Portada de "Al oeste de la maldad" de Nikki St. Crowe.
Portada de "Al oeste de la maldad" de Nikki St. Crowe. | Fuente: Ediciones Urano.
Portada de "Al oeste de la maldad" de Nikki St. Crowe.
Portada de «Al oeste de la maldad» de Nikki St. Crowe. | Fuente: Ediciones Urano.

Al oeste de la maldad ha sido una de esas lecturas que, sobre el papel, tenía todos los ingredientes para gustarme, pero que finalmente no ha sido para mí. Nikki St. Crowe nos propone un retelling oscuro y adulto de El mago de Oz, transformando el conocido camino de baldosas amarillas en un lugar mucho más peligroso, sensual y retorcido, habitado por brujas, monstruos y personajes de moral más que cuestionable.

La novela publicada por Sombras es un romance oscuro traducido por María José Losada Rey.

La protagonista vuelve a ser Dorothy Gale, aunque esta Dorothy dista bastante de la que todos conocemos. No sabe realmente de dónde procede: apareció siendo una niña en casa de Em y Henry y ha crecido en Kansas sin conocer la verdad sobre sus orígenes. Todo cambia cuando un ciclón la arrastra junto a su perro y su casa hasta la tierra maldita de Oz. Allí, siguiendo el consejo de Cleo, asesina a la Bruja del Este y comienza a recorrer el camino de baldosas amarillas en busca del misterioso Mago de Oz.

Por supuesto, durante el camino aparecen versiones completamente diferentes de los personajes clásicos. Uno de los primeros es Rook, un hombre al que Dorothy encuentra golpeado y atado a un poste en mitad de un campo de maíz, en clara referencia al Espantapájaros. Rook ha perdido sus recuerdos y decide acompañarla. También tendremos una versión bastante peculiar y mucho más peligrosa del Hombre de Hojalata. Y es precisamente esta reinterpretación de personajes y elementos reconocibles lo que más interesante me ha parecido de la novela.

Al oeste de la maldad y su falta de conexión

Sin embargo, aunque la idea me llamaba muchísimo la atención, la ejecución no ha conseguido atraparme. Me ha costado conectar tanto con los personajes como con la historia y he tenido la sensación de estar esperando continuamente ese momento en el que finalmente todo hiciera clic conmigo. Tiene oscuridad, secretos, identidades ocultas, personajes moralmente grises y un Oz bastante siniestro, pero aun así no he terminado de involucrarme emocionalmente en lo que estaba sucediendo. La propia presentación editorial la define como una reinterpretación oscura y retorcida de El mago de Oz, con romance prohibido, identidad oculta y un viaje de autodescubrimiento.

Eso no quiere decir que me parezca un mal libro. Creo que puede Al oeste de la maldad funcionar muchísimo mejor para lectores que disfruten especialmente de los retellings oscuros y las reinterpretaciones radicales de cuentos e historias clásicas. Tiene ideas originales y juega constantemente con nuestras expectativas sobre Oz y sobre quién ocupa realmente el papel de héroe o villano.

Y, curiosamente, pese a que este primer libro no ha sido para mí, sí quiero saber qué ocurre en la siguiente parte. El tramo final deja suficientes revelaciones, preguntas y asuntos pendientes como para despertar mi curiosidad. De hecho, varias reseñas coinciden en destacar precisamente el cliffhanger y las ganas que deja de continuar con el segundo libro.

Así que mi sensación al terminar Al oeste de la maldad es bastante contradictoria: no he conectado con la novela, pero sí me ha dejado con ganas de conocer las respuestas. Quizá con la segunda parte, Nikki St. Crowe consiga darme aquello que he echado en falta en esta primera entrega.

Irati Egaña
Desde pequeña fui una ávida lectora, y tras mucho leer y escribir reseñas en mi blog, he conseguido acabar aquí de redactora.

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