Portada de «Todos somos villanos» de M. L. Rio | Fuente: Umbriel

M. L. Rio nos trae una oda a las obras del dramaturgo William Shakespeare, readaptando sus tragedias a la modernidad. En ‘Todos somos villanos’, publicado en España por Umbriel, la autora explora el poder de las palabras, de los personajes literarios, las diferentes interpretaciones que le podemos dar a los textos y de las emociones del lector.

En este dark academia, conocemos la historia de Oliver, un chico que lleva diez años encerrado en prisión por un asesinato que no cometió. Justo el primer día que sale de la cárcel, decide contarle toda la verdad sobre lo que en realidad pasó el día del crimen al detective que estaba a cargo de la investigación.

A lo largo de la novela, Oliver, un narrador en el que no podemos confiar cien por cien, nos cuenta como era la vida en el conservatorio y su relación con cada uno de sus amigos. Como la presión de ser el mejor en las obras de Shakespeare que representaban se extendían fuera del escenario. Repartiéndose así entre el grupo de amigos los diferentes papeles: el héroe, el villano, el tirano, la seductora, la ingenua, los extras. Aunque la autora se recrea en estos clichés, hace un muy buen trabajo desarrollando cada uno de los papeles, encasillando así cada personaje en su papel.

M. L. Rio juega con la idealización y la ideologización que se le puede llegar a tener a la obras de cualquier artista, Shakespeare en este caso. Es el mismo Oliver, que menciona en algún momento de la narración, que más que una academia de teatro, el conservatorio se había convertido en una secta del famoso dramaturgo.

‘Cuando atravesamos esas puertas por primera vez, lo hicimos sin saber que ahora éramos parte de una extraña religión sectaria donde cualquier cosa se podía disculpar siempre y cuando se ofreciera al altar de las Musas. Locura ritual, éxtasis, sacrificios humanos. ¿Estábamos embrujados? ¿Nos habían lavado el cerebro? Quizá.’

Conforme avanza la novela, el lector va dándose cuenta de que cada una de las personalidades de los amigos de Oliver va desarrollándose de una forma u otra dependiendo de los papeles que se les ha asignado en la obra que les toque representar en aquel momento. Haciendo difícil para el lector y los otros personajes, en algunas situaciones, entender si están actuando o están siendo ellos mismos. Es así como M. L. Rio hace reflexionar al lector: ¿depende el actor de su personalidad?, ¿o su personalidad de cómo actúa?

En ‘Todos somos villanos’, los personajes usan diferentes diálogos de las obras para hablar entre ellos fuera del escenario. Expresando así qué es lo que sienten en aquel momento de una forma mucho más chocante. Creando así, paralelismos entre las obras y la vida real del grupo de de estudiantes de la clase de Oliver.

‘ – ¿Le echas la culpa de algo a Shakespeare?

–Le echo la culpa de todo.

Aunque es un libro que habla mucho sobre la obra de Shakespeare, no se necesita haber leído sus obras para entender que es lo que sucede en este libro. Ya que los diálogos utilizados son bastante sencillos de entender. Sin embargo, muchos juegos de palabras y el significado de algunas metáforas se pueden llegar a perder si no conocemos su obra.

M. L. Rio tiene una pluma que te atrapa desde el principio. Es innegable el trabajo que hay detrás de un libro como éste para intercalar los diálogos de las diferentes obras de Shakespeare dentro de esta historia y hacer que tengan un sentido global.

M. L. Rio, autora de ‘Todos somos villanos’. Fuente: página web de la autora.

Por otro lado, ‘Todos somos villanos’ es también un libro de misterio. En el que el lector quiere llegar a saber qué es lo que sucedió en realidad hace diez años. Es allí donde me falló la trama, ya que, desde el principio de la novela, cuando empezamos a ver cada una de las diferentes personalidades, el lector puede llegar a imaginar cómo acabará cada uno y quién hará qué. Aun así, el drama que se desenvuelve a lo largo de la narración, hace que el lector no pueda parar de leer.

‘Los actores son volátiles por naturaleza; criaturas alquímicas compuestas de elementos inflamables: sentimientos, ego y envidia. Si las calientas y las mezclas, a veces puedes conseguir oro. Otras veces, un desastre.’

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