En Farlands, dejamos atrás el ruido de un planeta sobrepoblado y compramos un planeta abandonado para empezar una nueva vida desde cero. La premisa del título, pese a que no se aleja demasiado de la que hemos visto en otros simuladores de granjas, le da un toque de ciencia ficción que le sienta genial al género.
Desarrollado por JanduSoft, Farlands llegó al acceso anticipado de Steam en julio de 2024. Tras dos años de actualizaciones, el título alcanzó por su versión 1.0 con todo el contenido disponible y una versión para consolas.
Tuvimos el placer de acudir a la presentación en Nintendo España para conocer al equipo que se encuentra tras su desarrollo y, ahora, tras unas cuantas horas de juego, podemos deciros que estamos ante un gran juego con personalidad propia.
Una segunda oportunidad en un sistema olvidado
En Farlands encarnamos a una persona cansada del estrés y del ritmo de una gran metrópolis en un planeta urbano y sobrepoblado. La solución aparece en forma de una oferta difícil de rechazar: un planeta agrícola completo a un precio sospechosamente bajo.

Al llegar descubrimos que nuestra nueva propiedad lleva años abandonada. Su antiguo propietario se encargaba de cultivar el terreno pero, tras su misteriosa desaparición, los campos han desaparecido bajo la maleza y los caminos y buena parte de las instalaciones necesita una reparación urgente. Contamos, eso sí, con una vieja nave espacial y un droide de asistencia que nos ayudarán a dar los primeros pasos.
Una historia que hila las diferentes mecánicas de Farlands
Lo que comienza como la restauración de nuestra pequeña granja no tarda en convertirse en algo más grande. El resto del sistema solar también atraviesa un momento muy complicado: Gorman, un empresario de una gran corporación esta convenciendo a los habitantes del sistema a abandonarlo para poder usarlo como un simple recurso más, extrayendo todo lo que poseen.
¿La esperanza de este sistema (en el que se encuentra nuestro planeta comprado con tanto cariño)? Nosotros, por supuesto.
Oola, el lider del planeta que actúa como centro comercial y de reuniones sociales, nos muestra un acuerdo que tienen con los los Empíreos. Estos son los responsables del Arca, una nave dedicada a estudiar y preservar la biodiversidad y se comprometen a proteger el sistema SR755 cuando completamos al menos el 70 % de su colección con muestras biológicas y geológicas. (El 100 % permite conseguir todas sus recompensas). Esto además, incluye una mecánica coleccionista que le sienta muy bien al juego.

La narrativa no pretende convertirse en el centro de la experiencia ni sorprendernos con giros constantes. Aún así, tanto la ambientación espacial como la trama corporativa funciona, y muy bien. No sólo por darle un enfoque fresco al género, sino como un hilo conductor que conecta las distintas actividades y da sentido a nuestra progresión en el juego.
Mucho más que plantar, regar y recoger
Las comparaciones con Stardew Valley resultan inevitables. Farlands comparte con él la perspectiva cenital, el pixel art, la recuperación de una propiedad abandonada y buena parte de las mecánicas propias del género. Sin embargo, desde el principio nos muestra que es mucho más y que tiene identidad propia.
Las primeras horas sirven como un tutorial integrado dentro de la partida. Comenzamos limpiando el terreno, retirando obstáculos, recuperando los campos y abriendo nuevos caminos en nuestro planeta abandonado. Las mecánicas aparecen poco a poco, sin abrumarnos con una lista interminable de tareas desde el primer minuto.

Esta forma de presentar el contenido es uno de sus grandes aciertos. Las actividades están relacionadas: los materiales que conseguimos durante la exploración permiten mejorar nuestras herramientas, esas mejoras nos ayudan a alcanzar nuevas zonas y los recursos de esas zonas sirven para ampliar la granja o mejorar la nave.
La agricultura continúa siendo uno de los pilares de la experiencia. Tendremos que preparar la tierra, plantar semillas, cuidar los cultivos y recoger las cosechas. Sin embargo, Farlands no quiere mantenernos encadenados a nuestro planeta durante toda la partida. De hecho, una de sus mayores virtudes consiste precisamente en invitarnos a abandonarlo.
La nave es nuestra segunda herramienta de trabajo
La nave espacial es el elemento que mejor diferencia a Farlands de otros simuladores agrícolas. No funciona únicamente como una excusa para cambiar de escenario, sino que consigue que viajar entre planetas forme parte de la propia progresión.

Cada destino ofrece recursos distintos, personajes nuevos, minas y objetivos que repercuten directamente en el crecimiento de nuestra propiedad. La granja sigue siendo nuestro hogar y el centro de operaciones, pero el resto del sistema solar amplía la escala de la aventura y evita que toda la experiencia quede limitada a un único mapa.
Además, para usar la nave, necesitaremos recargar sus células de combustible reciclando elementos de los que dispongamos. Y no solo eso, sino que tendremos que calcular el tiempo que tardamos en viajar entre planetas porque por las noches nuestro personaje tendrá que descansar.
Variedad planetaria
Los planetas tampoco son simples variaciones estéticas. Cada uno introduce materiales, condiciones, flora, fauna, habitantes y desafíos propios. La versión definitiva completa este recorrido con un último planeta y nuevas mecánicas, algo que ayuda a mantener el interés por explorar durante buena parte de la partida.

