Industrias y andanzas de Alfanhuí (Ed. ilustrada), de Rafael Sánchez Ferlosio: experiencia creativa únicaSi “inclasificable” es aquello que, por su naturaleza insólita o extraña, no admite clasificación. ¿Cómo deberíamos llamar a lo que, aun siendo insólito, sí admite clasificación, solo que éstas clases son tantas y tan diversas a la vez que no podrían todas recogerse en una serie normalizada de calificativos? Ecléctico parece saber a poco, pues estamos aquí ante un caso realmente excepcional de combinación de diferentes géneros y estilos. Disquisiciones léxicas aparte, un hecho es que estamos, con ‘Industrias y andanzas de Alfanhuí’ (Literatura Random House, 2016; originalmente publicado en 1951), ante la primera obra de Rafael Sánchez Ferlosio (Roma, Italia, 1927). Un texto originalísimo, atrevido y osado como pocos. Capaz de romper entonces con la monotonía y el estatismo de la literatura española de posguerra, anclada como estaba en el realismo.

Con todo, Ferlosio no renuncia al realismo sino que juega con él. Su capacidad para la observación, la descripción y el análisis de lo cotidiano se mantiene intacta; ejerciéndola con precisión de relojero y enorme sagacidad -así tenía que ser, dada la furibunda censura de la época-. De hecho, a lo largo del texto se van dejando caer, a modo de perlas perdidas en medio del río de palabras, perfiles u opiniones bastante claras respecto a Lo Real. Por ejemplo: se está haciendo una descripción de Madrid cuando, de repente, se desliza la frase “Brillaban los zapatos de charol, pero no morían las cucarachas.” (pág. 109). Personalmente, mi mente voló hasta el "Manhattan Transfer" de John Dos Passos, a ese matrimonio otrora acostumbrado al lujo y la buena vida que, de repente, pobre y miserable, toma la decisión de vender poco a poco los muebles de su casa, para mantener intacta esa imagen pública de opulencia, hasta vivir únicamente con una mesa, dos sillas y un colchón. Esa imagen, y su idea de cinismo e hipocresía, aplicada a toda una sociedad y a toda una ciudad, vino a mí con una simple frase.

Con este mismo fin de análisis realista se utilizan otros elementos más habituales de una creatividad simbolista (¿Alguien ha pensado en "Platero y yo"?): como son los colores y las sombras, el fuego y el viento, los sonidos y los olores, las estaciones del año, los accidentes geográficos, los personajes caricaturizados (Don Zana es el ejemplo más evidente, caracterizado como una marioneta de ridículos ropajes) o los objetos inanimados dotados de características animadas. En algún momento de la novela se recurre al análisis de Lo Real a través de alguno de estos elementos. Por ejemplo: “Me voy al reino de lo blanco, donde se juntan los colores de todas las cosas, Alfanhuí.” (pág. 82), y será a lo largo de varias lecturas cuando comenzaremos a desentrañar el código de colores utilizado por la voz narradora donde predominan el negro, el azul, el rojo, el naranja y el verde.

Industrias y andanzas de Alfanhuí (Ed. ilustrada), de Rafael Sánchez Ferlosio: experiencia creativa única Pocas novelas hay que te maravillen tanto tras un viaje, que te inquieten y que te impulsen tanto a volver a viajar. Acabas de llegar y ya piensas en volver a salir. Industrias y andanzas de Alfanhuí (Ed. ilustrada), de Rafael Sánchez Ferlosio: experiencia creativa única

Además de con el realismo, juega con las categorías y con los recursos literarios. En su crítica al realismo, como ya vimos, utilizaba de forma transgresora estos recursos. Pero también es capaz de llevarlos en otras direcciones.

La crítica se ha devanado los sesos intentando decidir si el viaje de Alfanhuí, con un principio y un final claros, tiene más que ver con la picaresca o con el bildungsroman. Mientras el pícaro aplica su saber de forma aviesa a Lo Real considerándose siempre más listo que los demás, el viajero del bildungsroman se deja influir por Lo Real en cuanto aprendizaje considerando a la sabiduría como a una meta a sus acciones y no como a un punto de partida. Entonces, ¿cómo es posible que dos figuras tan distintas sean confundibles en cuanto al viaje de Alfanhuí? Lo etéreo de la búsqueda del protagonista ha impulsado este debate. Personalmente, me inclino más por el viaje existencial, en cuanto no es la mera experiencia de lo vivido su leitmotiv, sino que esa experiencia le aporta un bagaje interior útil para decidirse o aclararse sobre quién es y qué quiere o espera de la vida.

Alfanhuí nace como personaje porque otro, su maestro taxidermista en Guadalajara, le pone el nombre. Sin embargo, ese nombre es un significante vacío, está desprovisto de una personalidad definida, y es la experiencia la que irá rellenando ese vacío interior hasta el clímax final.

Otros aspectos interesantes son el contraste en el uso de los espacios: interior-exterior, rural-urbano, con una clara crítica a la ciudad y a los personajes amorales e inmorales que la pueblan. La aparición de los hombres iracundos que, en un abrir y cerrar de ojos, siembran violencia y destrucción y muerte allá por donde pasan. El análisis de Lo Real a partir de la inversión del mensaje franquista (el pasado mítico, simbolizado por el archiconocido adagio “cualquier tiempo pasado fue mejor”): acudiendo a otros tiempos o a otras figuras distintas a las entonces oficiales (1951), como acontece en el capítulo “De los bomberos de Madrid”. O cómo juega con los extremos en la caracterización de los personajes, pivotando indisimuladamente desde la agria mascarada de los personajes histriónicos y verbosos, por un lado, hasta la dulce calma de los personajes silenciosos y quedos, por el otro lado.

Industrias y andanzas de Alfanhuí (Ed. ilustrada), de Rafael Sánchez Ferlosio: experiencia creativa única

Industrias y andanzas de Alfanhuí’ (Literatura Random House, 2016) se construye como un ejercicio de equilibrismo magistral y sorprendente, donde el juego con tantos elementos, de tantas formas distintas, se resuelve de una forma tan brillante que, inadvertida y simultáneamente, te atrapa y te maravilla. Sin darte cuenta, solo interrumpido por las angustiosas y nervudas ilustraciones de Asen Stareishinski (Bulgaria, 1936-1991), has asistido a un viaje de descubrimiento existencial, de aprendizaje vital, de crítica social y de maravilla surreal; todo de vez. Al cerrar el libro te queda, además, la sensación cierta de que otras muchas cosas se te han escapado, de que a lo mejor tienes algunas claves de lectura -fruto del viaje- que te servirían para comprender otros aspectos de la novela… Y vuelves a empezar.

Pocas novelas hay que te maravillen tanto tras un viaje, que te inquieten y que te impulsen tanto a volver a viajar. Acabas de llegar y ya piensas en volver a salir. Esta es la experiencia creativa única que ha conseguido Ferlosio con esta novela. Y que le ha valido, con mucho acierto, el calificativo de ser “un libro sin edad”.

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