Ha llovido muchísimo desde la primera entrega de la saga de estrategia por turnos Nobunaga’s Ambition (o Nobunaga no Yabo), que vio la luz en 1983. Prácticamente ha cambiado todo en el mundo de los videojuegos, pero el interés que despierta el periodo Sengoku japonés en los fans de esta longeva saga no parece morir nunca. Es una suerte, ya que a lo largo de sus numerosas entregas hemos podido disfrutar de una estrategia completa, densa y con muchas posibilidades, en un contexto histórico no sólo interesante sino alejado de los títulos que solemos ver por estos lares.

Esta nueva entrega, denominada Taishi, tendremos la complicada tarea de unificar Japón bajo un mismo clan. Para ello podemos elegir entre varias épocas, que hacen las veces de niveles de juego, mientras seleccionamos a cualquier daimyo de ese preciso año. Cada uno de ellos tiene unas capacidades y un terreno concretos: algunos están en posición ventajosa porque en la época concreta que elijamos para jugar tienen cierto poder mientras que con otros sufriremos más de lo debido para hacer avances relevantes. Esto actúa como un indicador de nivel de dificultad “natural”, a la vez que ya sólo con eso alarga la vida útil del título hasta el infinito, como suele pasar.

Ya solo con este menú de selección podemos comprobar la densidad y cantidad de datos disponibles, que nos hacen sentir como si estuviéramos dando una clase de historia de la época. Pero eso no es nada comparado a lo que veremos una vez comencemos las tareas, ya que, si esta saga se ha caracterizado por algo, es por la de tener tantos menús como ganas tengas de explorar las posibilidades que nos brindan.

Para hacer un resumen básico, tendremos que ir conquistando territorio ya sea por la fuerza o mediante la diplomacia, pero focalizando nuestros esfuerzos en temas como la agricultura, el comercio o la colocación de nuestros hombres, además de los consabidos enfrentamientos y negociaciones. Para poder controlar toda la marabunta de posibilidades tenemos un sistema de menús que, si bien es más complejo de lo que nos gustaría, es mucho más accesible y directo que en el título anterior de la saga, Sphere of Influence – Ascension. Los tutoriales, aunque escasos, explican las tareas básicas de forma clara. Les falta aún algo más de contexto, ya que muchos de ellos no aparecen hasta que decidimos por nuestra cuenta probar una nueva opción, cuando a lo mejor nos hacía falta anteriormente.

Se sigue necesitando un esfuerzo extra del jugador por explorar y entender el funcionamiento en detalle de las opciones disponibles, pero este esfuerzo es algo que vais a tener que hacer igualmente para avanzar en nuestra conquista y además se ha reducido considerablemente respecto a su predecesor. Es por ello que podemos considerar Taishi, no como ideal para principiantes precisamente, pero sí como una ventana abierta por la que los dudosos y los recién llegados pueden colarse sin abrumarse demasiado.

Volviendo un poco al tema de los daimyo a seleccionar, aparte de ser tantos que marea (Japón estaba muy dividido en aquella época), cada uno de ellos tiene lo que han llamado Resolve, ciertas características naturales que nos recompensan cuando las usamos. Por tanto, no sólo tenemos que tener en cuenta su potencia y las regiones limítrofes, sino ver si su estilo de gobierno se adapta más o menos bien a nuestro estilo de juego. Hay algunos que prefieren tener un gran ejército de infantería, otros ser equitativos, otros prefieren esforzarse en mejorar el comercio, etc. Es importante tenerlos en cuenta ya que cada daimyo tiene los suyos y podremos verlos durante la partida, lo que nos da alguna pista para saber de qué pie cojea cada uno. Como contrapartida, la IA tiende a utilizar los nuestros para darnos donde más duele en cuanto puede.

El sistema de juego por turnos nos permite realizar órdenes mientras tenemos el juego pausado hasta que decidamos avanzar un turno, que corresponde a un mes. Durante esta primera fase, tendremos que preocuparnos por establecer relaciones diplomáticas, hasta el punto de elegir pareja para nuestros oficiales; mover nuestras tropas y decidir qué parte de la población queremos como milicia; crear o mejorar rutas comerciales, construir edificaciones de todo tipo y varias posibilidades más.

