Alianza Editorial sigue publicando en bolsillo, poco a poco, la extraordinaria obra teatral de Bertolt Brecht (Alemania, 1898 – 1956). Una obra caracterizada por su contexto: el ascenso del nazismo, la IIª Guerra Mundial y la política de bloques en la que desembocó: a partir de la derrota de la extrema derecha y de cómo -a continuación- fue el comunismo el rival a batir para la élite burguesa europea. Y un autor caracterizado por su compromiso con los valores democráticos de igualdad de oportunidades y de justicia, igualmente perseguido por todas las élites ideológicas (nazis, comunistas y capitalistas) que vieron en su liderazgo intelectual un peligro claro para imponer su hegemonía. Esta suma de elementos ya nos da una idea, si no lo conocemos o lo intuimos por referencias, de a qué tipo de obras nos vamos a enfrentar.

Por otro lado, al tratarse de una obra completa, aceptamos correr el riesgo de que no todas las obras tengan ni el mismo grado de calidad, ni el mismo grado de terminación escenográfica. Estamos hablando de obras de teatro. Tenemos que pensar en que, al construir el texto teatral, en él se tienen que contener, directa y/o indirectamente, los elementos necesarios para su representación. Algo que no siempre pasa en una obra realmente completa, como la que está publicando Alianza, donde está toda la obra terminada… y toda aquella que estaba en proceso de llegar ser -en algún momento- (o no) una obra teatral. Un pacto sintomático del grado de compromiso y la notable calidad del proyecto editorial tras estos tomos del teatro completo de Bertolt Brecht.

De hecho, de las dos obras contenidas en este volumen, “Los días de la comuna” se percibe más como un boceto o conjunto de anotaciones y diálogos bastante bien orientados, pero no terminados, para llegar a conformar algún día una obra teatral in stricto sensu. Mientras que “Turandot o el congreso de los blanqueadores” sí posee los elementos básicos necesarios para poder llegar a representarse sobre un escenario. Entonces, se preguntará el lector, ¿qué hacen reunidos en un mismo volumen? El sentido está en que, aunque su grado de terminación es distintos, ambas piezas forman parte de un conjunto de bocetos o borradores que el autor no pudo terminar en vida o, por lo menos, no llegó a cerrar en su versión definitiva. En “Turandot” estuvo trabajando regularmente, que se tenga constancia, desde la década de 1930 hasta 1954. Mientras que “Los días de la comuna” la escribió en 1948-1949 aunque se ve que no tuvo el tiempo necesario para pulirla y terminarla.

Otro elemento que las une y las relaciona es su objetivo de análisis de la realidad social de la época, y por supuesto la actualidad de esos temas y esas conclusiones todavía en nuestros días.

En “Los días de la comuna” nos cuenta las vicisitudes históricas que rodearon a la Comuna de París (del 18 de marzo al 28 de mayo de 1871): a los motivos de su surgimiento, al enfrentamiento civil que dividió París alrededor de esta comuna y sus reivindicaciones, y especialmente, hace hincapié en las divisiones que surgieron dentro de la comuna alrededor de una cuestión tan fundamental como el ejercicio de la violencia. Mientras una parte de los levantados contra nobles y burgueses reivindicaban el uso de la violencia como herramienta política para imponer ellos su propia hegemonía. Otra parte se opuso en base al argumento de que hacer lo mismo que sus rivales era convertirse, precisamente, en quien rechazaban ser. Entonces, ante una situación así, ¿qué hacer?, ¿cuál es la respuesta correcta? Y si el rival, además, es desleal con las normas de la guerra, y usa la mentira y el engaño para intentar imponer su “relato”. ¿Hace esto más legítimo el uso de otro tipo de armas políticas? ¿Cómo salir de ese atolladero con los sueños de paz y democracia intactos? Es más, ¿es posible salir?

La obra plantea interrogantes morales de enorme calado a través de situaciones cotidianas, universales casi podríamos decir, si bien dolorosas, por cuanto se encuadran contextualmente en un momento de ilusión frustrada.

“Turandot o el congreso de los blanqueadores” analiza, en su caso, el poder de la clase intelectual en todo sistema político: observa su rol y critica el papel indigno de algunos de ellos, más aduladores que pensadores, más dedicados a reproducir argumentos que a generarlos, más obstinados en conservar el sistema que en mejorarlo. Haciendo así, esta obra demuestra un análisis más orientado a la denuncia que a la exploración, que parte más desde la respuesta sobre para qué sirve la clase intelectual, que sobre la pregunta. Este cambio de perspectiva tiene consecuencias para la obra, que se lee más dinámica, con un ritmo más alto, donde no se exponen ya argumentos o ideas para la reflexión, sino hechos lo suficientemente representativos como para significar las ideas que la obra pretende afrontar. Y lo consigue con creces.

Merece también comentario la intertextualidad de las dos obras. Tanto en “Los días de la comuna” como en “Turandot” nos encontraremos o canciones o poemas u otros textos que corresponden a otras obras del autor. Lo que nos da una idea de cómo su volcánica productividad se exponía a un diálogo constante entre sus textos, a cómo acudía a otras fuentes para inspirarse o para crear obras significativas con capacidad de transmitir algún mensaje moral o pedagógico-aleccionador a su público. Una función social del teatro que es inherente al formato, y cobra especial relevancia en la obra del magnífico autor alemán.

El tomo de Los días de la comuna/Turandot o el congreso de los blanqueadores (Alianza, 2018) nos ofrece dos joyas de la obra de Brecht. Lo son, aun siendo bocetos, por sus expresivos diálogos, por sus poderosos mensajes, por sus escenas llenas de vida definida a través de la indignación y el dramatismo. En general, cualquier obra posee esta fuerza, pero al estar aquí en forma esencia y pura, acaba mostrando una fuerza difícil de disfrutar en obras de este tenor.

Su lectura merece la pena.

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