Casi lo único que recuerda Linda de su padre es el delicioso pollo que preparaba, pero hace ya unos años que murió y su madre no es muy buena cocinera. Tras castigarla injustamente, su madre le promete que hará lo que ella quiera para compensarla. Linda lo tiene claro: quiere pollo con pimientos como el que hacía su padre. La falta de dotes culinarias de la madre y una jornada de huelga general lo complicarán todo de una manera inesperada.

Linda quiere pollo es una encantadora película francesa de animación, dirigida por Chiara Malta y Sébastien Laudenbach. Ha sido la ganadora a la mejor película de animación en el festival de Annecy y nominada en los European Film Awards que ahora se presenta en el FICX. Es un filme apto para públicos de todas las edades, cuyas principales bazas son un estilo colorista y luminoso y su capacidad de contar una historia de enredo de una manera engañosamente sencilla y que puede entenderse a distintos niveles, dirigiéndose a la audiencia infantil de una manera clara y sin complicaciones, pero en absoluto simple, ofreciendo también un entretenimiento seguro al público adulto, que apreciará detalles y matices que pueden escapar de la mirada más inocente y menos experimentada (pero no menos inteligente) del público más joven.

Linda quiere pollo es por lo tanto entretenimiento seguro, pero que no se queda sólo en eso: se puede entender como una reflexión sobre la relación entre niños y adultos y se esfuerza en ofrecer una visión del mundo de lo mayores con la que los niños y niñas conectarán y que permitará a los adultos conectar con su niño o niña interior. Absolutamente recomendable.

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