Las minas aportan un punto adicional de variedad. En ellas encontraremos algunos de los recursos más valiosos, aunque también habrá enemigos dispuestos a complicarnos la expedición. El combate está presente, pero es sencillo y nunca intenta robar protagonismo a la agricultura o la exploración. Su función es introducir algo de tensión y romper la rutina, no convertir Farlands en un juego de acción. Además, la manera de vencerlos no será propia de un RPG en el que matamos enemigos usando armas. Aquí tendremos que usar nuestros aparejos de la granja.
Esta decisión encaja con el tono relajado de la propuesta, aunque quienes busquen enfrentamientos profundos o especialmente exigentes pueden sentir que el sistema se queda algo corto.
Vecinos y algún posible romance
Los habitantes del sistema solar también tienen más peso del que parece durante las primeras horas. Hablar con ellos, conocer sus historias y participar en diferentes eventos consigue que los planetas no se perciban como simples almacenes de recursos lugares con tiendas a los que nos sintamos obligados a viajar.

Además existe un sistema de romances y la posibilidad de casarnos. Son mecánicas conocidas por cualquier aficionado al género, pero ayudan a reforzar la sensación de pertenecer a una pequeña comunidad.
Un bucle de progresión que siempre deja algo pendiente
Uno de los aspectos que mejor funciona es la manera en que el juego encadena sus objetivos. Podemos comenzar una jornada pensando únicamente en recoger una cosecha y terminar viajando a otro planeta en busca de un mineral, completando de paso un encargo, hablando con un vecino y reuniendo lo necesario para mejorar una herramienta.
Esa sucesión de pequeñas metas hace que el progreso resulte natural. Siempre tenemos algo pendiente y es fácil caer en el clásico «un día más» antes de apagar la consola. Pero nos conocemos: nunca se queda en un día más. Y eso es buena señal para Farlands, ya que nos mantiene enganchados al mando (o teclado).
Por supuesto, la estructura conserva algunas de las limitaciones habituales del género. Varias tareas se repiten y el ritmo puede resultar demasiado pausado para quienes necesiten novedades constantes. Para los aficionados a los simuladores de granjas, esa rutina formará parte del encanto mientras para otros jugadores, puede convertirse en una barrera.
Un universo acogedor construido con píxeles
Farlands apuesta por un apartado visual basado en pixel art y una perspectiva cenital. La influencia de sus referentes vuelve a ser evidente en el diseño de los personajes, la distribución de los escenarios y algunos elementos de la interfaz, pero la ambientación espacial le permite introducir suficientes diferencias.
Los viajes espaciales permiten, además, jugar con biomas y ambientes diferentes. El uso de colores vivos y los diseños agradables mantienen el tono cozy incluso en los lugares más deteriorados. Aquí la ciencia ficción no es fría ni hostil.
Las animaciones, aunque puedan parecer sencillas, si nos fijamos bien, muestran una gran cantidad de detalles y son una delicia. Farlands juega con el contraste entre la vida rural y elementos espaciales.
Música para trabajar sin prisas
El apartado sonoro mantiene el carácter tranquilo de la aventura. La música acompaña las tareas agrícolas y la exploración sin reclamar demasiado protagonismo. No es algo malo, todo lo contrario: sabe no superponerse a lo que estamos haciendo y resulta bastante pegadiza.
En cuanto a los efectos de sonido, son correctos y en consonancia con lo que podemos esperar de un juego de este género.
Cultivar nuestro lugar entre las estrellas
Es imposible hablar de Farlands sin mencionar Stardew Valley. Sus similitudes están presentes en la agricultura, el ritmo, las relaciones y buena parte de la presentación visual. Durante las primeras horas, la sombra de su principal referente pesa bastante.
Sin embargo, el juego mejora cuando abandonamos nuestro planeta y ampliamos nuestras fronteras. La nave y los viajes entre planetas no son un simple adorno: conectan la exploración con el crecimiento de la granja y aportan variedad.
También nos ha gustado su sensación constante de progreso. Comenzamos con un planeta deteriorado y unas herramientas limitadas, pero cada mejora abre nuevas posibilidades. Siempre existe una meta cercana y resulta fácil terminar una jornada pensando ya en lo que haremos durante la siguiente.
Farlands no revoluciona los simuladores de granjas y tampoco consigue escapar por completo de la sombra de sus referentes. Lo que sí hace es tomar una fórmula conocida y colocarla en un contexto totalmente diferente.
Si disfrutáis con los simuladores agrícolas, las experiencias cozy y los juegos de gestión pausados, aquí encontraréis vuestra parcela para descansar de la vida diaria entre las estrellas.

- Los viajes entre planetas dan personalidad a una fórmula conocida.
- Su apartado visual estilo pixel-art y su ambientación espacial.
- La progresión conecta muy bien todas sus actividades.
- Algunas tareas terminan siendo repetitivas.
- El combate resulta demasiado sencillo.
- La influencia de Stardew Valley pesa demasiado durante las primeras horas..
























