¿Y si el mejor juego de movimiento de los últimos años no lo protagonizara un personaje, sino su halo?
Los que llevamos toda la vida saltando píxeles sabemos que el género de plataformas es, probablemente, el más difícil de reinventar. Está todo tan medido y tan estudiado desde los tiempos de los 16 bits que cada año aparecen cientos de títulos correctos, bonitos, entretenidos y… absolutamente olvidables. Por eso, cuando aparece un juego que se atreve a tocar la base misma del género y encima le sale bien, hay que pararse a celebrarlo. Y si además ese juego está hecho en España por un estudio de dos personas, con más razón todavía. Aureole: Wings of Hope, desarrollado por Team Stargazers y editado por el sello barcelonés JanduSoft, es exactamente eso: uno de los plataformas más frescos que hemos jugado en mucho tiempo, y una de esas joyas indie patrias que merecen muchos más focos de los que han tenido. Vamos a contaros por qué.
De una game jam al cielo
La historia detrás del juego ya es bonita de por sí. Todo empezó en 2021, cuando sus dos creadores se conocieron en una game jam cuyo tema era «objetos inanimados» y la ganaron con un pequeño prototipo protagonizado por una anilla. Aquella semilla fue creciendo durante años hasta convertirse en un juego completo que llamó la atención de JanduSoft, que lo llevó a todas las plataformas actuales.
¿Y la premisa? Pues una gamberrada celestial. El Reino del Cielo lleva siglos en paz desde que los demonios fueron desterrados al inframundo… tan en paz, que a alguien se le ocurrió que ya no hacía falta ejército. Y claro, pasa lo que tiene que pasar: Lazel, el autoproclamado Rey Demonio, invade el cielo con la alfombra roja puesta. En plena catástrofe, nuestros protagonistas (los ángeles Ramila y Ryleth) caen a la superficie, con el pobre Ryleth atrapado dentro de una aureola. Y ese aro es, precisamente, lo que vamos a manejar durante toda la aventura. La historia se cuenta con un humor socarrón, sin tomarse en serio a sí misma ni un segundo, y aunque no es el plato fuerte del menú, deja diálogos con bastante gracia.

Aquí no se corre ni se salta: aquí nos lanzamos
Y llegamos a lo importante, porque el verdadero milagro de Aureole: Wings of Hope está en el mando. Aquí no controlamos a un personaje que corre y salta como en cualquier plataformas de toda la vida: controlamos la propia aureola, y la aureola no camina si no que se lanza. Todo el juego se sostiene sobre un sistema de físicas, impulsos e inercia en el que nuestras herramientas son engañosamente simples: un salto (dos, como máximo, sin tocar el suelo), una aceleración y la posibilidad de estamparnos contra el suelo para ganar impulso. Con eso, y con los elementos que nos ofrece el escenario en forma de pendientes, rampas, boosters y superficies de todo tipo, tenemos que trazar trayectorias, mantener la velocidad y llegar al final de cada fase.
Aunque en teoría puede parecer sencillo, lo cierto es que una vez que empezamos a jugar queda claro que estamos ante una de esas mecánicas que se aprenden en dos minutos y se tardan horas en dominar, y ahí está toda su gracia. Lanzar el aro, corregir el ángulo en pleno vuelo, encadenar una rampa con un doble salto y salir disparado por una pendiente manteniendo el impulso tiene algo tremendamente satisfactorio que cuesta muchísimo dominar. Las comparaciones con Sonic son inevitables (la propia editora ha abrazado la broma con lo de llamarlo «el Sonic bueno») y también hay ecos de Celeste y Super Meat Boy en su exigencia.
Eso sí, las físicas son un arma de doble filo, ya que hay momentos al rebotar entre elementos del escenario como si fuéramos la bola de un pinball en los que sentiremos que perdemos el control del aro. Muchas veces es intencionado, porque los niveles esconden atajos, bifurcaciones y secretos pensados justo para eso, pero otras veces perderemos el control del halo y esa sensación puede llegar a ser tremendamente frustrante.

Seis mundos y un cronómetro
La estructura del juego sigue el diseño clásico de seis mundos que hay que superar para volver al cielo, cada uno con sus propias fases y con sus propias mecánicas y superficies nuevas que le dan otra vuelta a las reglas. La curva está muy bien medida y el juego no deja de sacarse cosas de la manga hasta el final, aunque también es verdad que no siempre da tiempo a dominar cada novedad antes de pasar al siguiente.
Pero el verdadero punto fuerte del juego es el cronómetro y, es que, cada fase puntúa nuestro tiempo con medalla de oro, plata o bronce, y aunque para avanzar en la historia basta con llegar vivos al final, la verdadera gracia está en intentar ir superando cada uno de esos tiempos. El diseño de niveles está claramente pensado para hacer speedruns y las clasificaciones online nos permiten comparar nuestras marcas con las del resto del mundo. A eso se suman un buen puñado de niveles ocultos, secretos, coleccionables y minijuegos que alargan la vida del título mucho más allá de los créditos.
No todo es tocar el cielo
Aureole: Wings of Hope es un juego exigente, y en sus tramos finales puede llegar a ser directamente frustrante. Además, esa sensación ocasional de que las físicas se descontrolan en algunas zonas del juego no convencerá a todo el mundo, y en Switch hemos detectado alguna ralentización puntual en zonas concretas, nada grave pero que está ahí y que sí puede llegar a afectar a la experiencia de juego.

Ahora también en formato físico
Una última buena noticia, sobre todo ahora que Sony intenta arrebatárnoslo: gracias a la colaboración entre Team Stargazers, JanduSoft y la editora Tesura Games, desde el pasado 27 de marzo está disponible Aureole: Wings of Hope – Celestial Edition, la edición física para PlayStation 5 que incluye el juego completo, una funda exclusiva, un manual de instrucciones y un CD con la banda sonora original. Un formato que le sienta de maravilla a un juego que es, en sí mismo, un homenaje a los clásicos.
Conclusiones del análisis de Aureole – Wings of Hope
Aureole: Wings of Hope es la demostración de que en el género más explotado de la historia todavía quedan ideas por descubrir. Team Stargazers ha construido, sobre una premisa aparentemente pequeña, uno de los sistemas de movimiento más frescos y satisfactorios que hemos probado en mucho tiempo, y lo ha envuelto en un juego con humor, secretos y un diseño de niveles muy bien pensado.
No es un juego para todo el mundo: exige paciencia, tolerancia a la frustración y ganas de pelearse con sus físicas, pero si os van los retos y os gustan los juegos con personalidad, no lo dejéis escapar.























