La memoria de la nieve Danielle Trussoni Noticia Crítica Reseña
Portada de "La memoria de la nieve" de Danielle Trussoni, diseñada Lidia Vilamajo. | Fuente: Ediciones B.
La memoria de la nieve Danielle Trussoni Noticia Crítica Reseña
Portada de «La memoria de la nieve» de Danielle Trussoni, diseñada Lidia Vilamajo. | Fuente: Ediciones B.

¿Alguna vez te mandaron a hacer tu árbol genealógico en el colegio? Es fácil encontrar las primeras ramas: padres, hermanos, abuelos, primos hermanos. La cosa se complica cuando empezamos a tirar para atrás, de tatarabuelos y tías tatarabuelas. Pero en ese entramado serpenteante pueden esconderse verdaderos secretos, historias jamás contadas en voz más alta que los susurros y esperanzas enlazadas con las promesas y la sangre. La memoria de la nieve de Danielle Trussoni es un título de terror paranormal y novela gótica publicado por el sello Ediciones B.

Bert Monte está pasando por una dura crisis existencial. La muerte de sus padres, el aborto, su inminente divorcio… La soledad, la depresión y la frustración parecen estar comiéndosela viva, pero no sabe cómo salir de ese ciclo. Entonces recibe una carta inesperada. Bert ha sido nombrada heredera de una herencia de un familiar que ni siquiera sabía que existía. Ahora es condesa y dueña de un castillo, propio más de un cuento de hadas que de un giro extraño del destino.

Al encontrarse con el pasado de los Montebianco, Bert también debe enfrentarse a los misterios que esconde más allá de sus altas torres, pasillos laberínticos y páginas y páginas de historia familiar. Porque hay algo más allí, con ella. Algo que no está en las paredes bellamente decoradas ni en los lienzos familiares. Algo que ahora que ha encontrado a Bert, no la dejará escapar jamás.

Lo que se esconde en el miedo

La memoria de la nieve es, cuanto menos, un relato poco convencional. Aunque se lo categoriza como terror, no sigue las estrategias y caminos habituales del género. En una novela de terror, la pieza fundamental de todo miedo suele ser el desconocimiento. Partimos de una situación estable en la que de repente se descubre algo horrible y los personajes empiezan a indagar mientras todas tus alarmas saltan. Te gustaría advertirles, sabiendo que su vida nunca será la misma, pero obviamente eso es imposible. Y según se adentran en la oscuridad y entra la comprensión de lo que sucede, el terror aumenta, siempre in crescendo. Digamos que este es el esquema más común. Pues Trussoni juega con él y le da la vuelta.

Desde el principio de la novela, Bert está rota y perdida. Desolada por la pérdida de lazos a su alrededor, lamentando la pérdida de su hijo, frustrada con su propio cuerpo, Bert vive una pesadilla para consigo misma, en silencio. Trussoni nos planta en un campo oscuro nada más empezar, donde son las suposiciones, las visiones por el rabillo del ojo, las preguntas sin respuesta y los secretos los que generan un auténtico y frío terror. Es el conocimiento lo que nos vuelve poderosos y, a la vez, vulnerables. Es Bert quien nos cuenta su historia y lo hace en pasado, como quien relata sus memorias. No hay momento en que nos brinde un rayo de esperanza, que no nos anuncie de forma anticipada que las cosas saldrán mal, que el destino es avaricioso y caprichoso, y aun así consigue sembrar un terror genuino y paralizante.

El poder de la palabra

La narrativa de Trussoni es particularmente detallada, romántica hasta la tragedia y cautivante. Es capaz de llevarnos por el camino que ella desea y con un ritmo constante, sin prisa, pero sin pausa. Como quien escala una montaña helada, ella es la guía que nos advierte de los peligros y de los pasos seguros, que observa con atención cómo nos congelamos del frío, del desconcierto, del temor, mientras sopesa si es momento de hacer un alto.

Bert nos convierte en su confidente durante ese viaje y probablemente nosotros nos demos cuenta mucho antes que ella de todos los cambios que está viviendo, sufriendo, soñando. Y aunque es a través del relato de Bert que conocemos a los demás, Trussoni consigue hacer unos personajes tan sólidos y macizos como la montaña que gobierna el castillo de los Montebianco. Es el gran punto fuerte de la novela y, como tal, lo guardo para aquellos que quieran darle una oportunidad.

Los paseos involuntarios por el castillo en ruinas nos señalan retazos de un pasado glorioso y un futuro destinado al abandono. Es gracias a la prosa minuciosa y detallista de Trussoni que nos podemos embarcar en la belleza gótica del castillo, con su invitación latente al misterio, a lo oculto, a las bestias innombrables y a los hombres de pesadilla.

La familia, la unidad, la herencia, la maternidad. Esos son los términos principales que rigen la novela. No es Bert la única que nos conecta con ellos a través de su relación con sus padres y abuelos, de su propio matrimonio, de sus abortos, de sus deseos imperiosos de ser madre. Al ahondar en su historia familiar, en la memoria que ha quedado grabada en los retratos, las fotografías, las cartas y los diarios, descubrimos las experiencias de otras mujeres que forman parte de los antepasados de Bert. Y es ahí donde Trussoni, con La memoria de la nieve, nos lleva a lo alto de la montaña, justo antes de que amanezca, con un millón de palabras sin escribir, pero con tantísimos sentimientos aguardando tras las letras.

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Periodista, camarógrafa y escritora. Con muchas historias que ver, relatos que escribir y memorias que vivir.

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