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Arzach de Moebius
Carlos Caranci   05/01/2008 ( 953 lecturas) Comentarios (2)
     Cinco historias, cinco versiones distintas del mismo nombre, Arzach, Hazark, Arzak y Harzakc. Os presentamos una de las obras de culto del siempre genial Moebius.
Para quienes no estén muy familiarizados con el universo de Moebius, Arzach podría parecer un álbum de ilustraciones, un enigmático manual de símbolos y alegorías o una pretenciosa boutade de un autor charlatán. Por el contrario en él encontrarán todos los componentes que definen a este artista galo, desde su impresionante y muy personal estilo de dibujo hasta su descontrolada composición narrativa, causa del rechazo profesado por aquellos lectores que ante todo buscan la historia antes que la ilustración.

Arzach No intento establecer una decodificación de un cómic prácticamente carente de texto y pretendidamente indefinible, simplemente aconsejo que el lector novel de Arzach se deje impresionar por los apabullantes dibujos del artista sin atender al guión, aprendiendo que en la producción de Moebius la improvisación juega un factor fundamental. Él mismo declaró que Arzach lo creó sobre la marcha, sin tener ni idea de lo que vendría en la siguiente página. Con todo, no estamos ante una muestra de escritura automática, por supuesto: la elaboración de las ilustraciones supone tanto tiempo y dedicación que sólo cabe explicarlo como un ejercicio de búsqueda del placer por parte del autor, donde se ve cómo disfruta dibujando y cómo goza con las ramificaciones inesperadas que parten del atisbo inicial.

Arzach nació para las páginas de Métal Hurlant, (en España, Tótem) en 1975, revista gráfica orientada hacia la ciencia ficción para adultos fundada por el colectivo Les Humanoïdes, guionistas, dibujantes y productores (además del mismo Moebius, Bernard Farkas, Philippe Druillet y Jean-Pierre Dionnet) que, fieles a su tiempo, buscaron un soporte para obras de consciente marginalidad y actitud provocadora, evidentes en el recurso a la violencia explícita o la apología de las drogas como canal liberador del individuo. Pero la característica principal era la búsqueda de calidad en la estética y puesta en página de la que adolecían los productos más masivos de tirada periódica; Moebius, de hecho, dibuja, entinta y aplica el color manualmente, lo que proporciona un resultado final de una sofisticación inédita hasta la época, en la escala cromática y en su infinidad de veladuras.

ArzachLas historias son cinco, tituladas con cinco versiones del mismo nombre, el del protagonista de capuchón apuntado e imperturbable sangre fría, quien sobre su pterodáctilo (modelo de criatura que más tarde emplearía para Deepo, la mascota del John Difool de El Incal) sobrevuela solitario una tierra hostil de siniestros habitantes. Arzach es un ser carente de escrúpulos, implacable con quien se cruce en sus propósitos: es la encarnación de las pautas arquetípicas del subconsciente masculino, no en vano visto como exaltación fálica (la avidez sexual y la violencia de las que hace gala, el alto gorro cónico, reflejado en una especie de asiento-lingam en la penúltima página de la última historia, y el agresivo flujo de su pene que resulta letal en la primera de las mismas) y que por tanto aparentemente encaja con el pseudónimo del dibujante, quien amparándose tras el nombre de la famosa cinta y su significación lacaniana, justifica sus creaciones como fruto de lo que no es consciente. Lo que ocurre más bien es que el jinete Arzach responde perfectamente al estereotipo de aventurero westerniano absolutamente autosuficiente, herencia/homenaje a la serie anterior de Moebius, El Teniente Blueberry. De hecho, hasta ahora no he dicho lo que es de dominio público, y es que Moebius en su vertiente más realista (El teniente…, con guión de Jean-Michel Charlier) firma con su auténtico nombre, Jean Giraud, que aquí no nos concierne porque poco tiene que ver con lo que supone Moebius (alias y diferente estilo adoptados a partir de 1963) para el mundo del cómic. 

Arzach Los escenarios de Arzach también aluden a un semidesierto de inspiración texana, con sus retorcidas rocas rojas, sus matojos abrasados por el sol y los restos del esqueleto calcinado de algún animal, aquí empero de tamaño gigantesco. Los turbulentos cielos, las construcciones ciclópeas perdidas en la nada, las ruinas de monumentos milenarios, ofrecen una dimensión épica preñada de ironía porque hiperbólica, antes que una secuencia de imágenes surrealistas u oníricas. Un mapa indescifrable sintetizado en unas pocas planchas que evidencia que lo aquí mostrado no es más que una ínfima porción de todo un complejo universo, invitando al lector a elucubrar sobre lo que vendrá ahora como extensión del paisaje o lo que había allí anteriormente. 

En cuanto a las referencias de Moebius, parece despuntar la saga Dragonriders of Pern de Anne McCaffrey, cuyo éxito comenzó precisamente a finales de los ’60, como fuente para el jinete de pterodáctilo y esa suerte de Medioevo futurista, además de Harold Foster, antes que Alex Raymond, como inspiración para los vastos escenarios, las inexpugnables construcciones o los ejércitos de ricas armaduras y minucioso detalle. 

