la dama y el vagabundo 2019

Con el estreno de Disney+ en España el 24 de marzo llegaba también a nuestro país la versión de acción real de “La Dama y el Vagabundo”, exclusiva para esta plataforma de streaming. Una versión que no ha complacido a la gran mayoría de la crítica, debido, como con otros tantos remakes life action, a “ser un refrito innecesario” o, como pasó con “El Rey león”, a que la búsqueda de realismo se come la expresividad de los personajes.

No obstante, y después de haber visto el susodicho film, me gustaría nadar a contracorriente y resaltar los puntos fuertes de una versión que, aún con sus errores, supone una opción más que agradable para una tarde de cine familiar.

 

La historia se repite

Poco hay que contar sobre la trama de “La Dama y el Vagabundo”, cuasi calcada de su versión original. Reina, una cocker spaniel doméstica muy querida por su familia, conoce a Golfo, un mestizo callejero. Sus opuestas creencias y modos de vida chochan cuando, tras un incidente, Reina termina perdida en la calle y Golfo decide ayudarla a volver a casa, saltando entre ellos la chispa del amor.

La historia en acción real difiere poco de la versión animada, aunque añade 30 minutos más de metraje que, aunque ayudan a profundizar en la relación de los protagonistas, también ralentizan un poco su ritmo. Así, se imitan algunas escenas icónicas (como la cita de Reina y Golfo al ritmo de “Bella Notte” o la canción de Peggy en la perrera). Escenas que buscan el golpe de nostalgia y que se quedan a medio camino, pues no consiguen alcanzar del todo la magia de su predecesora.

 

Interpretaciones caninas más que solventes

Pero a su vez añade los suficientes cambios como para, manteniendo la esencia de la original, fortalecer incluso algunos de sus puntos más flojos. Como, por ejemplo, la relación entre los dos protagonistas. Un amorío que a mi entender se sucedía demasiado deprisa en el clásico y que aquí desarrollan con más acierto. La química entre Reina y Golfo, que tenemos que agradecer al gran trabajo de los actores de doblaje más que al CGI, funciona a las mil maravillas, y nos veremos caer poco a poco en un romance donde los lazos se fortalecen poco a poco, a base de lealtad, humor y mucha ternura.

Las personalidades de ambos, a su vez, están mejor perfiladas. Reina (Tessa Thompson) tiene más carácter; Golfo (Justin Theroux) consigue un equilibrio perfecto entre su gamberro modo de vida y su faceta más vulnerable, y la evolución en sus respectivas formas de pensar resulta más natural y justificada.

perros la dama y el vagabundo
Rose y Monte, los protagonistas caninos de la película. No nos digáis que no son achuchables.

También convence el resto del reparto perruno: Peggy (Janelle Monáe), Tristón (Sam Elliot) o Jackie (Ashley Jensen), que consiguen aportar suficiente fuerza e individualismo a sus respectivos personajes como para que nos conquisten. E incluso los odiosos gatos de la Tía Sarah ofrecen la dosis adecuada de carismática vileza felina en su breve aparición en pantalla (aunque se haya optado, muy sabiamente, por eliminar su racialización un tanto racista).

Son los actores humanos, contradictoriamente, los que menos destacan. Jaime (Thomas Mann) o Linda (Kiersey Clemons) cumplen sin más. Sus personajes son un poco planos y tienen algún que otro diálogo forzado. El dramatismo del perrero encarnado por Adrian Martinez es quizás, demasiado intenso (aunque hay que admitir que el actor le echa ganas y lo que le falta en realismo lo gana en humor). Y, aunque la escena en sí sigue siendo preciosa, tampoco el Toni real (F. Murray Abraham) alcanza el carisma del animado en su interpretación de “Bella Notte”. Quién sí se lleva todos mis aplausos es Yvette Nicole Brown como la tía Sarah. Con su mala baba y humor, la actriz consigue que la quieras a pesar de que su personaje no puede ser más cargante.

 

Una ambientación realista y vivaz

Otro de los grandes aciertos de “La Dama y el Vagabundo” es su preciosa y envolvente ambientación. En tan solo los primeros minutos el espectador se ve inmerso en el Nueva Orleans de finales de siglo, una ciudad llena de vida, color, música y movimiento de la que resulta difícil apartar los ojos y con la que los personajes no dejan de interactuar. Y es, a su vez, una oda a la diversidad, pues los personajes humanos son, como deberían haberlo sido en el clásico de 1995, en su mayoría negros (gracias, Disney).la dama y el vagabundo 2019 ambientación

En cuanto a la banda sonora, ya la versión animada de la película no contaba con grandes temas musicales (exceptuando el “Bella Notte” o el “He is a Trump” de Peggy). Aun así, en el film de acción real han optado por mantener estas piezas con bastante acierto (y su respectivo bofetón de nostalgia que casi te obliga a cantar). El resto del soundtrack, no obstante, es un mero acompañamiento ambiental y pasa sin pena ni gloria a lo largo de la cinta.

 

Ni tanto ni tan poco

Nos queda, finalmente, tocar el tema peliagudo del CGI. Es obvio que, por mucho presupuesto que metan en este tipo de animación, conseguir un efecto más o menos real pasa por renunciar a la expresividad de la versión animada. Nos ocurrió con “El Rey león” (película de la que salí profundamente decepcionada). Pero con “La Dama y el Vagabundo” han sabido llegar a un punto de equilibrio. Reina, Golfo y el resto de sus amigos peludos expresan muchísimo más que Simba y compañía (y de esta colina no me baja nadie), e inspiran ternura, tristeza y tensión cuando la trama lo requiere. Y si no, que se lo digan a esa rata salida del infierno. En serio, ¿de quién fue la idea de la rata endiablada?

Si este film ha logrado emocionarme aún con todos sus desaciertos, algo bueno tiene que tener.

 

Valores muy necesarios

No suelo entrar en el fregado de si el remake es o no necesario (¿qué remake lo es?), pero con esta película creo importante mojarme hasta el cuello. Si bien es cierto que la nueva versión no aporta una visión muy diferente de los temas que ya trataba la original (por lo menos no tan distinta como para crear una nueva cinta), sí que trae a colación algunos mensajes preocupantes en la actualidad y que deberían calar hondo en nosotros, especialmente en los más pequeños de la familia. Y no se trata ni de la abolición del clasismo ni de la inclusión de personajes racializados, sino del abandono animal y del maltrato o de las pésimas condiciones que los perros (y también gatos) callejeros sufren en las perreras (e incluso, como vemos con la tía Sarah o los antiguos dueños de Golfo, en algunos hogares). Así como de la importancia de la adopción, que tiene más importancia en la nueva versión. De hecho, el mismo Golfo está interpretado por Monte, un perro callejero que fue adoptado en el refugio HALO y entrenado por el responsable del cuidado de los animales de la película. A raíz de su aparición en la película, se realizaron 200 nuevas adopciones en este refugio, donde aún sigue llegando más gente. Quizá resulte que, después de todo, “La Dama y el Vagabundo” 2019 sí que tiene una razón de ser.

Además, no deja de resultar una película entretenida, emotiva, que ensalza el amor por los animales y con los toques nostálgicos suficientes para que nos volvamos a enamorar de estos nuevos Reina y Golfo, más reales y achuchables que nunca.

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