimiento fiero y brutal, sino que se va construyendo lentamente según su figura asume mayores roles de poder y control tanto dentro como fuera de palacio.

Aunque pausado, el desarrollo de estas relaciones en Una vez en diciembre se convierten en anclas vitales para el progreso de la historia. Su complejidad radica, no solo en la intensidad emocional —especialmente en el caso de la relación entre Anastasia y Dimitri—, sino en la red que se establece entre ellos. Para bien o para mal.

Santés cuida mucho la ambientación, desde el interior del Palacio de Alejandro a las bulliciosas calles de París, pasando por las callejuelas de una Rusia destrozada y por múltiples estaciones de tren. Pero se detiene especialmente, y con detalle, en el mundo espiritual vinculado al tarot, la energía y los fantasmas. Aún si el entorno y las herramientas a su disposición cambian, Anastasia se aferra a la empatía y la fortaleza emocional que necesita para sobrellevar su don.

La leyenda de Anastasia es muy conocida, pero eso no elimina la capacidad de Santés de sorprender, inquietar, conmover y maravillar con su versión de la historia en Una vez en diciembre.

Carolina de León
Directora de la sección de literatura. Periodista, camarógrafa y escritora. Con muchas historias que ver, relatos que escribir y memorias que vivir.

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