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       Artículo de literatura

Crónicas del Multiverso (Premio Minotauro 2010), de Víctor Conde


Jaime Santamaría   23/03/2010
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     Víctor Conde erige ante nosotros una inmensa catedral que se apoya en los sustentos de la Ciencia Ficción de aventuras de los últimos años.
Portada de Crónicas del Multiverso (Premio Minotauro 2010), de Víctor CondeMe veo obligado a pestañear de manera voluntaria, aunque esto debiera ser un reflejo automático. Mis ojos están secos y posiblemente enrojecidos. El sol domina una recién estrenada primavera desde lo alto y el tañido de las campanadas de la iglesia cercana anuncia a los fieles la última misa del mediodía. Miro alrededor mío y estoy solo, desorientado, y mi imagen me es devuelta por los muebles que reposan pasivos a la espera del ajetreo diario.

Me levanto y voy al baño a refrescarme la cara. Efectivamente, el hogar está vacío e igual me hubiera dado lo contrario. Llevo dos días de viaje y acabo de aterrizar escupido a través de una fisura en la Variedad. Tengo frío; el invierno que nos ha mordido este año se ha alojado en casa y no quiere marcharse. O... quizá sea que me he traído conmigo el vacío del Bolzai.

Salgo, y algo más despejado retorno a mi rincón de lectura, siendo consciente poco a poco de mi auténtica realidad (si es que alguna puede ostentar ese título), no sin antes imaginar que quizá un alienígena marsupial doble una esquina pidiéndome acompañarle a reflotar una nave semihundida en una laguna con la promesa de un tesoro oculto en su bodega, un astronauta, que ha perdido a su amor, me ruegue ayuda para localizar a su novia o un misterioso ser mitad mitología mitad fantasía acampe en el pasillo a la espera de enfrentarse a una adivinanza con una recompensa mortal o de conocimiento infinito.

Fabulosa novela, cuyo premio irá más allá del ya concedido trofeo de metal, ya que asaetará vuestras conciencias y os demostrará que cuando se dice que la ciencia ficción es especulación, no hay nada como dar con alguien que la maneje con manos de prestidigitador o imaginero de Semana Santa.

¿De qué os estoy hablando? Tranquilos, no me he vuelto loco. Aunque las fronteras de lo tangible y lo etéreo, el presente y el futuro y las más de cinco dimensiones se han fragmentado en millones de pedazos cuánticos, sonrío cuando descubro encima de la mesa la llave que os permitirá también a vosotros viajar a los mismos campos de estrellas de los que he regresado totalmente anonadado. Se trata de “Crónicas del multiverso” (Minotauro, disponible en FantasyTienda); la deuda pendiente que su autor, Víctor Conde, tenía con el Cosmos tras su “Mystes” de hace seis años. Paradójicamente, esa primera visita al multiverso se quedó a las puertas del premio más importante del género fantástico que ahora le ha sido justamente otorgado por unánime decisión del jurado. Una obra, “Crónicas del multiverso”, magnifica y compleja como un retablo barroco o un ninot que debe ser indultado, prosa que entre retruécanos se convierte en ocasiones en poesía, y un canto a la más atrevida Ciencia Ficción que presenta la mejor tarjeta de visita que puede tener un libro: es literatura que no defrauda.

¿Es demasiado superlativo lo que digo? Es que así se ha quedado mi cuerpo tras esta épica donde sus protagonistas asisten a lo que nosotros no pensamos ni por asomo que nos ocurra algún día: ver colapsarse el universo que se cierne sobre nuestras cabezas. Bueno, concretamente el universo que Conde nos presenta, su Variedad: una isla de soles rodeada por un inmenso vacío cósmico. Son quince las especies inteligentes que la habitan y están atrapadas en ella sin posibilidad de escapar, aunque siguen tratando de desarrollar sus civilizaciones entre acuerdos, alianzas y tensas treguas. Y, no penséis que aquí los humanos son la especie dominante, no; son la quinta más influyente tras los urtianos, los kodan, los andaras y los elandis de Tyr. Si os parece que el tema se complica, no os digo nada si os recito el elenco completo. Éste es uno de esos libros en los que se agradece un Glosario al final, para recurrir de vez en cuando si te quedas descolgado. También, a modo de bote salvavidas, cada capitulo está acotado por párrafos encabezados por el nombre del protagonista que aparece en la acción que se desarrolla a continuación.

Podría parecer que Lina Kolbrand, la corsaria estelar capitana de la nave Eurídie, se lleva todo el peso del argumento tras su audaz golpe de mano en el que roba una valiosísima mercancía a los urtianos, misteriosos seres inteligentes que funcionan como un ente colectivo y que son la especie más desarrollada de la Variedad. Pero, no es así. Toda una retahíla de personajes corales empiezan a desfilar ante nosotros en esta ópera, primero presentados, después inmersos en tal serie de desventuras que no podemos sino compadecernos de ellos. O... ¿quizá no? ¿Acaso no son errantes seres que en medio de esta épica se van a convertir en pivotes imprescindibles de una, dos,.. y así hasta varias historias que nos irán llevando a un final que se desarrolla en las doscientas últimas páginas con la pirotecnia que sólo Conde sabe desarrollar?

