Portada de "Primigenia de Sangre y Hueso" de Jennifer L. Armentrout.
Portada de "Primigenia de Sangre y Hueso" de Jennifer L. Armentrout. | Fuente: Puck.
Portada de "Primigenia de Sangre y Hueso" de Jennifer L. Armentrout.
Portada de «Primigenia de Sangre y Hueso» de Jennifer L. Armentrout. | Fuente: Puck.

Tras los acontecimientos de Un alma de ceniza y sangre, Poppy finalmente despierta de su estasis para encontrarse con un mundo —varios, en realidad— que no lleva nada bien el tema de su Ascensión. En muchos sentidos, ella tampoco, pero teniendo acceso a la información a cuenta gotas, tampoco es de extrañar. Primigenia de Sangre y Hueso es el último título —de momento— de la saga Sangre y Cenizas de Jennifer L. Armentrout. Publicado por Puck, cuenta con la traducción de Guiomar Manso de Zuñiga Spottorno.

Primigenia de Sangre y Hueso arrastra con varios problemas, algunos ya presentes en títulos anteriores de la saga. Hay una tendencia a la repetición, a eludir elipsis narrativas que habrían sido la mar de útiles. Pongamos un ejemplo: Poppy recibe determinada información con una explicación detallada al milímetro. Luego, Poppy le transmite dicha información a Cas con la misma minuciosidad. Y, por último, ambos hablan con Kieran al respecto, repitiendo la explicación desde el principio. Suena tan tedioso como fue leerlo.

Por si eso no fuera suficiente, las escenas de sexo se repiten todo el tiempo, hasta en las situaciones más ilógicas e inoportunas. Que me parece muy bien que las haya, han estado desde el principio de la saga. La diferencia es que antes aportaban algo a la relación de los personajes. Ahora son meras excusas para no tratar temas acuciantes del reino o de la guerra. A veces incluso pareciera que Armentrout las usa de escudo para evitar desarrollar conversaciones incómodas.

Con esto llegamos al otro punto que falla: los personajes. Yo no sé dónde están los Poppy y Cas que conocí en los libros anteriores, pero desde luego aquí no. Toman decisiones que no tienen sentido, no si tenemos en cuenta sus personalidades e historia en común. Incluso arrastran un malentendido absurdo por casi toda la novela hasta que la dinámica se convierte en un sinsentido. Su madurez emocional pierde consistencia por momentos y esto también se refleja en qué decisiones toman con respecto a su conflicto con Kolis y los planes que elaboran.

Aunque puede que el personaje peor reflejado sea Kieran. Con la excusa del malentendido, desaparece de la narrativa. No importan ni su personalidad, inquietudes o el papel que ha adquirido en la historia como segundo protagonista masculino. En su lugar, queda relegado a un mero intermediario, apenas un elemento de fondo.

Por otro lado, mientras que la cuestión de los poderes primigenios tenía su lógica en Una sombra en las brasas, aquí se diluye por completo. Llegados a cierto punto, sentí que no significaban nada.

Lo positivo de este libro está en que Armentrout remarca la importancia de la inteligencia emocional, de las redes de apoyo, de comprender lo que estamos viviendo para poder superar el trauma y que cada persona tiene sus tiempos. Hay mucho trabajo de salud mental aquí, una línea que ya pulió con bastante intensidad en Un alma de ceniza y sangre. Sin embargo, entre tanta repetición y diálogo sin sentido, el mensaje se pierde.

Quizás el libro no me habría dejado una sensación tan hueca y frustrante si hubiera sido más corto, con un mayor equilibro entre los sucesos y un desarrollo de personajes consecuente con lo visto en títulos anteriores. Pero superar ochocientas páginas de relleno, con algún evento esporádico ante los que los protagonistas hacen poco y nada, para que luego toda la acción transcurra en doscientas páginas y con una lógica renqueante…, es un despropósito.

Primigenia de Sangre y Hueso es una promesa rota a todas las esperanzas soñadas desde el principio de la saga. Quizás el siguiente volumen pueda recuperar la fortaleza que los personajes han perdido, así como la pluma de Armentrout que tanto fascinó. Solo queda esperar, una vez más.

Carolina de León
Directora de la sección de literatura. Periodista, camarógrafa y escritora. Con muchas historias que ver, relatos que escribir y memorias que vivir.

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