
Unbound ha sido una de esas historias que empiezas esperando encontrar un romance universitario y terminan dándote muchísimo más. Peyton Corinne construye la historia de Paloma y Bennett desde la vulnerabilidad, el crecimiento personal y las segundas oportunidades, pero también desde algo que me ha gustado especialmente: reencontrarte con una persona que conociste años atrás y descubrir cuánto habéis cambiado los dos.
Paloma y Bennett se conocen durante su primer año de universidad, pero no es hasta el último curso cuando sus caminos vuelven a cruzarse. Y me ha encantado que su historia parta de ahí. Ellos no son dos desconocidos, existe un pasado entre ambos, pero tampoco son ya aquellas dos personas que se conocieron al comenzar la carrera. Ese tiempo y todo lo que han vivido por separado hace que su reencuentro tenga un significado especial.
Bennett ha sido uno de los personajes que más me han gustado. Tiene TEA y TOC, y me ha encantado cómo Peyton Corinne lo construye desde todas sus facetas, sin reducirlo únicamente a sus diagnósticos. Estos forman parte de él y permiten comprender mejor algunas de sus necesidades y su manera de relacionarse con el mundo, pero Bennett es muchísimo más. Sus inseguridades, su forma de querer, sus miedos y sus vulnerabilidades consiguen crear un personaje muy humano.
Y, por supuesto, tengo que hablar de Siete, su perro de asistencia. Probablemente sea uno de mis elementos favoritos de toda la novela. Es monísimo, sí, pero lo que realmente me ha conquistado es cómo está construido. No aparece simplemente para ser adorable: tiene una función real en la vida de Bennett y la autora consigue integrarlo con muchísima naturalidad. El vínculo entre ambos y la manera en la que Siete lo acompaña me han parecido preciosos.
Paloma también tiene su propio camino. Me ha gustado que ninguno de los dos exista únicamente en función del romance y que ambos lleguen a este reencuentro con sus propias circunstancias. Además, uno de los detalles que más he disfrutado de ella ha sido la presencia de los poemas. La poesía nos permite acercarnos a su mundo interior y aporta una sensibilidad muy especial a su historia.
Pero si hay algo que funciona especialmente bien en Unbound es la relación entre Paloma y Bennett. Su romance se va construyendo a través de conversaciones, pequeños momentos, confianza y vulnerabilidad. No necesitan grandes gestos constantemente para que creamos en lo que está naciendo entre ellos. Es precisamente en esos momentos cotidianos donde más he disfrutado de los dos.
Unbound y su relación con el amor
También agradezco muchísimo que el amor no aparezca como una solución mágica. Enamorarse no hace desaparecer las dificultades de ninguno de ellos. Pueden acompañarse, apoyarse y convertirse en un lugar seguro para el otro, pero cada uno continúa teniendo su propio camino.
Unbound es una historia sobre reencontrarse, pero también sobre permitirse conocer de nuevo a alguien que creías conocer. Sobre descubrir quién es ahora esa persona y quién eres tú después de todo lo vivido.
Porque Paloma y Bennett ya no son aquellos estudiantes de primero que se conocieron años atrás. Y quizá lo más bonito de su historia sea precisamente descubrir que algunas personas llegan demasiado pronto a nuestra vida y que, a veces, una segunda oportunidad puede encontrarnos justo en el momento adecuado.























