Siete meses de audiciones, seis pruebas y la noticia de su vida le llegó por una red social.
Conseguir el papel de Spider-Man en el UCM era, en 2015, el billete de lotería más codiciado de Hollywood y el entonces joven actor británico Tom Holland terminó enterándose por Instagram, como cualquier fan, de que era el elegido antes de que nadie del estudio se molestara en llamarle.
Siete meses de tortura
El proceso de casting fue, en palabras del actor, horrible ya que pasó siete meses y unas seis audiciones en las que Marvel no le decía nada sobre cómo iba la cosa. Holland llegó a hacer una prueba de cámara en Atlanta junto al mismísimo Robert Downey Jr., «la mejor audición que he hecho nunca», según él, con los dos improvisando réplicas y semanas después otra prueba de lucha con Chris Evans. Después de aquello, no volvieron a contactar con él.
Pasaron las semanas y el teléfono no sonaba por lo que Holland, convencido de que el papel se lo habían dado a otro, se fue un día a jugar al golf con su padre. Perdió, volvió a casa de mal humor y, al mirar el móvil, vio que Marvel había publicado en Instagram una imagen de Spider-Man con un mensaje: id a nuestra web para descubrir quién es el nuevo Spider-Man.
En ese momento Holland cogió su ordenador, con su perro al lado en la cama, entró en la web y descubrió que el papel era suyo y, de la sorpresa, lanzó el portátil por los aires, «lo rompí, se cayó de la cama, mi perro se volvió loco», y bajó corriendo las escaleras gritando a su familia que le habían dado el papel.
Su hermano Harry, el más puesto en tecnología de la familia, sospechaba que podía ser un fake (eran las fechas del famoso hackeo a Sony) y sus propios agentes ni siquiera estaban al tanto cuando Holland les llamó. Poco después le llamó el propio presidente del estudio para darle la noticia oficialmente y, años después seguía sin explicárselo: «¿de verdad nadie pensó que un chaval de dieciocho años pegado a internet iba a encontrar el anuncio antes que su propia llamada?»

























