
Hay autores con los que sabes que vas a acertar antes incluso de abrir el libro. A mí eso me pasa con Megan Maxwell. Llevo leyendo sus novelas desde hace años y, a estas alturas, todo lo que publica acaba en mis manos. Me gusta su forma de contar las historias, el humor que siempre imprime a sus personajes y esa facilidad que tiene para hacer que una novela de más de seiscientas páginas se lea prácticamente sin darte cuenta. Con Ríete de las bodas me ha vuelto a pasar.
Publicado por el sello Espasa editorial (Grupo Planeta), se encuentra disponible tanto en edición física (con cantos tintados) como en formato digital.
En esta ocasión conocemos a Alma, una mujer de 55 años, divorciada, independiente y dueña de una tienda de vestidos de novia junto a su mejor amiga. Lo curioso es que, aunque trabaja rodeada de bodas, hace tiempo que dejó de creer en el matrimonio. Tiene muy claro cómo quiere vivir su vida y no piensa dejar que nadie decida por ella. Sin embargo, el destino le demostrará que, por mucho que intentemos tenerlo todo bajo control, la vida siempre encuentra la manera de sorprendernos.
Junto a ella también cobra mucha importancia Natalia, su hija. Madre e hija representan dos formas muy distintas de entender el amor y las relaciones, y creo que ese contraste es uno de los grandes aciertos de la novela. Mientras Alma es más práctica y vive el presente, Natalia sigue creyendo en el amor romántico y en ese “para siempre” que tantas veces idealizamos.
Y, por supuesto, tenemos a Saem, el protagonista masculino. Es un hombre coreano de 39 años que me ha conquistado desde prácticamente su primera aparición. Es atento, divertido, cariñoso y tiene una forma muy bonita de entender el amor. Me ha gustado que no sea el típico protagonista arrogante, sino alguien que transmite calma y que complementa muy bien la personalidad más impulsiva de Alma. La química entre ambos se siente desde el principio y su relación evoluciona de una manera muy natural, haciendo que disfrutes de cada uno de sus momentos juntos.
Precisamente esa relación sirve para que Megan Maxwell hable de uno de los temas principales de la novela, la diferencia de edad. Alma tiene 55 años y Saem 39, dieciséis años menos que ella. Me ha gustado mucho cómo la autora aborda este tema porque lo hace con total naturalidad. No intenta convertirlo en un drama constante, sino que muestra los prejuicios que todavía existen cuando es la mujer quien es mayor en una relación. Es un mensaje muy bonito que invita a reflexionar y que demuestra que el amor no entiende de edades cuando dos personas se quieren de verdad.
Una de las cosas que más me gustan de Megan es que siempre crea protagonistas femeninas con muchísimo carácter. Son mujeres que dicen lo que piensan, que se equivocan, que meten la pata y que no necesitan ser perfectas para ganarse al lector. Alma me ha parecido una protagonista divertida, espontánea y con una personalidad que llena cada escena en la que aparece.
Pero si hay algo que me ha sorprendido gratamente es que, aunque la historia gira principalmente alrededor de Alma, los personajes secundarios tienen muchísimo peso. Poco a poco vamos conociendo a sus amigas y la autora va introduciendo pequeñas pinceladas de sus vidas hasta conseguir que también quieras saber qué va a pasar con ellas. Especialmente me ha gustado la historia de Nuria. Sin quitar protagonismo a la trama principal, la autora consigue hilar todas las historias de forma muy natural, haciendo que ninguna parezca metida con calzador. Todo está conectado y cada personaje aporta algo al conjunto. Al final no solo quieres saber qué ocurre con Alma y Saem, sino también con el resto de personajes que los rodean.
Creo que ese es uno de los grandes puntos fuertes de la novela. No se limita a contarnos un único romance, sino que crea un grupo de personajes muy completo donde la amistad, la familia y las relaciones entre ellos tienen casi tanta importancia como la propia historia de amor. Esa sensación de estar formando parte del grupo hace que conectes mucho más con todos ellos y hace que la lectura resulte muy cercana.
Como es habitual en la autora, el humor está presente durante toda la novela. Los diálogos son muy ágiles, las conversaciones tienen ese toque fresco tan característico de Megan Maxwell y hay situaciones que inevitablemente te sacan una sonrisa. Pero no todo son momentos divertidos. También hay espacio para emociones más profundas, para hablar de inseguridades, de segundas oportunidades y de la importancia de vivir la vida sin dejar que los prejuicios de los demás marquen nuestras decisiones.
Otro aspecto que siempre disfruto de sus novelas es la facilidad con la que consigue que empatices con los personajes. Son muy humanos. Cometen errores, dudan, se enfadan, se ilusionan y vuelven a levantarse. Eso hace que resulte muy sencillo conectar con ellos desde las primeras páginas.
Si tuviera que ponerle algún pero, diría que en algunos momentos el ritmo baja un poco. Al ser una novela bastante extensa, hay escenas cotidianas o conversaciones que podrían haberse resumido ligeramente sin afectar al desarrollo de la historia. Aun así, en ningún momento se me ha hecho pesada. Todo lo contrario. He disfrutado tanto de los personajes que no me importaba seguir acompañándolos unas cuantas páginas más.
Y es que, cuando lees a Megan Maxwell, ya sabes más o menos lo que vas a encontrar, personajes con mucha personalidad, diálogos divertidos, romance, amistad, familia y un montón de emociones. En mi caso, eso nunca supone un problema; al contrario. Precisamente por eso sigo leyendo todo lo que publica. Su pluma tiene algo que hace que siempre termine completamente enganchada a sus historias y esta novela no ha sido la excepción.
Creo que Ríete de las bodas es una novela perfecta para quienes buscan una lectura entretenida, romántica y con mucho humor. Pero también para quienes disfrutan de historias donde los personajes evolucionan, donde las relaciones de amistad tienen un papel importante y donde las segundas oportunidades demuestran que nunca es tarde para volver a ilusionarse.
En definitiva, Megan Maxwell vuelve a regalarnos una novela divertida, cercana y llena de personajes que es muy fácil recordar una vez cierras el libro.
Como lectora habitual de Megan Maxwell, puedo decir que ha vuelto a darme exactamente lo que buscaba cuando empecé esta novela, personajes con mucha personalidad, romances que enganchan, humor, amistad y esa sensación de estar disfrutando de una historia que te hace reír, emocionarte y terminar el libro con una sonrisa. Seguiré leyendo todo lo que publique porque su pluma nunca deja de sorprenderme y siempre consigue que desconecte por completo mientras estoy entre sus páginas.
