Víctor CondeLa desmesurada reacción de los urtianos parece anunciar una guerra total contra las restantes especies inteligentes. Pero los urtianos tienen un objetivo muy distinto. Antes que nadie, han comprendido que el universo que habitan se está muriendo. Los soles se apagan y los límites de la Variedad se colapsan. Todo el cosmos parece desintegrarse. ¿Podrán los habitantes de la Variedad escapar a su prisión, al universo burbuja que los alberga? ¿Podrán salvar su cultura y sus logros intelectuales? ¿Y qué hay más allá de los límites de ese universo? Son preguntas que encontrarán su respuesta entre las líneas de esta fabulosa novela, cuyo premio irá más allá del ya concedido trofeo de metal, ya que asaetará vuestras conciencias y os demostrará que cuando se dice que la CF es especulación, no hay nada como dar con alguien que la maneje con manos de prestidigitador o imaginero de Semana Santa.

Asistimos a un derroche descriptivo a base de metáforas interminables, a una riqueza verbal cincelada por el trabajo metódico del escritor que consigue mantener este agotador ritmo hasta la última página, todo en medio de un luengo glosario de mundos aquí y acullá, seres y especies que entran y salen cohabitando mundos y realidades anacrónicas en ocasiones. Las IAs, aquí llamadas cognoscitivas, sufren una nueva vuelta de tuerca; los bits, las sinapsis, lo orgánico y el silicio se funden en nuevos entes que ahora son y luego... ¿dejan de serlo? Las naves ya no se pilotan agarrando el timón.

Mil escenarios son pintados de manera agobiante, desde el desierto donde Norte y su compañera esperan el encuentro con el Cubo que todo lo sabe, como una ventana entre mundos, hasta el río por el que el carroñero Jules y su inseparable amigo Zhinz tratan de rescatar un tesoro. Ciudades de metal y cristal como Cruces, donde Mel Pankratis y sus inseparables (ya veréis por qué) Gill y Charlemagne Ulner buscarán a la desaparecida Agnes y una no menos importante nave en la trama como el la Lazirian.

Personajes enigmáticos como el diplomático Samuel Verk, o el todopoderoso capitán Jan Delvian y su armadura prodigiosa; protagonistas que retornan al hogar como Joviann Fust, a quien ya veremos si todos los fiduciarios del orbe le servirán para comprar su salvación.

En definitiva, Víctor Conde erige ante nosotros una inmensa catedral que se apoya en los sustentos de la Ciencia Ficción de aventuras de los últimos años, alimentada en ocasiones por una imaginación desbocada, afianzada en otras en la más clásica fantasía y mitología de siempre.

Pero, ojo; aviso a navegantes. Tampoco debemos rendirnos a los pies de una prosa que reitera determinados efectismos sintácticos o lingüísticos en contra de la fluidez de una historia de este tipo, que suele devengar mantener vivo el fuego de la hoguera de atención del lector. Corremos el riesgo de diluir la novela y que ésta no saque cabeza en el juicio de la historia que la recuerde dentro de unos años.

Conde, con personalidad y estilo propio innegable, esculpe escenarios que me recuerdan al extraordinario universo de Akasa-Puspa de Juan Miguel Aguilera y cuya manera de expresarse me evoca ecos de las “Lágrimas de luz” de Rafael Marín. Esta fórmula magistral exige al lector tener estómago para una larga digestión y paciencia selectiva; abstenerse mojigatos, no debemos querer abalanzarnos sobre las líneas para avanzar en la historia. Su prosa está plagada de las metáforas ya referidas, de descripciones, no ya sólo de los personajes, como de los paisajes y las situaciones en sí mismas.

Este libro, con la mitad de páginas, no habría perdido un ápice de historia. Habría sido una buena space opera de las muchas que circunnavegan el orbe cienciaficcionero y que, por qué no, habría dado para estirar el chicle perfectamente. Pero... obviamente, eso no lo quería el autor, aún a riesgo de incidir en aspectos ¿negativos? que ya con “Mystes” se le achacó. Decenas de personajes, sí, pero de algunos sabes poco más que su nombre y lo que la historia presente demanda; Planetas, sí, pero de los que hay que huir pronto, como de la mítica luna Serpindal, antes de que te des cuenta; Decenas de referencias tanto a lugares fantásticos y muy lejanos como a hechos que merecen odas completas, pero al final uno asiste a ellos con cierta desorientación y borrachera; y... hete aquí que es donde se nos desvela con toda grandiosidad la mágica batuta de Víctor Conde. Desarrolla tal imaginación y toca tantos palos de la última Ciencia Ficción escrita, que la historia en sí misma es una bacanal de mística ficción. Ahí es donde su floreada escritura tiene sentido. Las palabras, las frases encadenadas una tras otra como una elaboradísima trenza, ensalzan esta multihistoria, diría yo, a cotas de deleite muy altas para los sentidos.

No se abusa del fácil belicismo, no utiliza el sexo de manera excesiva, no droga a los personajes, sino que el río fluye hasta final que se resuelve entre vapores de misterio y cierto misticismo físico. Crees saber dónde estás, pero finalmente el autor lo ha conseguido: ha dinamitado nuestros sentidos y casi agradeces llegar a puerto.

Un libro, pues, denso, presto a ser catado como un licor para paladear todos los matices y aromas. Tiendas de tribus primitivas como las del pueblo de los Axha entremezcladas con Cruceros de guerra y Exfinges que pueden fulminarnos o abrirnos los secretos del universo. No os digo más. “Pasen y vean” que dicen en el circo.

Lo dicho, ahora le espera el verdadero jurado a Víctor Conde: el público. Este escritor ya había puesto el listón alto, pero ha sido fiel a su estilo y virtud a ello ha parido esta criatura que reclama ya su puesto entre los inmortales de nuestro Hall de la Fama. Ahora, cabe esperar... ¿qué nos deparará Víctor Conde en el futuro? Desde luego, el universo de su imaginación es infinito. Felicidades.



(R) Jaime Santamaría de la Torre, marzo de 2010.
http://galaxiabidena.blogs.scifiworld.es

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