La primera historia, Harzack, se encuadra en el estilo de los relatos cortos que Moebius publicara en la revista cómica Hara-Kiri: se trata de dos páginas dedicadas a un sketch escatológico que puede despertar una simpática sonrisa, y poco más. 

ArzachEs en las siguientes, Arzach, Harzak, Arzak y Harzakc donde se ve al dibujante en todo su esplendor. Harzak es sin duda la más famosa, aquella en la que, con la montura fatigada y sobrevolando un campo de voraces anémonas, el protagonista decide reposar sobre los restos de un supuesto puente ya ocupado por un gigantesco antropoide contra el que deberá combatir (con astucia). En cuanto a Arzak, el personaje del técnico de pterodáctilos maltrechos sirve como inspiración para las historias de años posteriores tituladas Los reparadores, que serían el germen de otra de sus obras cumbre, El mundo de Edena. La segunda y la última, comienzan de manera similar, con Arzach (nombre unificado y consensuado para designar al personaje) que repara en una atractiva mujer a quien decide conquistar (forzar); pero mientras en Arzach el episodio se resuelve de manera humorística, en Harzakc no se resuelve y se diluye en viñetas a toda página sin correlación argumental con lo anterior (espectacular doble folio de un ejército donde aparece un diminuto autorretrato de Moebius) y que culminan en un críptico consejo de individuos biomecánicos ante cuya atenta mirada uno de ellos repite: <<Harzach>>.
El mismo recurso de los cinco títulos diferentes ya anuncia las intenciones del autor de componer unas páginas de núcleo fluctuante, si bien haya unos elementos comunes. Unas páginas que deconstruyen los arquetipos canónicos de lo que es una historieta, prescindiendo del guión, eliminando simbólicamente la figura del escritor y demostrando la autarquía del cómic como género artístico. Es por tanto una postura deliberada y política la de no hacer caso del desarrollo y conclusión lógica de los episodios, de plantear alternativas a este género que el mismo Moebius ha declarado “limitado”. Moebius está pues reivindicando la absoluta independencia intelectual del Cómic, propuesta que sentó precedentes e hizo de esta obra una pieza de culto, con todo el riesgo que esta definición entraña. 

Arzach Posteriormente, con el bagaje iconográfico de Arzach y la popularidad que el personaje alcanzó en el mundo del cómic europeo, aderezado con referencias a otras de sus obras (los hombres-nariz de Edena, por ejemplo), Moebius dibujó y escribió una serie animada para el canal televisivo France 2, compuesta por narraciones de cinco minutos titulada Arzach Rhapsody (2002). Sin embargo, y en contra de lo esperado, los dibujos, lejos de mostrar el puntilloso detalle de la página impresa, eran muy sintéticos y la animación plana y estática, más simbólicos que el crudo trazo del ’75. Si bien volvemos a encontrar algunas de las historias del cómic, resultan edulcoradas y del todo pervertidas de su significación original al contar con diálogo hablado o una siempre inútil voz en off. Arzach Rhapsody es un experimento interesante mas no recomendable a quienes busquen una animación acorde con el Arzach original. 

Por último, es de destacar la película de animación Heavy Metal (1981), intento de trasladar el espíritu de Métal Hurlant al mundo anglosajón, con un compendio de historias cortas de las cuales nos interesa la última, Taarna, por montar la guerrera protagonista (quien tampoco dice palabra, como el bueno de Arzach) un monstruo alado blanco que parece convertirse en la carta de presentación de la obra de Moebius.

ArzachEl hecho de que los personajes no hablen, de que no exista el texto a lo largo de todas las historias es más importante de lo que se cree. Bajo el consejo de sabios de la última página, hay un cubo pétreo flotante en el éter, símbolo de lo que supone Arzach: un discurso enigmático y ambiguo del que no se obtiene una lectura satisfactoria. La virtud de Moebius en Arzach es obtener imágenes que desentrañan una historia que no resulta relevante; por ello es insuficiente hablar de un cómic mudo, pues aquí las mismas viñetas componen toda la obra a contemplar, se definen a sí mismas y al contexto que las engloba, se pueden saborear aisladas de sus compañeras o como partícula de un episodio, que debe ser entendido antes como una propuesta de arte que como una historieta. Se las ha comparado con piezas musicales o con poemas abstractos; en efecto, para disfrutarlas no es necesario conocer el contexto, basta con dejarse convencer por la inmensa mano de Moebius. Lo que se podría escribir sobre un cómic como este sería tan vasto y a la vez tan superfluo que la crítica adecuada para Arzach debería ser, sin lugar a dudas, una página en blanco.

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2 Comentarios recibidos
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Usuario: Ulmo (08-Enero-08)

La verdad es que me ha parecido un pedazo de articulo. No me he leido Arzach, pero siempre es genial descubrir una nueva obra de Moebius.
A ver si con suerte Norma la reedita, como han hecho con el Incal :rueda:
Usuario: Murray (05-Enero-08)


Dios mio, ¡pedazo de artículo!. La verdad es que había "leído" Arzach, pero ni se me habría ocurrido analizarlo. hay que tener un bagaje del que carezco. ¡Y del que andas sobrado!.
Muy bien escrito, sí señor....
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