Una de las que más nos gusta es la agricultura; es difícil ver un título que le conceda la importancia que se merece. No se trata de tener un terreno de cultivo y decidir si queremos tomates o plátanos. Cada tres meses cambia la estación, como es lógico, así que tendremos la opción de irrigar, recoger siembra, sembrar o dejar descansar la tierra, inundar el terreno, decidir cuánta gente queremos que ese dedique al campo, etc. Nuestro terreno irá perdiendo calidad si lo sobreexplotamos, pero si lo dejamos en barbecho perderemos los ingresos y las provisiones para el ejército.

Porque ahí está el verdadero Taishi, en la correlación entre las diversas tareas. Descuidar la agricultura nos impide tener un ejército fuerte, ya que nuestras tropas estarán mal alimentadas. Sin embargo, dedicar demasiada gente al campo disminuye las tropas, lo que hace que los enemigos cercanos se decidan a atacarnos. Es un ajedrez continuo.

No es un juego excesivamente difícil, si os lo estáis preguntando. Las decisiones principales se toman en un comité donde nuestros oficiales de alto rango nos sugieren por donde continuar. Por otro lado, Taishi es históricamente muy preciso, así que si sabemos algo de cómo se desarrollaron los acontecimientos de esa época seguramente tendremos algo de ventaja.

Una vez decidamos que la diplomacia no es suficiente o simplemente queremos tomar la vía directa, podemos poner a nuestras tropas en movimiento para invadir territorio enemigo. No es fácil, ya que primero tenemos que mover nuestras tropas al punto que queramos, gastando recursos. Cuando nos topemos con el enemigo, la pantalla cambiará a una visión relativamente cercana de nuestras tropas donde podremos ver su formación y a sus oficiales principales.

El tono del juego cambia drásticamente durante estas fases. No es un Dyansty Warriors ni nada de eso, ya que solo tendremos la opción de decidir por donde se mueven nuestras tropas y poco más, algo más similar a Warcraft III, por ejemplo. Pero sí que nuestros oficiales se sacan de la manga, de repente, tácticas especiales que cuando activamos nos dan cierta ventaja un tanto artificial y sobrehumana, lo que le resta credibilidad al resultado final. Tampoco es que resulte demasiado entretenido, no tanto por la falta de acción como por la repetitividad de los movimientos tanto nuestros como de los enemigos. Se nota que intenta ser algo así como una especie de puzle sesudo donde tendremos que evitar emboscadas, saber por dónde atacar, que no nos dividan, etc. Pero en realidad estaremos demasiado ocupados persiguiendo tropas que huyen y repitiendo ciertas órdenes en varias ocasiones.

Nos da pena, en las partes de conquista, que se hayan reducido las opciones respecto a su predecesor ya mencionado, como las guerras de asedio o las navales, no sabemos si las incluirán en futuros añadidos. Es por esto que Taishi no es exactamente un juego que mejora lo que ya teníamos, sino una reestructuración que ha traído buenas novedades, pero a costa de dejare cosas en el tintero. De todos modos, el esfuerzo que han hecho para no darnos simplemente más de lo mismo con dos opciones más, sino esforzarse en mejorar la experiencia general es de agradecer.

Gráficamente, como todo juego de estrategia, es poco relevante. El mapa ahora es 3D, pudiendo girarlo a nuestro antojo, aunque cuando nos acercamos a veces desaparecen cosas de repente. Es bonito de ver y agradable de recorrer, pero quizá menos directo que un mapa 2D tradicional. Las batallas son gráficamente muy mejorables, con unas animaciones toscas y escenarios simplones. No nos importa demasiado mientras jugamos, eso sí. El diseño de los menús y los mapas especializados han mejorado bastante, aunque dista de ser perfecto aún. El diseño gráfico no ayuda demasiado.

El mayor problema para el público de nuestras fronteras será el idioma, sin duda. Inglés en todo caso, con doblajes también al japonés, de buena calidad. Es necesario un nivel alto del idioma para poder sobrellevar los tutoriales y opciones, aunque luego se vuelve sencillo de entender.

Los temas musicales son de más calidad de lo que nos tienen acostumbrados en los títulos de estrategia y es algo a valorar positivamente. No cansan incluso después de estar horas frente a la pantalla, problema que suelen tener el resto de competidores.

En conclusión, es un juego interesante que trae mejoras a la franquicia pero que dista de ser perfecto y que adolece de ciertos fallos que estamos seguros que se solucionarán con la expansión correspondiente. Se agradece el esfuerzo por no quedarse en una secuela conservadora, sino que hayan intentado hacer algo nuevo y reestructurado, aunque se han quedado un poco en medio camino. Si el idioma no es una molestia para vosotros, está recomendado sobre todo por su gran ambientación y sus posibilidades.

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